El Hachmi

La escritora de "El lunes nos querrán", premio Nadal 2021, Najat El Hachmi. EFE/Alejandro García.

Najat El Hachmi: «En España no hay segregación por ley, pero se produce de manera espontánea»

Irene Dalmases | Barcelona - 15 febrero, 2021

Con apenas once o doce años, Najat El Hachmi soñaba con ser escritora. Tras más de una década construyendo una sólida carrera literaria, la narradora de títulos como «Siempre han hablado por nosotras» o «La hija extranjera» ha obtenido el premio Nadal 2021 con «El lunes nos querrán».

En una entrevista telemática con Efe, rodeada de sus libros, la novelista española de origen marroquí ha explicado que la obra ganadora del Nadal, una historia de amistad y libertad entre dos jóvenes mujeres, también narra el proceso de «dejar atrás una visión ideal de las cosas, para verlas tal como son, lo que significa que es un proceso muy doloroso», añade.

Publicada por Destino y Edicions 62, la autora viaja hasta un barrio de la periferia, una realidad de «pobres, mujeres e inmigrantes» a finales de los años noventa, y muestra a dos chicas, hijas de la inmigración del «otro lado del Estrecho», en su lucha contra sus condicionamientos de género, clase social y origen.

«No hay una segregación por ley, sí de manera espontánea»

Conocedora de estos barrios, El Hachmi  (Beni Sidel, Marruecos, 1979) sostiene que hay en ellos una segregación. Aunque en España, dice, «no tengamos leyes que segreguen a las personas en función de su origen, sí hay una segregación que se produce de manera espontánea, porque, continuamente, a una determinada gente se la encamina y se la lleva a vivir en determinadas zonas y parece imposible ir a otro lugar».

En este punto, explica que no es solo una cuestión de poder adquisitivo, porque, cuando ella se lo podía permitir, dice, «me proponían unos pisos en determinados barrios y se me negaban los de otros».

A su juicio, este hecho acaba teniendo «consecuencias sobre la libertad de las mujeres, porque, de alguna manera, el control social es más efectivo, es como si todos los mecanismos de control que vienen de tu pueblo de origen se importaran».

Argumenta que ello ocurre porque muchas personas de un mismo pueblo se desplazan a un mismo barrio, siguiendo la estela de los primeros que emigraron, y «allí se acaban reproduciendo los mismos mecanismos de control y, a la vez, de solidaridad«.

Conservar sus raíces

En esta historia, la narradora protagonista espera que lleguen los lunes con la esperanza de que «empiece un tiempo nuevo, en el que cambiará y se convertirá en otra y, gracias a eso, la querrán», mientras su amiga es más pragmática, hija de una familia en la que la madre ya «ha cambiado» y ha salido «del camino recto para ser libre».

Las dos jóvenes, tal como refleja el relato, quieren hacer compatible «el ser libres con la independencia, al mismo tiempo que quieren conservar las raíces, dos modelos que chocan, porque hay muchos elementos que son irreconciliables».

Najat El Hachmi, que siempre ha expresado lo que piensa, sostiene que «el tópico de que su sociedad de origen es machista no es ningún ‘tópico’. Es una realidad que hemos vivido, vivimos y se nos impone por todos los lados. Ya me gustaría que fuera un tópico, daría la vida para que no lo fuera y que no tuviera nada que ver con la realidad».

Otra cosa es, añade a continuación, que «el racismo instrumentalice esta realidad en favor de sus postulados, pero no podemos desatender ninguno de los dos frentes».

Escritura fuera de la zona de confort

La obra está escrita en segunda persona, porque Najat El Hachmi ha querido salir de su zona de confort, dice,  y constatar «lo difícil que es hacerlo», además esto le «permitía explicar mejor esta historia, con protagonistas a las que les ocurren muchas cosas, a niveles muy diferentes, desde lo más íntimo, como su sexualidad, hasta cuestiones vinculadas con el ámbito laboral o más sociales y políticas«.

Sobre la liberación sexual, entiende que se está lejos de que la haya, también en las sociedades occidentales, y que solo se producirá cuando «haya una igualdad y la mayoría de hombres tengan incorporado que hay otra manera de relacionarse con las mujeres«.

Mientras escribía, tras ganar una beca Leonardo a investigadores y creadores culturales, optó -en una experiencia que califica de «muy estimulante»- por escribir en catalán, la lengua que ha empleado hasta ahora, y en castellano.

Remarcó que no quería renunciar al catalán porque «es mi lengua y con ella no tengo ningún conflicto, pero el castellano ha sido un reto, salir de la zona de confort, y me ha llevado a replantearme cosas ya automatizadas con el catalán, detectando tics y manías».

Poseedora de los premios Ramon Llull, Sant Joan y ahora el Nadal, bromea con que el Planeta no entra ahora dentro de sus planes. Ahora lo que tiene por delante es «un tiempo de margen para poder escribir la próxima novela, con ganas ya de empezar a hacerla rodar», confiesa.