Lydia Cacho: Las periodistas llegamos con una granada de sabiduría feminista a cambiarlo todo

Cristina Bazán | Madrid - 24 junio, 2022

La periodista mexicana Lydia Cacho, exiliada en España desde 2019, tras ser perseguida y torturada en su país, asegura que se siente orgullosa de ser parte de «una generación de periodistas» que ha «cambiado la narrativa» en el periodismo. «Hemos traído el feminismo, la perspectiva feminista, la perspectiva de derechos humanos a la investigación periodística», agrega.

«El periodismo siempre se miraba desde un solo lugar muy vigilado por el poder, porque la mayoría de hombres tiene mucho miedo de los hombres y mucho miedo a ser castigados y exiliados del mundo de la masculinidad y el poder que les da el estar ahí. Y entonces llegamos nosotras y tiramos una granada de sabiduría feminista y lo dinamitamos todo y empezamos a cambiar la narrativa y la manera de entrevistar, de escribir, de documentar», afirma Cacho en una entrevista con Efeminista.

Cacho (México, 1963), quien antes del inicio de la pandemia tuvo que huir de México por amenazas y un intento de asesinato debido a sus investigaciones sobre las redes de trata y explotación sexual de niñas, afirma que el periodismo sigue siendo «para muchas de nosotras una misión y eso es muy poderoso».

La también escritora, autora de 19 libros y activista por los derechos humanos, acaba de publicar «Cartas de amor y rebeldía» (Debate), una obra íntima en la que cuenta, por medio de las cartas que envió a otros o que recibió, los momentos personales y profesionales que marcaron su vida.

El nuevo libro de Lydia Cacho

Pregunta: En «Cartas de amor y rebeldía» cuenta su vida más íntima, ¿por qué decidió publicarlo?

Respuesta: Mis editores tenían un muy buen rato pidiéndome que hiciera una biografía. Y francamente, me encanta leer biografías, pero la gran mayoría, sobre todo de periodistas, no me gustan porque hay un momento en que el ego toma la plaza y entonces el recuento de los hechos, sobre todo cuando haces investigaciones y demás, es muy peligroso. Y yo no quería hacer eso. 

Con el exilio vengo a España me quedo sin nada porque tengo que vender mi casa y le digo a mi gente en México que necesito tener aquí mis cosas más preciadas. Lo único que guardo son las cartas y los diarios, las cosas significativas. Entonces me mandaron las cajas y de pronto empecé a releerlo un poco como para retomar las emociones y dije: «aquí está toda mi vida». Así que le escribí a mi editor.

Lo que hice fue empezar a sacar fragmentos de esos diarios desde los 12 años de las cartas que me enviaban y que yo enviaba. Y con eso hice el mapa de mi vida completo hasta la fecha.

P: Con las cartas hace una línea de tiempo de su vida…

R: Sí, totalmente. Eso es. El libro es una biografía, sin ninguna opinión y sin analizar el pasado, simplemente contando lo que sucedía. Incluso está redactado de esa manera, con algunas faltas de ortografía, pero pedí que lo dejaran así, porque yo tenía 12 años o 18 o 23 cuando las escribí. Se trata de hacer un recuento absolutamente real, casi fotográfico.

Vivir en el exilio

P: ¿Leer estas cartas le ha servido para ver hacia atrás y tomar impulso para empezar una nueva vida?

R: Yo lo que hice fue tratar de sanar a través de la construcción de este libro. Aquí en España mi médico me dijo: «Lydia tú tienes el mal del exiliado y tienes que estar muy consciente de ello para trabajarlo». Eso significa que tenía el corazón partido, una mitad aquí y la otra en México. Y me dijo que tenía que ver la manera de traerlo para acá, porque la depresión no solo te hace muchísimo daño físico, sino que puede matarte emocionalmente.

Hay una debilidad emocional en esta sensación de que te expulsaron de tu tierra, te arrancaron de todo, de la familia, de lo poco que tengo y me lo arrancaron por decir la verdad.

