Suscríbete a nuestra newsletter "Sin permiso"
8M | Marzia Babakarkhail (Afganistán), jueza y defensora de los derechos de las mujeres
"Te tienes que ir", le dijo a Marzia Babakarkhail su madre, con una mezcla de resignación y urgencia, tras el primer intento de asesinato que sufrió en 1997 en Afganistán por parte de los talibanes, motivado por su activismo en defensa de los derechos de las mujeres y su trabajo como jueza de familia en su país. Otro ataque en 2007 la forzó a huir a Reino Unido, desde donde continúa defendiendo los derechos humanos y se ha convertido en un símbolo de resistencia.
Babakarkhail se desempeñó como jueza en Afganistán desde la década de los 90, cuando apenas unas pocas mujeres ocupaban ese cargo, y vivió en primera persona la discriminación y la injusticia dentro del sistema judicial. Su compromiso con la justicia y la igualdad la llevó a fundar la Organización Social y Cultural de Mujeres Afganas en 1994, donde trabajó para empoderar a las mujeres y proporcionarles refugio y educación.
Marzia Babakarkhail es una de las ocho constructoras de paz a las que Efeminista, con motivo del 8M, ha entrevistado en ocho países diferentes por su labor en la defensa de los derechos humanos en sus respectivos territorios, pese a la dura realidad que enfrentan cada día dentro y fuera de ellos.
Su activismo la puso en el punto de mira de los talibanes, que intentaron asesinarla en dos ocasiones. La primera vez fue en 1997, cuando tomaron el poder, lo que la obligó a huir a Pakistán para preservar su vida. A pesar del riesgo, Babakarkhail regresó a Afganistán tras la caída del régimen talibán en 2001 y continuó su incansable lucha por los derechos de las mujeres.
En 2007, fue víctima de un atropello intencionado que la dejó hospitalizada durante seis meses. Fue entonces cuando tomó la difícil decisión de abandonar su país de forma permanente. Era noviembre de 2008. Se instaló en Reino Unido, desde donde "hace todo lo posible para ser la voz de las personas que no tienen voz y defender los derechos de las mujeres en Afganistán", dice en una entrevista con Efeminista.
Marzia Babakarkhail y su vida como jueza en Afganistán
Pregunta (P).- Marzia, ¿cómo era su trabajo como jueza en Afganistán y en qué momento tuvo que salir de su país?
Respuesta (R).- Me convertí en jueza en los años 90, en ese momento había 22 juezas en todo el país. La razón por la que quería ser jueza tal vez en ese momento era solo para alcanzar un estatus más elevado, o no tenía idea, porque era muy ingenua. Terminé mi carrera y me uní al entrenamiento judicial en la Corte Suprema y en algunas cortes de Afganistán. Después me enviaron a Puli Khumri, mi ciudad natal, comencé a trabajar en el tribunal familiar y descubrí lo que me animó a querer luchar fuertemente por mi país.
Las mujeres nunca eran tratadas igual que los hombres, no había respeto ellas. Si las mujeres hacían algo leve, los jueces eran muy duros con ellas. En ese momento me di cuenta de mi ingenuidad como jueza, como mujer. Porque como jueza estás atada por la ley, no tienes poder para defender o favorecer a tus clientes. En 1994, establecí una organización de mujeres para ayudar a mis colegas, no como jueza, sino como mujer de Afganistán, como hija de mi país, y creé la Organización Social y Cultural de Mujeres Afganas.
Comencé a empoderar a las mujeres. Construí un refugio para mujeres divorciadas y también establecimos cursos de alfabetización para mujeres en ese momento, en los años 90. Creo que la pasión o el activismo nacieron conmigo.
Cuando los talibanes tomaron el poder en 1997, abandoné Afganistán porque mi trabajo de empoderar a las mujeres no era popular en mi sociedad. Los talibanes vinieron directamente a mi casa y me escondí en la parte de atrás durante cuatro horas. Diez hombres con armas vinieron, rompieron nuestra puerta y vinieron a por mi familia. Por eso defiendo a mis compañeras, porque tengo experiencia con los talibanes, no necesito que nadie me explique quiénes son. Vi la realidad de los talibanes en mi casa, frente a mi familia. Interrogaron a mi madre, le dieron una bofetada y golpearon a mis hermanas y hermanos. Dejé Afganistán por primera vez en mi vida y fui a Pakistán solo para escapar y no morir.
