LGTBIPol Fuerzas Armadas

Rufino Arco (i), Begoña Gallego (c) y Elena Sánchez son policías y miembros de LGTBIPol, una asociación de fuerzas armadas que defiende la diversidad. EFE/Macarena Soto

LGTBIPol defiende la diversidad dentro de las Fuerzas Armadas españolas

Macarena Soto | Madrid - 9 julio, 2022

Cerca de doscientos agentes de seguridad, hombres y mujeres en toda España, defienden la diversidad sexual dentro de las Fuerzas Armadas e intentan formar a otros compañeros y compañeras para concienciarles sobre los delitos de odio hacia este colectivo.

Son parte de LGTBIPol, una asociación que nació en 2016, y defienden la diversidad en los cuerpos policiales así como que esa realidad sea visible para el resto de la sociedad.

«Quisimos crear un puente entre la sociedad y la Policía, nosotros somos visibles, tú puedes venir y te ayudamos», cuenta a EFE Begoña Gallego, quien explica que ahora son ya formadores de los cuerpos policiales sobre «acompañamiento a víctimas y delitos de odio».

«La reacción dentro del cuerpo fue mala al principio, te señalaban incluso compañeros del colectivo, pero con el paso de tiempo hemos ganado entidad», asegura.

La desconfianza en la Policía y la falta de denuncias

Elena Sánchez es también policía y cuenta a EFE que el objetivo de LGTBIPol es llegar a las unidades que tienen más contacto con la ciudadanía ya que «es el primer filtro que se encuentra la víctima».

«Vamos muy despacio porque esta habiendo interés de unidades que no tienen trato o de jerarquías altas y sin embargo fallamos en el cara al público y ahí es donde está perdida la confianza», asume.

Esta circunstancia se une además con «el desconocimiento de la diversidad LGTBI» en los cuerpos: «intentamos sensibilizar para que aunque tú no conozcas una diversidad concreta no juzgues ni te adelantes a hacer conjeturas o comentarios desafortunados».

Tratos «que hacen que la víctima se sienta juzgada, no comprendida y muchas veces acabe no denunciando», una situación que supone «casi el 90% de los casos», donde también sucede que los propios agentes «convencen de que no es delito de odio».

«Se tiene que recoger bien la denuncia, hay ciertas maneras de hacerlo, pero con sensibilidad, que muchas veces los compañeros tienen tal estrés que si una víctima se va sin denunciar, pues es menos estrés», analiza.

Desconocimiento de los protocolos

Rufino Arco indica que cuando una víctima va a interponer una denuncia por un delito de odio, que en España no está tipificado como tal sino que es un agravante de otro delito, «va a un sitio que a priori no es agradable a exponer una experiencia personal».

«Va a necesitar funcionarios que estén capacitados para sacar información de donde a lo mejor no quiere salir, si hurgas un poquito más encuentras un delito de odio, pero normalmente pasa como un delito común», critica.

Este agente recuerda que los cuerpos sí reciben formación sobre este aspecto pero que es «ínfima y le falta el punto clave de la sensibilización».

«El protocolo es de 2014 y está incorporado, pero el problema es que si tú a un agente no le das el temario sensibilizado es como si no le dieras nada, no va a llegar a la víctima, lo mismo pasaba con la violencia de género», añade.

En esa línea se expresa también Elena, que asegura que las leyes y los protocolos para evitar este tipo de situaciones ya existen, pero no se aplican.

«Tenemos herramientas, pero como no se aplican se acaba diciendo que hay que ampliar las leyes, pero no sería necesario si se aplicaran, luego, cuando se apliquen, pues ya veremos», opina.

El asesinato de Samuel Luiz, una pieza clave

El 3 de julio de 2021, el joven español Samuel Luiz fue asesinado a golpes al gritón de «maricón», pero las primeras investigaciones policiales, según se dijo entonces, se habrían centrado en investigar el crimen sin el componente de odio.

Estos tres agentes recuerdan esos días con tristeza y enfado aún hoy y explican que internamente se movió mucho para que la teoría policial considerara el agravante de delito de odio.

«Se hizo muy mal, hubo mucha desinformación, no se dijo claro lo que se estaba investigando y tuvimos que hacer un escrito pidiendo aclarar qué se estaba haciendo, y sugiriendo puntos a seguir porque la sociedad se nos echó encima y con razón», recuerda Begoña.

Considera que este caso «supuso muchos pasos atrás» en la lucha de la organización para conseguir la confianza de la sociedad en la policía, quienes a su juicio van de la mano en los avances y en los retrocesos.

Para Rufino, la desinformación que se movió a raíz del asesinato de Samuel se debió también a que «los cuerpos policiales son dados a limpiar los trapos sucios en casa».

«Si se hace de puertas para adentro todo bien, pero sin meter a la prensa y a la opinión pública… nos dicen que no hacemos nada, pero hacemos mucho, lo que pasa es que no podemos hacerlo a vuestro modo», comparte.