Mujer en el arte

Aspecto de la obra "La morfina" (1894), de Santiago Rusiñol, una de las que se puede ver en el Museo del Modernismo que traza el papel de la mujer en el arte de la Belle Époque en la exposición "París-Barcelona". EFE/Marta Pérez

«París-Barcelona», exposición que realza el papel de la mujer en el arte

EFE | Barcelona - 12 noviembre, 2021

«París-Barcelona» es la nueva exposición que realza el papel de la mujer en el arte de la Belle Époque en el Museo del Modernismo de Barcelona que abre sus puertas tras la pandemia.

La exhibición reúne unas 300 obras de pintoras como Suzanne Valadon, Georgette Agutte, Lucie Cousturier y Olga Sacharoff y pintores como Ramon Casas, Santiago Rusiñol y Toulouse-Lautrec. 

Gabriel Pinós, director del museo, ha explicado en la presentación de la muestra que en el tránsito del siglo XIX al XX «Barcelona fue seducida por París, organizadora de las Exposiciones Universales de 1889 y 1900».

Entonces, la capital francesa se erigió en «el centro neurálgico de la cultura y fue el lugar de acogida de artistas extranjeros, entre ellos los que procedían de Cataluña y su capital, Barcelona».

La mujer en el arte de la Belle Époque

La exposición, repartida entre el propio museo y la galería modernista Gothsland, presenta a las modelos que posaron para diversos artistas: Casas y Rusiñol trabajaron con Júlia Peraire, que posteriormente se convirtió en la esposa del primero; y con Madeleine de Boisguillaume, que también fue modelo de Henri Toulouse-Lautrec; así como con Stéphanie Nantas y Mademoiselle Clo-clo.

Federico Beltrán Massés retrató a Georgette Albarran e Irene Narezo -su mujer y también artista-; y para José Vilató Ruiz ‘J.Fin’, sobrino de Picasso, posó Charlotte Brand, artista judía de la Escuela de la Bauhaus.

Visión de mujeres artistas

Esta exhibición se completa con la mirada de mujeres artistas que triunfaron en París, primero con la experiencia dual de Suzanne Valadon, modelo y pintora, pareja y madre de artistas.

Las posimpresionistas Georgette Agutte y Lucie Cousturier, por su parte, se rodearon de los pintores Henri Matisse, Paul Gauguin, Henri Edmond Cross y Paul Signac.

El recorrido expositivo se completa con las aportaciones personales de la catalana Lola Anglada y la rusa Olga Sacharoff, que vivió entre París y Barcelona.

La exposición se inicia con una pintura de Pere Borrell, un trampantojo en el que dos niñas parecen atravesar el lienzo y continúa con diversos ejemplos de mobiliario modernista, entre ellos una arqueta que obtuvo el primer premio en la Exposición Internacional de Bellas Artes de Barcelona, que «incorporaba la luz eléctrica, cuando todavía no estaba electrificada la ciudad», subraya Pinós.

Esa influencia parisina se nota en el cartel de 1896 de Alexandre de Riquer de la Exposición de Bellas Artes.

Según Pinós, la figura femenina barcelonesa que encabeza esta exposición, la protagonista del cartel creado por el artista británico John Hassall, personifica a «una mujer moderna y elegante, vestida de blanco, a la moda parisina».

La propuesta de Hassall, que se había formado en Amberes y en la Académie Julian de París, fue premiada en el concurso internacional de carteles convocado en 1909 por la Comisión de Atracción de Forasteros y Turistas del Ayuntamiento de Barcelona para promocionar la ciudad como destino turístico.

Segunda parte de la exhibición

En la segunda parte de la exposición del museo «las idas y venidas» entre Barcelona y París son más evidentes, como los dos dibujos de Ramón Casas de dos conductoras de coche, dos cuadros de Rusiñol en los que aparecen el Moulin de la Galette y una vista del Sena, o dos de Casas en los que se repite el Moulin de la Galette como motivo principal, así como Montmartre en construcción.

En la parte final, varias obras muestran la intimidad de la relación entre artista y modelo: «La morfinómana», con Stéphanie Nantes estirada en la cama bajo los efectos del consumo de opio, y «Matinée», en la que se despereza en la cama Clo-clo.

La visión de la Belle Époque de las mujeres artistas es diferente como se puede constatar en cuadros como «Mujer con un ramo de lilas» de Georgette Agutte, o en «Autorretrato con gato», de Olga Sacharoff.