Siempre he enfrentado muchos problemas por mi objetivo de luchar por la gente en Afganistán, especialmente por las mujeres. Y creo que, para mí, ser jueza ha sido una buena lección para entender la situación de las mujeres en mi país.

Marzia Babakarkhail siempre ha luchado por la gente en Afganistán, especialmente por las mujeres. Foto: Cedida
P.- ¿Después pudo volver a Afganistán?
R.- Cuando estaba en Pakistán, cuando el primer gobierno talibán regresó a Kabul, comencé a trabajar en el departamento de derechos humanos y mujeres en la Embajada de los Estados Unidos en Pakistán. En ese momento estaba muy feliz porque, de alguna manera, podía ayudar a mi gente, pero nunca olvidé a mis colegas y a la gente en Afganistán. Traté de hacer todo lo posible para ellos.
Cuando el primer gobierno talibán terminó, volví en Kabul y comencé a trabajar en mi organización benéfica. Registré mi organización y, junto con mi trabajo, seguí adelante para empoderar a las mujeres en los pueblos y en lugares muy remotos.
En 2005 fui a América para el programa de visitantes de liderazgo. Cuando regresé los talibanes tomaron el poder en algunos pueblos y ciudades. Recibí muchas amenazas y trataron de dañar mi perfil y arruinar mi carrera. Recibía llamadas, correos electrónicos, personas que venían a mi puerta, a mi oficina. En 2007 finalmente su plan tuvo éxito y me atropellaron con un automóvil. Me dejaron en el hospital durante seis meses y me rompieron la espalda, la pierna y los dientes. Esa es la realidad de los talibanes. Esa es la realidad de cómo usan la religión como un negocio.
Fueron los peores días de mi vida: no podía caminar, no podía hablar, no podía comer. Me fui de Afganistán en noviembre de 2008 y vine a Reino Unido.
"Las mujeres perdimos todo de la noche a la mañana"
P.- ¿Cómo fue la llegada a Reino Unido?
R.- Cuando llegué al Reino Unido, no hablaba ni una palabra de inglés. Tenía 44 años. Estaba afectada por el trauma, perdí mi estatus, mi familia, mi carrera, mi trabajo, a las personas de las que estaba muy cerca, el país que amo. Me puse a estudiar inglés. Finalmente, en 2016, obtuve la ciudadanía y comencé a trabajar en casos de inmigración con un diputado local.
P.- Durante los conflictos, las mujeres son víctimas de todo tipo de violencia, especialmente de violencia sexual. También hemos visto cómo se han recortado sus derechos. ¿Cuáles son las realidades específicas que enfrentan las mujeres en Afganistán en este momento?
R.- Cuando los talibanes tomaron el poder, las mujeres perdimos todo de la noche a la mañana. Todos los logros de las mujeres y de la gente que trabajó duro para construir una buena sociedad y un buen futuro.
Perdimos muchos diamantes de nuestro país: la gente educada, la gente profesional, no se fueron voluntariamente. Entendieron que si se quedaban en Pakistán y Afganistán, no iban a vivir. Los talibanes buscaban a las personas porque tienen bases de datos. Mataron policías mujeres, personas que trabajaban en el sistema judicial, diputadas. Su estrategia es terminar con las mujeres y la libertad del país.
Por supuesto, no tenemos acceso a la educación, no hay trabajo para las mujeres. Las mujeres no pueden caminar solas, no pueden viajar solas. Los jueces, fiscales y abogados fueron removidos de sus cargos y no hay salario, no hay ingresos para ellos. Es una gran tragedia.
P.- Las mujeres están liderando muchas iniciativas por la paz en todo el mundo. ¿Cuál es el rol o el papel de las mujeres en restaurar los derechos y la libertad en el país?
R.- Las mujeres en Afganistán nacen como activistas, como personas poderosas. No es fácil defender tus intereses.
Cuando los talibanes regresaron a Afganistán, las activistas por los derechos de las mujeres afganas trabajaron muy cerca que las activistas internacionales de todo el mundo. Con toda la situación en el país hemos recibido mucho apoyo y estoy muy agradecida a muchas organizaciones que se mantienen firmes por las mujeres en Afganistán.
