Portada del cómic 'Marie Curie' de Alice Milano. Editorial Nórdica Libros
Suscríbete a nuestra newsletter "Sin permiso"
De institutriz a Nobel: Alice Milani retrata en un cómic la lucha feminista de Marie Curie
La pionera científica Marie Curie protagoniza el cómic homónimo de la ilustradora italiana Alice Milani, quien explora las barreras que tuvo que derribar en su lucha contra la incomprensión y el desprecio de la sociedad de principios del siglo XX y retrata su transformación desde sus inicios como institutriz hasta convertirse en 1903 en la primera mujer en la historia que ha ganado el Premio Nobel de Física.
Narrada a través de la mirada íntima del personaje de su hija Irène —quien, siguiendo su estela investigadora, también lograría alzarse con un galardón Nobel en 1935—, la obra gráfica presenta a una mujer poliédrica y profundamente libre cuya identidad se construyó a través de múltiples facetas que abarcan desde su rol como investigadora y madre, hasta las diferentes etapas que experimentó en su vida, soltera, casada y después viuda y amante.
"Quería que la gente sintiera el profundo vínculo que Marie tenía con su marido y sus hijas, y lo importantes que eran para ella, a pesar de la cantidad de tiempo y energía que dedicaba a su trabajo", señala Milani en una conversación con Efeminista.
A través de sus páginas, Marie Curie (Nórdica Libros), que cuenta con la traducción de Blanca Gago, visibiliza no solo su genialidad en el laboratorio, sino también su dimensión personal y el enorme coste de habitar todas esas identidades en un contexto histórico que penalizaba la independencia de las mujeres.
Referente para las nuevas generaciones
Cuando la joven polaca Maria Skłodowska llegó a París y se matriculó en la prestigiosa Sorbona ya tenía veinticuatro años, una edad que reflejaba los grandes obstáculos previos que tuvo que superar en su país natal para poder acceder a la educación superior en una época que relegaba casi en exclusividad a las mujeres al ámbito doméstico y de los cuidados.
"Las mujeres apenas comenzaban a ser admitidas en las universidades, pero eran tratadas más como invitadas que como estudiantes meritorias. Se les permitía asistir a clases, pero no se esperaba que presentaran exámenes ni obtuvieran un título, ni que se dedicaran a la investigación propiamente dicha", explica Milani.
Un ejemplo de la excepcionalidad de su carrera es la fotografía de los participantes tomada en el congreso Solvay celebrado en Bruselas en 1933, donde "ella era la única mujer", recuerda la ilustradora.
El camino hacia el reconocimiento no fue sencillo para Skłodowska, quien en Polonia había trabajado arduamente como institutriz con el objetivo de ahorrar el dinero necesario para costearse el viaje a Francia y empezar así sus anhelados estudios de física.

Imagen de la dibujante e ilustradora Alice Milani. Archivo de Alice Milani, cedida por Nórdica Libros
Este esfuerzo inicial marca el tono de una biografía atravesada por la perseverancia, donde el apellido con el que finalmente se hizo mundialmente famosa era en realidad el de su marido, Pierre Curie, una evidencia sutil de las dinámicas de invisibilidad que han afectado históricamente a las mujeres, incluso a aquellas que alcanzaron grandes hitos de la humanidad.
A día de hoy sigue iluminando el camino y sirviendo de referencia indiscutible para las niñas y mujeres que se abren paso en el mundo de la ciencia.
"Ante todo, espero que inspire a mujeres y hombres, incluso a quienes no trabajamos en el ámbito científico, gracias a la persona que fue: una mujer dueña de su propio destino, inteligente, capaz, decidida y que nunca se dejó intimidar por nadie", apunta Milani.
El respaldo de Pierre Curie: una alianza personal y profesional
Lejos de las dinámicas habituales de la época, su relación con Pierre Curie se erigió como un extraordinario pilar de apoyo mutuo, en el que lograron formar tanto una familia consolidada como un equipo de trabajo inseparable.
