Nora Chipaumire: Las mujeres negras seguimos siendo crudos objetos para reproducir

Laura de Grado Alonso | Madrid - 15 septiembre, 2020

Nacida en 1965 y producto del «proyecto colonial anti-negro» de Rodesia. Así es como se define la coreógrafa e intérprete zimbabuense Nora Chipaumire, quien utiliza su cuerpo como escenario para agitar el espacio artístico y cuestionar una sociedad que considera jerárquica, racista y sin espacio para las mujeres.

La artista (Mutare, 1965), que utiliza su experiencia personal para reflexionar sobre lo político, es la encargada de inaugurar los encuentros online de la octava edición del Festival Internacional de Artes Escénicas ÍDEM, que organiza La Casa Encendida desde este miércoles 16 hasta el 30 de septiembre, en una jornada en la que ahondará en lo que ella llama «Black Spring» (primavera negra).

Con motivo de esta intervención, Chipaumire ha hablado con Efeminista de su exploración a través del cuerpo, de colonialismo, del llamado «feminismo blanco» -herencia del movimiento sufragista que buscaba la liberación de mujeres blancas, occidentales y privilegiadas- y sobre cómo el patriarcado se lucra del trabajo gratuito de las mujeres negras.

Desde que empezó a bailar en 1998, el trabajo de Chipaumire ha girado en torno a los estereotipos de África y el cuerpo negro, cuestionando el estatus y el poder a través del cuerpo. Un interés que va de la mano de la historia política de su lugar de nacimiento, Rodesia, un estado no reconocido que existió en el sur de África entre 1965 y 1979, en la actual República de Zimbabue, y que fue sucesor de la ex-colonia británica de Rodesia del Sur.

Chipaumire, que vive en Nueva York desde 2003, ha sido cuatro veces ganadora del premio Bessie y actualmente reside en Quick Center for the Arts en Fairfield University (2020) y en el Lower Manhattan Cultural Council, LMCC (2019-2021).

Nora Chipaumire y su «primavera negra»

Pregunta.- Esta semana inaugura el IDEM 2020, Festival Internacional de Artes Escénicas, a través de un encuentro online. Uno de los temas que se tocarán es el Black Spring, ¿en qué consiste?

Respuesta.- Es mi palabra para este Armagedón en el que nos encontramos en este momento de coronavirus y de violencia estatal contra los cuerpos negros y luego la respuesta mundial a esto, incluidos todos los disturbios para expresar el enfado. Así que a esto lo llamo primavera negra, algo así como la Primavera Árabe, aunque, en realidad, creo que ha habido miles de primaveras negras.

«El capitalismo ha robado el logo y la marca del Black Lives Matter»

P.- Una «primavera negra» que tiene mucho que ver con el movimiento Black Lives Matter, ¿cómo ve la evolución de las protestas?

R.- Creo que cada vez hay menos protestas porque la gente se agota estando en las calles y luchando contra la policía. Hay una canción de Clash que se llama «I Fought the Law» que dice «luché contra la ley y perdí». Si estás luchando contra la ley, perderás todo el tiempo. Lo que tenemos que hacer es deshacernos de la ley, cambiar de marcha y pensar en otras formas de lidiar con este trabajo.

Ya no es como en junio o julio cuando el tema estaba caliente. No siento la misma energía. Siento que el capitalismo vuelve a ganar. El capitalismo ha robado hasta el logo y la marca. Ahora, dondequiera que mires, todas las instituciones se solidarizan con las clases bajas. ¿Qué demonios significa eso? Es como poner una tirita, tratar de hacer que la gente se sienta bien. Esto es inútil porque lo que necesitamos es una reescritura completa de las estructuras. No es suficiente que uno o dos negros consigan un trabajo, necesitamos que más personas consigan trabajo.

De hecho, necesitamos que toda la estructura del capitalismo sea reescrita.

P.- Otro de los temas que se tocarán en el encuentro es el nhaka, ¿qué es?

R.- Es una práctica viva que he estado construyendo e investigando con mi equipo. Es una práctica para disciplinar el cuerpo, la mente y el espíritu, y realmente apunta a las personas que usan el cuerpo como herramienta y tenga que mantenerlo en condiciones para hacer el trabajo que necesita hacer.

Sin embargo, es realmente muy específico, porque está impregnado de tecnología animista y formas animistas de pensar sobre el mundo, sobre el cuerpo, la relación con el cuerpo, la naturaleza y otros seres vivos.

#PUNK: resistir o morir

P.- En la edición del año pasado presentaste la performance #PUNK en este mismo festival, y este año se proyectará un vídeo de esta pieza. ¿Qué historia cuenta #PUNK?

R.- Esta historia es resistir o morir. Eso es lo que es el punk: resistir o morir tratando de resistir a las mentiras, al miedo, el status quo, a la forma en que el capital monetiza cada elemento de nuestro amor y de nuestras vidas.

Y es también una especie de historia de la juventud. De ese período de la juventud en la vida donde hay mucha energía y mucho potencial. Entonces, la cuestión es cómo podemos usar esta energía de la juventud para resistir, para crear una especie de mundo nuevo en los que todos estemos más protegidos, con atención médica, en el que todos tengamos comida y techos sobre nuestras cabezas. Eso es lo que es el punk.

P.- Su trabajo performativo es una especie de llamada a la acción, en este sentido, ¿qué papel tiene la audiencia?

R.- La audiencia es el público, es el distrito electoral, es la gente, la policía, el ciudadano, es el votante. La audiencia lo es todo. Sin audiencia no tienes teatro. Así que tenemos que seguir construyendo nuestro electorado. La confrontación con la audiencia es una forma de hacer que sea cómplice, una forma de darle el tipo de herramientas y la metodología que podamos utilizar hacia un futuro mejor.