Entonces, comenzar a revisar este mapa de mi vida me hizo recordar cosas muy importantes, como, por ejemplo, entender que yo soy la reportera de guerra que soy porque la que está allá adentro dando la batalla es mi niña de 12 años, esa que aparece en este libro en los diarios, rebelándose contra las injusticias, que no tiene una elaboración filosófica o socio crítica de la realidad, pero que tiene muchísima claridad de que eso que sucede en su país no está bien y quiere hacer algo al respecto.

Portada del reciente libro de la periodista Lydia Cacho. Cortesía de Debate.

Portada del reciente libro de la periodista Lydia Cacho. Cortesía de Debate.

P: ¿Y cómo ha influido en usted el vivir perseguida?

R: Te cambia todo. Te cambia la manera de ver la vida, afecta a la salud, y eso es algo de lo que no hablamos casi nunca las periodistas y las feministas o las defensoras de derechos humanos. Rara vez hablamos sobre los efectos que nuestro trabajo en la defensa de los derechos humanos o en la defensa de las libertades tiene en nuestro cuerpo. Hay una carga psicoemocional brutal en nuestro trabajo periodístico. Quien diga que no, no debe ser buen periodista.

No hay manera de ser una o un buen reportero de investigación, un periodista o una periodista que entrevista a personas que han vivido cosas dolorosas si no eres capaz de ser vulnerable frente a ello. Los periodistas cínicos no sirven para esto, ya lo dijo hace muchísimos años Kapuscinski. 

Sí, duele y tiene una carga en todos los sentidos. Y lo llevas contigo. Yo todavía recuerdo perfectamente todos los nombres de todas las niñas que estuvieron en nuestro refugio durante 2003 y 2004, cuando investigué para «Los demonios del Edén». Recuerdo perfectamente los rostros de todas las niñas a las que entrevisté en Camboya, en Tailandia, en Kirguistán, cuando estuve en un rescate de niñas en Afganistán por trata de personas. Se quedan contigo.

«Hemos traído la perspectiva feminista al periodismo»

P: ¿Cree que ser feminista le impulsó llegar hasta el final de estas investigaciones?

R: No lo sé. Creo que tiene que ver con un contexto geográfico y político en el que vivimos las periodistas. Yo alguna vez hablaba de esto con la periodista rusa Anna Politkóvskaya, que fue asesinada por el régimen ruso de (Vladimir) Putin.

Hay países como el mexicano en el que no hay estado de derecho y donde no hay estado de derecho una o un buen reportero termina haciendo un poco de Policía y no porque queramos hacerlo, sino porque el contexto nos obliga a ello. De pronto te ves atacada o atacado por decir la verdad y por documentarlo adecuadamente. El buen periodismo en los países donde no hay estado de derecho es siempre víctima. Y hay una persecución sobre el trabajo para desacreditarlo, y sobre la persona que lo documenta. 

Lo mío no es excepcional. Soy una de miles de mujeres valientes en el mundo que hacen lo que hacen para tratar de cambiar el mundo. Lo que sí creo es que soy parte de una generación de periodistas, de la cual estoy muy orgullosa, que hemos cambiado la narrativa, que hemos traído el feminismo, la perspectiva feminista, la perspectiva de derechos humanos a la investigación periodística.

Es decir, el periodismo siempre se miraba desde un solo lugar muy vigilado por el poder, porque la mayoría de hombres tiene mucho miedo de los hombres y mucho miedo a ser castigados y exiliados del mundo de la masculinidad y el poder que les da el estar ahí. Y entonces llegamos nosotras y tiramos una granada de sabiduría feminista y lo dinamitamos todo y empezamos a cambiar la narrativa y la manera de entrevistar, de escribir, de documentar. 

El periodismo sigue siendo para muchas de nosotras una misión y eso es muy poderoso.

Las agresiones a periodistas

P: En 2022 han asesinado a 11 periodistas en México y un poco más de 150 en los últimos años. ¿Cómo ve esta situación?

R: En muchos países a las y los periodistas les persiguen de maneras muy distintas. Por ejemplo, aquí en España hay muchos periodistas que tienen información importantísima sobre casos muy importantes que transformarían la cultura de la sociedad española. Pero ellas y ellos no publican estas investigaciones porque tienen miedo a desaparecer. Lo he hablado con colegas. Pero no desaparecer físicamente porque el Estado español o los grupos de poder corrupto en España no serían capaces, por el momento, de mandar a matar a un periodista.

