Marie Darrieussecq: ‘Marranadas’ nace del acoso de los hombres, «es la rabia cruda»

María G. de Montis | Madrid - 8 febrero, 2022

En 1996, Marie Darrieussecq se convirtió en una de las protagonistas de la escena cultural francesa. Su primer libro, «Marranadas», la catapultó con tan solo 26 años a una posición mediática que le resultó «traumática»: la novela, la historia de una mujer guapa e ingenua que metamorfosea a cerda conforme los hombres la violentan, escandalizó y encantó al país galo.

Antes de su publicación en Francia, esta fábula sobre «hombres que tratan a las mujeres como cerdas», en palabras de la autora, ya se había editado en cuatro lenguas, y en la primera semana en el mercado el director Jean-Luc Godard compró los derechos para hacer una película. Estresada y sin saber cómo gestionar su éxito, Darrieussecq terminó yéndose a la Patagonia argentina, donde pasó un mes y medio reflexionando sobre sus próximos pasos.

«Es un libro sobre la violencia contra las mujeres», cuenta en una entrevista con Efeminista Darrieussecq (Bayona, 1969). «Cuando lo escribí vivía en los suburbios de París y me gustaba mucho andar al centro de la ciudad: reflexionar, pensar, escribir, de alguna forma, en mi cabeza. Y todo el tiempo me interrumpía algún hombre. Eso ahora se llama acoso callejero, pero en mi tiempo no tenía nombre, así que nosotras no sabíamos qué ocurría en realidad. Sabíamos que la calle era de los hombres. Y eso me enfadaba tanto…».

«El libro nace de esa interrupción, de ese acoso: es la rabia cruda»

Un libro violento, divertido y «en el plano político, vigente» que llegó a ser finalista del prestigioso premio Goncourt y que ahora recupera la editorial Tránsito, 26 años después de su publicación con Anagrama, con traducción de Regina López Muñoz.

Más que un libro, «la rabia cruda»

PREGUNTA.- Este libro se reedita ahora con Tránsito, 25 años después. ¿Cómo afronta la promoción?

RESPUESTA.- El libro se defiende por sí mismo. Me hace mucha ilusión hacer esta promoción de nuevo, aunque no sea la misma. Escribí el libro con 26 años, ahora tengo 53… entre medias ha habido una vida. Una vida con tres hijos, con muchos viajes, pero el libro sigue vigente. Es como una pequeña bestia con mucha obstinación.

«Este libro salió de mí por sorpresa: yo era muy joven, era muy punk y estaba muy enfadada».

Es un libro sobre la violencia contra las mujeres. Cuando lo escribí vivía en los suburbios de París y me gustaba mucho andar al centro de la ciudad: reflexionar, pensar, escribir, de alguna forma, en mi cabeza. Y todo el tiempo me interrumpía algún hombre. ¿Por qué? Solo porque tenía el derecho de hacerlo. Me doy cuenta de que esa es una experiencia muy femenina, sobre todo de las jóvenes. Y eso ahora se llama acoso callejero, pero en mi tiempo no tenía nombre, así que nosotras no sabíamos qué ocurría en realidad. Sabíamos que la calle no se nos permitía, sino que era de los hombres.

Este paisaje político me permitió entender que la calle no era mía. Y eso me enfadaba tanto… El libro nace de esa interrupción de los hombres. Para mí, este libro es la rabia cruda.

P.- En el libro, la protagonista se pliega al deseo masculino sin mostrar, en la mayoría de los casos, deseo sexual. Hay escenas que recuerdan a la violencia de una película pornográfica.

R.- Totalmente. Creo que es desagradable que alguien llame a esto novela erótica, ¡es un libro terrible! Lo que le salva, igual que en muchos casos salva a la pornografía, es que está contado desde una voz pequeña, ingenua y aguda que no entiende lo que pasa. Es alguien muy cándido, y para mí es muy importante remarcar que no es una niña, sino que es una cerda. Ella oscila entre ser mujer y ser cerda según lo que vive: cuanto más se la violenta, más animal se pone.

«En el plano político, la novela sigue vigente«

P.- ¿De dónde sale esa vocecita?

R.- Esa es un poco mi voz, yo era muy inocente. Siempre dije, de forma un poco provocativa, que lo más autobiográfico de mi novela era esa cerda. Nací en País Vasco, en un pequeño pueblo, y para estudiar me fui a París. Para mí era un sueño, por eso creo que me sorprendió tanto la violencia contra las mujeres en esa ciudad. Todo el mundo veía normal que a medianoche todas las jóvenes tuviésemos miedo y que fuera cosa nuestra cómo y a qué hora volver a casa. En el colegio me hacían creer eso de “igualdad, fraternidad, libertad”, o que la declaración de los derechos del hombre valía también para las mujeres, pero la experiencia me decía otra cosa. Yo no comprendía nada y estaba muy enfadada, así que tuve que dejarlo por escrito.

«Cuando escribí el libro, es cierto, era muy ingenua y tranquila, pero el ascenso de Le Pen, como fascista y patriarcal, me enfadó».