En este momento tenemos un gran grupo de activistas, algunas en Afganistán y otras fuera. El más fuerte se llama 'Together stronger' (Juntas más fuertes) y reúne a muchas activistas que trabajan juntas en este grupo, lanzan mensajes, liberan decisiones contra los talibanes, sobre la educación, sobre los derechos de las mujeres, sobre los derechos humanos...
Sin la unidad de las mujeres en todo el mundo, no pueden lograr nada.

La exjueza tuvo que abandonar su país y establecerse en Reino Unido. Foto: Cedida
"Las musulmanas también son feministas"
P.- ¿Cómo cree que la agenda feminista podría contribuir a restaurar estos derechos en su país, pero también en otras áreas afectadas por conflictos?
R.- El día de la mujer para mí es una forma de honrar a todas las mujeres increíbles en el mundo. Necesitamos brillar, no solo un día, sino todos los días. Deberíamos mantenernos fuertes y firmes, y eso no significa solo entender la fuerza para ti misma, porque cuando te mantienes fuerte para ti misma, puedes mantenerte fuerte para los demás.
Me gustaría decirle al mundo que las mujeres musulmanas también son feministas. El feminismo no pertenece solo a Estados Unidos, a Canadá, al Reino Unido, nos pertenece a todas.
El feminismo tiene una definición hermosa, habla de tratar a todas las personas por igual. Es construir respeto en la sociedad, luchar por tu igualdad, luchar por tu libertad.
Este es el momento de que cada activista de los derechos de las mujeres, cada organización feminista, lleve este mensaje al mundo: por favor, no olviden la situación de las mujeres en Afganistán. Creo que la mejor manera de aprovechar nuestra plataforma y tomárnosla en serio es decirle al mundo, por favor, las mujeres no deben ser ignoradas. Mi esperanza y mi urgencia a todas las organizaciones feministas en todo el mundo es que, por favor, se mantengan y que se vuelvan más fuertes y que le digan a los responsables de las políticas y a las personas que tienen el poder que no ignoren los problemas de las mujeres en todo el mundo.
P.- Y hablando de mensajes, ¿qué mensaje le trasladaría a las personas que ocupan puestos de liderazgo internacional?
R.- Yo les diría que durante esta situación -como persona que estuvo en el sistema judicial- las mujeres perdieron todo en Afganistán. Preguntaría y recomendaría a los líderes del mundo que, por favor, aseguren que las personas que trabajan con el sistema judicial sean incluidas y restauradas. Deben volver al trabajo. No es posible que cada persona que trabaja con el sistema judicial abandone Afganistán. No es posible. Deben garantizar su seguridad.
Y también deberían luchar contra todas las estrategias que los talibanes han creado contra las mujeres en Afganistán, deberían asegurar que las mujeres que trabajaban con el gobierno anterior, las policías, las del sistema judicial, estén seguras. Las periodistas, las que tienen voz en el país y que todavía están luchando desde Afganistán, se enfrentan al peligro de los talibanes.
Hoy estoy aquí por mis colegas juezas, para decir que las mujeres en Afganistán enfrentan muchos desafíos. No necesito repetirlo. Sin educación, sin agua, sin dinero, sin vida, sin libertad, sin oportunidades. Estamos hartas de la simpatía, necesitamos acción.
Juezas afganas obligadas a irse
Al igual que Marzia Babakarkhail, muchas otras juezas se han visto obligadas a abandonar su país para proteger sus vidas desde la llegada de los talibanes al poder en agosto de 2021. Una de ellas es la jueza especializada en la lucha contra el terrorismo, Nazima, que por temor a poner en peligro la seguridad de su familia, aún en Afganistán, ha preferido no mostrar su rostro en un encuentro con Efeminista. No obstante, no ha renunciado a alzar su voz para denunciar que "las mujeres no tienen derechos, no pueden estudiar ni trabajar".
"Me gustaría pedir que nos escuchen y que no nos olviden", declara la jueza, quien tuvo que huir de Afganistán estando embarazada y con un niño pequeño, y teme no poder regresar a la tierra que la vio nacer.

La jueza afgana Nazima no quiere mostrar su rostro por temor a poner en peligro la seguridad de su familia. Foto cedida