El proyecto colonial le ha hecho mucho daño al cuerpo negro

P.- Desde que empezó a bailar, ha tratado los estereotipos en torno a África. ¿Diría que la interpretación y las coreografías que hace son un acto político o más un acercamiento desde lo personal?

R.- No separo los dos, realmente yo nací en 1965, soy un producto de la ingeniería social de Rhodesia, de la ingeniería social colonial anti-negra. Así que todo lo que sé ha sido el resultado de ese tipo de visión del mundo, incluso aunque trato de reeducarme y tener una forma más holística de estar en el mundo, todavía me parece que es mucho lo que el proyecto colonial le ha hecho al cuerpo negro, y es posible que no consiga en mi vida purgar la enfermedad del colonialismo.

Entonces, sí, mi trabajo es siempre político, y también es muy personal, porque uso mis propias experiencias. Quiero hablar desde lo que sé y entiendo, pero no tanto hacer una generalización como usar mi propio cuerpo como escenario. Así que es una especie de triple colapso de mi entidad personal, la historia de Rhodesia como colonia de Gran Bretaña y la política del imperio.

P.- Habla de colonialismo, ¿considera importante un trabajo artístico crítico y anticolonial en esta época?

R.- Creo que es el único trabajo que importa. Y, por supuesto, soy total y absolutamente parcial, pero es el único trabajo que a mí me importa. El teatro está muerto, es decir, está muerto ese tipo de teatro que solo se trata de proteger la historia del teatro. Realmente hay que mirar lo que es urgente ahora. Usemos todos los medios necesarios, con el tipo de pensamiento riguroso, para crear un teatro que permita a las personas acceder al conocimiento, porque conocimiento es lo que falta. Creo que la gente es buena en general, pero no tiene información.

La cuestión es cómo se hace llegar la información a la gente para que puedan tomar decisiones informadas, para que sepan que su racismo no se debe a que sean inherentemente malos, sino que es porque durante diez generaciones solo se les ha enseñado una forma de ver el mundo.

«No hay lugar para las mujeres negras»

P.- ¿Qué espacio tienen las mujeres negras africanas en todo esto?

R.- Aquí está mi teoría: tienes al hombre blanco, a la mujer blanca, al hombre negro, luego tal vez todas las otras personas de color que son latinas, morenas o lo que sea, luego tienes los animales domésticos y debajo de los animales domésticos, ahí es donde encontrarás a la mujer negra.

La mujer negra ni siquiera aparece en esta estructura jerárquica, seguimos siendo crudos objetos para reproducir.

Somos las personas que limpiamos los baños, ocupamos los llamados trabajos esenciales, pero luego somos completamente no esenciales para todo. Quiero decir, es tan cínico pensar en términos de trabajadores esenciales cuando luego sabemos en realidad no hay lugar para las mujeres negras.

Yo quiero apoyar a casi el 90 % de las mujeres negras africanas que producen el trabajo, que producen a los niños y no tienen voz alguna porque el patriarcado se ha encargado de apropiarse gratis de ese trabajo de las mujeres. Y ni siquiera el movimiento feminista ha descubierto cómo hablar sobre la mujer negra africana, no lo han descubierto en absoluto.

El feminismo, «un movimiento blanco»

P.- ¿Hay una necesidad de repensar el movimiento feminista desde una perspectiva antirracista?

R.- El movimiento feminista solo se trataba de proteger los derechos de las mujeres blancas y tratar de acercar a la mujer blanca a los hombres blancos, romper el techo de cristal. Pero mientras tanto la mujer blanca quería tener sus sirvientas, quería que le limpiara la ropa otra persona que permaneciera por debajo de ella y esa siempre era la mujer negra. Entonces, sí, creo que es decirlo de manera muy cruda, pero no ha cambiado mucho desde las las sufragistas. Es un movimiento blanco.

Influenciada por el Afropesimismo

P.- ¿De dónde nace su creación artística, quienes son sus referentes? 

R.- No siempre he sido un gran entusiasta del campo de las artes escénicas. Llegué a eso casi desde los márgenes y soy artista porque tengo la capacidad de usar mi cuerpo. Si pudiera pintar, lo haría. Creo que la interpretación del cuerpo físico me ha sido accesible, por eso lo uso y trato de hacerlo de manera inteligente.

En cuanto a las cosas que miro y que me informan de lo que pasa en el mundo, ahora estoy muy influida por el afropesimismo: Frank B. Wilderson, Saidiya Hartman, Hortense Spillers… También tengo que elogiar a Denise Ferreira da Silva. Y por otra parte, creo que Pina Bausch fue revolucionaria, me alegro de que le dieran el apoyo que necesitaba para hacer el trabajo que hizo.

Pero hay mucho más trabajo por hacer, yo espero que lo que estoy haciendo sirva para agitar un poco más este espacio para que otros piensen.

P.- ¿Es ese el objetivo de su trabajo, generar pensamiento crítico?

R.- Mi objetivo es agitar este espacio y que la gente se dé cuenta de que ni siquiera hemos comenzado el trabajo. Hay mucho que hacer.
Todavía hay una especie de pseudo respeto por la universidad y la teoría. Pero el cuerpo es la herramienta fundamental aquí. Cuando no tienes cuerpo, no tienes nada. Ni siquiera tienes naturaleza. La relación entre el cuerpo y la naturaleza es tan crítica… creo que la Ilustración europea dijo que los hombres eran superiores que la naturaleza y procedieron a aniquilar la naturaleza. Y ahora Europa está ocupada diciéndonos que reciclemos y cuidemos la tierra que ya han matado…