Tuve esa intuición, ese momento emocional y punk. Y te diré una cosa: si hubiese tenido un solo concepto en la mano, es posible que no hubiera escrito este libro, que es producto del estado de candor. El mansplaining, por ejemplo. Todas las mujeres lo hemos experimentado. Durante toda mi vida, y yo he tenido buenos estudios, los hombres me han explicado miles de cosas que no les había pedido. Incluso sobre mis libros, ¿sabes? Para mí, es importante no haber tenido esos conceptos, porque así me pude centrar en la historia, en esa emoción.

Ahora, las cosas están cambiando, pero muy lentamente. Poco a poco, la policía está cambiando su perspectiva y forma de actuar ante estos casos. Pero en mi pueblo, en País Vasco, en las últimas fiestas una joven fue violada. Tenía 14 años. Y las madres del pueblo empezaron a decir que la culpa era de los padres, que eran unos irresponsables por dejar salir a una chica de esa edad. Queda mucho camino. En el metro de París todavía hay campañas que se dirigen a las víctimas: cuidado con lo que llevas puesto, estate alerta por la noche. Es horrible, por eso creo que, en el plano político, la novela sigue totalmente vigente.

P.- La protagonista termina dándose cuenta de que la única manera de permanecer deseable para los hombres es ejercer resistencia a su deseo. Plegarse, pero terminar cediendo a ese deseo. Escribió esta novela hace más de 25 años, pero esa revelación todavía se da.

R.- Sí, totalmente. Lo que ha cambiado es la voz de las mujeres, que es mucho más política, fuerte y construida. El feminismo lleva existiendo casi dos siglos, pero ha evolucionado. Para mí, lo que ha cambiado es que mis hijas, que tienen 18 y 13 años, y mi hijo, que tiene 20, hacen esfuerzos por comprender la situación de las mujeres. Los tres son feministas, de formas diferentes: mi hijo ha deconstruido su masculinidad y eso es un esfuerzo enorme. Y mi hija de 18 años es muy combativa, lucha contra los miedos que yo tenía.

Yo soy una mujer de los ochenta, soy víctima de los mismos pánicos que mi querida cerda. De hecho, en Francia el movimiento #MeToo se llamó “Balance ton porc” (delata a tu cerdo): aquí, a la cerda y al cerdo se les ha usado mucho para describir las relaciones heterosexuales. Con mi libro, que es una fábula y no un panfleto político, quise que la mujer a la que los hombres trataban como a una cerda se desarrollara solita, con su verdadera forma.

El éxito de Marranadas fue «traumático»

P.- Tengo entendido que Jean Luc Godard compró los derechos de “Marranadas” para hacer una película. ¿En qué quedó eso?

R.- La historia de este libro es completamente loca. Mi primera sorpresa fue que lo publicasen. Durante el verano antes de la publicación, cuatro editoriales extranjeras compraron los derechos para traducirla. Luego se publicó aquí, y la primera semana Godard me llama y me dice que va a hacer una película. Era como un sueño.

Trabajamos juntos. Además, a Godard le gustaba mucho mi novio de esta época, que era un joven muy cinéfilo, y tenían conversaciones muy informadas sobre el arte… No sé, era como vivir dentro del libro. Ellos se sentían brillantes, inteligentes, ¡y yo me quedaba callada, aunque también sabía de cine!

Toda la historia con Godard fue muy extraña. Un día, desapareció. Y estuvo sin dar señales de vida seis meses. Luego supe que tuvo una depresión. Y cuando volvió, me dijo que había cambiado de idea. Fue muy elegante: me dijo que el libro era demasiado bueno para hacer una adaptación. Así que le pregunté qué había estado haciendo todo ese tiempo. Y me dijo que había estado jugando al tenis. Así, tal cual.

La película nunca se hizo, pero lo de Godard habría sido demasiado bueno. Después de él me han hecho una propuesta desde Estados Unidos, que todavía sobre la mesa, pero no sé si saldrá. Me parece muy complicado, porque todo el libro está contado por la protagonista.

P.- Manejar el éxito de ese primer libro, ¿fue complicado?

R.- Sí, fue traumático. Te voy a contar una historia: cuando publiqué el libro, me llamaron para una entrevista en televisión. Era para el programa “Nulle part ailleurs”, en Canal+, que estaba empezando entonces. Una de mis hijas encontró hace poco el vídeo y me preguntó cómo había soportado lo que soporté ahí.

En plena entrevista apareció una vedete con una diadema con grandes orejas de cerda e intentó ponérmelas en la cabeza. Y mi respuesta intuitiva fue apartarla y decirle: “No me toques”. Así que se giró y fue hacia la otra mujer que había en la sala, que era la meteoróloga, una chica guapísima y muy joven, de unos 20 años, y le colocó la diadema. Yo me levanté y se la quité. Fue algo muy instintivo, pero es que era una forma de violencia. Ese ha sido uno de muchos episodios.

Creo que, a mi manera, era muy fuerte. Gané mucho dinero. Mucha gente comparó este éxito con el de Françoise Sagan, que también ganó mucho dinero y se lo gastó en un Porsche y en cocaína y detonó su vida. Ella era magnífica, pero yo no era así. Con todo ese dinero me compré un apartamento. Y no me preocupó tardar en escribir. Todas estas experiencias, este éxito precoz, han hecho que tenga la piel muy dura. Como mi cerdita.