De lo que son capaces es de mover la maquinaria de poder estructural para sacarlos del medio a esa o ese periodista que está haciendo una investigación delicada para lograr que nadie más le contrate.

Cuando vives en un país sin estado de derecho primero te amenazan. Y si no te echas para atrás, atentan contra tu vida. Y si no te echas para atrás, te matan o te secuestran. Como me secuestraron a mí antes de intentar matarme por última vez.

Hay que aprender a reconocer que nuestro trabajo como periodistas en muchas partes del mundo es un trabajo de riesgo mortal. Y no lo hacemos como heroínas o héroes. Lo hacemos desde un lugar en el que sabemos que la profesión es peligrosa porque somos parte del contrapoder. Y eso es algo con lo que tenemos que reconectar como periodistas.

La periodista Lydia Cacho durante una entrevista con Efeminista. EFE/Ballesteros

La periodista Lydia Cacho durante una entrevista con Efeminista. EFE/Ballesteros

El presente y futuro del periodismo

P: Y ¿cómo ve el periodismo con el auge de las fake news y el clickbait?

R: El control de cómo se cuenta y se refleja la realidad siempre ha estado en manos de los poderes políticos, en todo el mundo. La diferencia es que con la aparición de las redes sociales se han creado una serie de mecanismos que le dan velocidad a esta capacidad de engaño y de propagación de la mentira, que es mucho más veloz que nosotros.

Nosotros vamos corriendo como un león tras una presa, pero ellos son miles de gacelas porque controlan los algoritmos. El hecho de que uno de los grandes creadores de la escalada de los algoritmos para la manipulación de la realidad, como Mark Zuckerberg, esté controlando las redes sociales es peligrosísimo. No tenemos poder sobre eso. Esa es la verdad. 

Lo que tenemos que hacer es seguir haciendo este periodismo más aterrizado. El periodismo hoy en día tiene mucha implicación con los movimientos sociales y creo que eso es lo que nos va a salvar de estos poderes manipuladores.

El feminismo en América Latina

P: ¿Cómo ve el panorama del feminismo en América Latina con la amenaza del avance de la derecha que pretende quitar derechos?

R: Las feministas siempre hemos contenido todo y lo vamos a seguir conteniendo y a seguir enfrentando. Esto no es nuevo. No solo los poderes de la ultraderecha están ahora, ahora son más evidentes en ciertos países como España, por ejemplo. Están orgullosos de su neofascismo, de su machismo, de su política regresiva.

Pero en el feminismo en todo el mundo las mujeres estamos tratando de entender cuáles son los caminos y yo creo que lo que están logrando, y que es muy peligroso, no solo la ultraderecha, sino todos los estos hombres de poder que manejan las redes, es irritarnos.

Entonces me parece que nuestra gran tarea como movimientos de mujeres, amplios y diversos, que se tienen que encontrar y que necesitan dialogar, es no entrar en este juego en el que nos están aventando todo el tiempo pequeñas bombas que nos separan, que nos dividen. No tenemos que tener una unicidad de pensamiento. Lo que sí tenemos que tener claro es que estamos defendiendo a las mujeres y a las niñas y el derecho a una vida libre de violencia. Esa es ahorita nuestra mayor tarea, como siempre. Tenemos que detenernos un poco, revisar de dónde viene la rabia y a dónde va la rabia

Es muy importante tener mucha tranquilidad para saber cuándo necesitamos dialogar dentro de nuestras diferencias para seguir dando la batalla más importante de la historia, que es la batalla contra la violencia sistémica contra las mujeres y las niñas.

Nos quieren callar y si no nos callan, nos quieren matar. Y si nos matan, entonces nosotras tendremos que ser la voz de las muertas. Pero para ser la voz de las muertas necesitamos seguir dialogando.

No podemos dedicar nuestra rabia digna a pelearnos entre nosotras cuando el verdadero enemigo está disfrutando sentado en el Senado, en el Congreso, en la Presidencia de la República o liderando una red criminal.