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La argentina Mercedes Pombo durante una entrevista con Efe. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Las mujeres lideran la lucha contra la crisis climática

Nayara Batschke desde Sao Paulo, Germán Reyes desde Tegucigalpa, Augusto Morel desde Buenos Aires, Yolanda Salazar desde La Paz, Laura Barros desde Asunción y José Carlos Móvil desde Ciudad de Guatemala. - 23 marzo, 2022

Las mujeres son las protagonistas de la lucha contra el la crisis climática, pese a representar la población más golpeada por los desastres naturales, especialmente en América Latina o el Caribe, dos de las regiones más afectadas por las catástrofes ambientales.

Las mujeres y niñas suponen el 80 % de las personas desplazadas como consecuencia de las catástrofes y cambios climáticos, y tienen 14 veces más probabilidades que los hombres de morir en un desastre climático, de acuerdo con datos de la ONU.

La hondureña Laura Zúñiga, hija de la ambientalista Berta Cáceres, asesinada el 2 de marzo de 2016, explicó a Efe que el impacto climático en Latinoamérica «ha representado una carga para las mujeres», ya que «han tenido que hacerse cargo de las familias» y de las «crisis generadas por el desplazamiento».

«En Honduras hemos visto las caravanas de migrantes que tienen que ver con los impactos que produce el cambio climático en las cosechas, en la vida cotidiana. En estos casos de las migraciones también es a las mujeres a las que más les toca o nos toca también sustentar, amortiguar las crisis, hacerse cargo de las familias y sostener además los tejidos sociales a pesar de lo que implican los desplazamientos», apuntó.

Mujeres relegadas al cuidado

Al relegar a las mujeres las tareas de cuidado, los impactos climáticos influyen en el nivel económico y social de la población femenina, con consecuencias directas como un incremento de la violencia de género, del matrimonio infantil o de la mortandad neonatal.

«El cambio climático profundiza todas las desigualdades preexistentes y ahonda en la desigualdad de género«, señaló a Efe la fundadora de la organización socioambiental Jóvenes por el Clima Argentina (JOCA), Mercedes Pombo.

Ello porque sus consecuencias, ya sean incendios, inundaciones o sequías, «generan vulnerabilidad» y las mujeres suelen ser las encargadas de «buscar alimentos o agua potable» en medio de los desastres.

«Es necesario entender que las consecuencias socioambientales implican una gran diferencia en materia de tareas de cuidado de forma económica por el fenómeno de la feminización de la pobreza, que es un reclamo histórico del movimiento feminista», especificó.

Papel central en la lucha climática

Pero aunque las mujeres sean las más afectadas por la crisis climática, ellas también ejercen un rol de protagonismo en la lucha contra sus impactos, ya sea a través de proyectos sociales, acciones legislativas o incluso del arte.

En ese marco, JOCA impulsó en 2019 en el Congreso de Argentina un proyecto de declaración de emergencia climática y una ley de presupuestos mínimos de adaptación y mitigación al cambio climático, así como el Plan de Desarrollo Humano Integral, que en concordancia con sindicatos, universidades y organizaciones sociales buscan la creación de empleos y la descentralización urbana con perspectiva ambiental.

En la vecina Bolivia, fue el amor el motor para que la activista Daniela Gutiérrez decidiera junto a su esposo plantar un primer árbol en la ciudad de Cochabamba, en lo que sería la punta de lanza para dar vida a la organización «Yo planto un arbolito», que desde 2017 ayuda a reforestar espacios urbanos para que sean un especie de pulmones en la urbe.

«Lo que más nos mueve y nos late por seguir trabajando por nuestra tierra es que podamos asegurar un futuro para nuestros hijos, nuestras comunidades, para que mis padres tengan una vejez digna y para que podamos sembrar un futuro para aquellos que vienen«, dijo a Efe Gutiérrez.

Responsabilidad social e individual

La tarea no ha sido fácil, pero la activista tiene la convicción de que el cuidado del medio ambiente es una responsabilidad social e individual, así que también impulsa a las nuevas generaciones a continuar con este trabajo a través de talleres y charlas.

Cinco años después, ha logrado plantar más de 10.000 árboles y contribuido a crear un «bosque urbano» en su ciudad natal con la ayuda de al menos un centenar de voluntarios.

Ya en el sur del continente, la artista Norma Ávila trabaja desde hace 22 años con comunidades nativas de Paraguay para difundir las costumbres ancestrales indígenas, en especial a través del consumo de yerba mate, base de la bebida tradicional de ese país, el tereré.

«Hace poco hablaba con el abuelo con quien trabajo la yerba mate y él me decía que ellos son los últimos guardianes, que si la selva nuestra desaparece, también el ser humano desaparece», contó a Efe Ávila, para quien la «conexión» con la «madre tierra» es la que nos asegura «una vida digna, sana y en armonía con todos».

Para el futuro, la esperanza aprendida durante años de convivencia con los indígenas, le hace creer que si el ser humano recapacita y vuelve a sus valores, «todavía la tierra se puede regenerar«.

Uno de los grandes retos

A miles de kilómetros de distancia, Graciela Coy se ha consolidado como una de las defensoras ambientales en Guatemala, una de las 15 naciones más vulnerables ante los riesgo climáticos y donde trabaja por la conservación del río Dulce junto a la organización no gubernamental indígena Asociación Ak’ Tenamit.

«Nuestro país cuenta con una gran biodiversidad y uno de los compromisos que nosotros tenemos como institución y como organización indígena es la conservación de la madre naturaleza que nos rodea desde nuestra cosmovisión», afirmó a Efe.

La misión, no obstante, no es simple, ya que Coy recordó que existen «muchos desafíos» para llevar a cabo su labor.

«Es uno de los grandes retos que tenemos como mujeres, pero de igual manera eso se puede convertir en una fortaleza al elevar nuestra participación en diferentes espacios», evaluó.

«Resistencia» por sobrevivir

Pero sea cual sea los frentes de lucha, si hay un punto común que une a todas esas mujeres en los más distintos países latinoamericanos es su «resistencia» por existir y sobrevivir en un mundo marcado por el patriarcado.

La mujer «aprendió a luchar, a conspirar formas de resistencia que tienen que ver con el cuidado de la vida. Y en este caso, el cambio climático va muy acompañado de la arremetida de los territorios, por ejemplo a la apropiación del agua, del bosque, de la tierra», sintetizó la hondureña Laura Zúñiga.