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Nina Navajas, investigadora: La gordofobia está tan extendida como el racismo y el sexismo

Concha Tejerina | València - 15 abril, 2021

La investigadora Nina Navajas, quien empezó a sufrir malestar por su peso a los diez años tras recibir comentarios por su físico, reivindica en un estudio científico basado en su propia experiencia que la «gordofobia» está tan extendida en la sociedad como el racismo y el sexismo.

Siendo adulta, Navajas decidió abandonar la «dictadura de las dietas» detrás de las que, asegura, hay una «industria médica, estética y alimentaria muy potente», y empezó a investigar sobre el estigma de la gordura a raíz de cursar el Máster en Género y Políticas de Igualdad de la Universitat de València.

«Deberías adelgazar, te lo digo porque te quiero» es el título de su trabajo, en el que refleja que la «gordofobia» -terror patológico a la gordura o prejuicio y discriminación contra las personas obesas- llega a suponer un estigma que genera «una renuncia al bienestar físico y psicológico de la persona».

«La sociedad es gordofóbica, incluso a veces sin saberlo», asegura en una entrevista con Efe esta profesora e investigadora del Departamento de Trabajo Social de la Universitat de València.

El estudio sobre las consecuencias de la gordofobia y la imposición cultural de la delgadez lo ha hecho mediante una metodología científica denominada autoetnografía, que recoge sus propias experiencias desde la infancia hasta la edad adulta, «como mi temor a ser gorda y el maltrato corporal que me autoinfligí para ser delgada», explica.

El estigma de la gordura

En su trabajo de investigación manifiesta que el malestar por su peso irrumpió cuando tenía 10 años y tras comentarios de algunos familiares, pero los cambios corporales al venirle la regla a los once «movilizaron la idea de que la gordura era socialmente indeseable«.

Todos los procesos vitales desde su infancia estuvieron marcados por su obsesión con las calorías, los kilos y las opiniones de su entorno y, con este estudio, indica, pretende contribuir a «naturalizar la idea de que se puede vivir siendo gorda porque nuestras vidas también están entretejidas con el afecto, la belleza y la alegría».

A su juicio, en las interacciones sociales el estigma de la gordura se despliega de forma directa (con insultos al cuerpo), indirecta (cuando en un restaurante nos sugieren lo que menos engorda del menú) o con el entorno (cuando los asientos de un medio de transporte o un cine no son lo suficientemente amplios o cómodos).

Aunque está tan generalizada como el racismo o el sexismo, la «gordofobia» afecta más a las mujeres y «fomenta que sintamos que nuestro carácter, intelecto, valía y humanidad están comprometidos por la forma y el peso de nuestros cuerpos», afirma en su investigación, que amplía ahora para defenderla como tesis doctoral.

Considera que el debate no es si se puede estar gorda y saludable, sino si es ético discriminar a las personas por el tamaño de su cuerpo, su identidad sexual, sus creencias o el color de su piel. «No creo que la salud tenga que ser el valor más importante, para mí es una cuestión de justicia social», asevera.

Sociedad «gordofóbica»

«Hay gente maliciosa y muy intolerante. Basta con asomarse a cualquier foro o noticia sobre la obesidad para hacerse una idea del barómetro social en cuanto a este tema«, asegura Navajas.

Y añade que hay «gente bienintencionada» que piensa que no se debe discriminar a las personas gordas, pero «porque considera que están enfermas».

«Hay gordofobia, es una tendencia global, aunque en España somos más políticamente correctos que en el mundo anglosajón», asegura Navajas, quien reivindica una sociedad inclusiva porque, afirma, «siempre hay barreras».

A su juicio, a pesar de que la denominada «guerra contra la obesidad» opera en nombre de la salud, «realmente provoca lo contrario: se renuncia al bienestar físico y psicológico para alcanzar la delgadez idealizada».

También advierte de que la «gordofobia» en el ámbito escolar, social y laboral origina un «estigma» que se acaba asumiendo: «No hace falta que haya nadie por la calle que te diga algo o te mire, tú misma te vas cerrando puertas porque sabes que personas como tú o con un cuerpo parecido al tuyo han sido discriminadas«.