Pierre no solo la acompañó en el terreno sentimental, sino que se convirtió en un aliado indispensable en la esfera profesional, colaborando estrechamente con ella de igual a igual en las innovadoras investigaciones sobre la radiactividad que acabarían sentando las bases de la física nuclear moderna.
Un papel que rompió los estereotipos, ya que, tal y como destaca Milani, "en cierto momento, la relación evolucionó y Marie se convirtió en la líder científica del proceso de investigación, hasta el punto de que Pierre abandonó su investigación sobre cristales para ayudar a su esposa con sus estudios sobre radiactividad".
Por lo tanto, "no se podía afirmar que fuera la esposa quien ayudaba a su marido, como insinuaban con frecuencia los periódicos de la época", señala la autora.
Pierre no aceptaría el Nobel sin Marie
Ese trabajo codo con codo demuestra que la científica encontró en su marido a un compañero que respetaba su brillantez y con el que formar un equipo.
De hecho, cuando en 1903 se planteó nominar únicamente a Henri Becquerel y a Pierre para el Premio Nobel de Física, este último se negó categóricamente a aceptar el galardón si no se reconocía el papel fundamental de Marie en la investigación.
Así, hizo una firme defensa de su trabajo conjunto que obligó al comité a incluirla y la convirtió en la primera mujer de la historia en recibir este prestigioso reconocimiento.
La defensa de su ciencia
Sin embargo, la historia trazada por Milani hace un especial hincapié en el arduo camino que la científica tuvo que afrontar tras el inesperado fallecimiento de su esposo por un accidente con un coche de caballos, un momento en el que, además de lidiar con el duelo y su maternidad en solitario, su vida íntima fue sometida al implacable y misógino juicio de la sociedad europea.
Su posterior relación sentimental con el físico Paul Langevin, quien estaba casado, desató un feroz escrutinio público, evidenciando el doble rasero de un entorno que cuestionaba sin tapujos su valía científica y su moralidad por el simple hecho de ejercer su libertad personal y afectiva como mujer viuda.
Frente a los intentos de desacreditarla, Curie se mantuvo firme en la reivindicación de su trabajo investigador y demostró una independencia absoluta que la llevó a conquistar su segundo premio Nobel, esta vez de Química y en solitario, en el año 1911.
"El Premio Nobel es un reconocimiento a mí trabajo científico, que no tiene relación con los hechos de mi vida privada", se puede leer en el cómic.
Este hito la consagró no solo como la primera persona en la historia en ganar dos premios Nobel en distintas especialidades científicas, sino como un símbolo irrefutable de emancipación.
Su éxito frente a aquella marginación social constata que su intelecto y su voluntad de vivir libremente irradiaban con luz propia, desprendiendo una tenacidad inagotable parecida a la energía de los elementos radiactivos que ella misma investigó, y que a día de hoy continúa iluminando el camino para las nuevas generaciones de mujeres en la ciencia.
El desgaste físico de la radiactividad y un legado inagotable
La revolución científica que lideró junto a Pierre albergaba un peligro invisible que acabaría pasándoles una factura irreparable en su propia salud y bienestar. La manipulación constante de elementos radiactivos sin las medidas de protección adecuadas, desconocidas en aquel momento, fue minando lentamente el cuerpo de ambos investigadores.
A pesar del progresivo deterioro físico y de la enfermedad crónica que finalmente le costaría la vida a Marie Curie a causa de esa exposición prolongada a la radiación, su compromiso con el avance del conocimiento humano se mantuvo inquebrantable hasta sus últimos días.
"Marie Curie fue importante como científica, por supuesto, pero también como pionera en fomentar la participación de las mujeres en la investigación, que era prácticamente inexistente en aquella época", concluye Milani.
La autora trasciende la reconstrucción histórica y le devuelve a Marie Curie su voz más humana e imperfecta.
En el cómic, refleja que su revolución no solo transformó nuestra comprensión del universo, sino que alteró el horizonte de lo posible para todas aquellas mujeres que hoy reclaman su legítimo espacio en los laboratorios de todo el mundo.