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Laura Casielles: "El reconocimiento de Palestina debería llegar aparejado al del Sáhara Occidental"

Laura de Grado - Sarah Sidki | Madrid - 15 junio, 2024

En su recién publicado libro Arena en los ojos; Memoria y silencio de la colonización española de Marruecos y el Sáhara Occidental, la periodista y poeta Laura Casielles nos enfrenta a la cruda realidad de cómo lo colonial impregna cada aspecto de nuestra sociedad, desde nuestras estructuras políticas hasta nuestras percepciones culturales más arraigadas. A través de su obra, a medio camino entre la crónica y la literatura de viajes, la autora recuerda que, colectivamente, se sabe "muy poco sobre la colonización española del siglo XX", una ignorancia que dificulta la comprensión de los problemas actuales que aún persisten en las fronteras españolas con Marruecos o en el Sáhara Occidental.

"Si fuera una cuestión de coherencia política, evidentemente el reconocimiento de Palestina debería llegar aparejado de inmediato el del Sáhara Occidental", declara con firmeza Casielles en una entrevista con Efeminista durante la Feria del Libro de Madrid, donde ha firmado su libro publicado por Libros del K.O.

Mientras esto no suceda, explica, "nada cambiará" para todas esas personas que llevan cincuenta años viviendo en campos de refugiados. Además, lamenta que estas personas deban seguir postergando otras luchas sociales, como los derechos sexuales y reproductivos o los derechos LGBTI, en aras de una lucha nacional que aún espera su resolución.

La autora del premiado poemario Los idiomas comunes reconoce la dificultad de hablar sobre este tema, pues está conectado con algunos de los capítulos más conflictivos de la historia española. Hablar de colonialismo en Marruecos y el Sáhara es evocar los fantasmas de la guerra civil, la dictadura franquista y la transición a la democracia, explica.

'Arena en los ojos', la historia colonial de España en el Sáhara

Pregunta (P): Arena en los ojos nace de una estancia en Tetuán, ¿Cómo planteó la estructura de este libro y esta manera de abordar la situación de Marruecos y el Sáhara Occidental

Respuesta (R): El libro viene de un camino muy largo. Es una investigación en la que yo llevo más de diez años y que tiene que ver con lo que trabajé en mi tesis doctoral y con lo que he hecho en mi trabajo como periodista. La estancia en Tetuán fue más bien el broche, el momento el que decidí darme el tiempo y el espacio para convertir en un libro, que fuese más allá de lo académico, y que intentase contar esta historia. A través de la excusa de la literatura de viajes quería abordar aspectos históricos y políticos que están muy presentes, pero a los que no hacemos quizá demasiado caso.

P: Hace un recorrido histórico muy extenso desde el origen de la ciudad hasta, por ejemplo, la resolución de Tribunal Supremo que ratificó que la devolución de menores en agosto de 2021 fue ilegal. ¿Por qué? 

R: Arena en los ojos es un viaje en el espacio que nos permite viajar en el tiempo. Lo que hace esa voz narradora es recorrer distintos territorios tanto de Marruecos, como del Sáhara Occidental, que fueron colonias de España durante el siglo XX. Lo que intento es plantear algunas de las cuestiones históricas que nuestra generación no hemos aprendido, porque no nos las enseñaban en el colegio, y que, sin embargo, tienen todo que ver con lo que estamos viendo cada día en los titulares de los periódicos y de los telediarios.

Porque cuando hablamos de lo que ocurre en las fronteras de Ceuta y Melilla o de lo que ocurre en el Sáhara Occidental, parece que estamos en la actualidad más inmediata, pero en realidad estamos hablando de algo que hunde sus raíces en una historia que tiene más de un siglo.

La periodista y poeta Laura Casielles posa durante una entrevista con Efeminista en La Feria del Libro de Madrid. EFE/Laura de Grado

"Sabemos muy poquito de la colonización española del siglo XX"

P: Un concepto clave del libro es la colonialidad. En el caso de España y el Sáhara, ¿cómo diría que esto opera actualmente?

R: La idea de colonialidad podríamos entenderla como análoga a la del patriarcado. Es un concepto que nos permite entender cómo se estructuran elementos fundantes de nuestra organización social que van mucho más allá de los hechos concretos. Igual que el feminismo nos abre preguntas que ya no podemos deshacer y que una vez que nos las hemos hecho ya estructuran cómo lo vemos todo, cuando nos empezamos a hacer la pregunta por lo colonial también empezamos a darnos cuenta de que impregna cada cosa de lo que nos rodea.

En el caso de la colonización española del siglo XX, la que tiene que ver con Marruecos, el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial, es algo de lo que colectivamente sabemos muy poquito y cuando de algo tenemos tanto desconocimiento casi nunca es un problema personal. Nos cuenta hablar de ello porque están imbricados con algunos de los aspectos más conflictivos de nuestra historia. Hablar de colonialismo en Marruecos y en el Sáhara, es hablar de la guerra civil, de la dictadura franquista y es hablar muy problemáticamente de la transición a la democracia.

El sistema de género, una herramienta de colonización

P: En el libro también habla del falaz discurso que se ha propagado sobre el mundo musulmán como "una cárcel de mujeres que había que liberar". ¿A quién ha servido este discurso en la colonización?

R: La reproducción del sistema de género tal como se ha entendido en las sociedades europeas ha sido una herramienta de colonización y una de las más poderosas. Cuando las metrópolis europeas establecían sistemas coloniales, reproducir las relaciones entre hombres y mujeres permitía controlar esas sociedades de un modo análogo al que se tenía en Europa. También daba pie a esos discursos salvadores y que seguimos viendo en guerras recientes, en las regiones árabes y en países musulmanes, que legitima las invasiones militares.

Esto ha sido exactamente igual en el caso de de Marruecos y del Sáhara Occidental a principios del siglo XX. El mismo franquismo que estaba imponiendo en la península un modelo absolutamente restrictivo para las mujeres podían permitirse decir que cuando llegara a los países musulmanes iba a liberar a las mujeres.

La sedentarización supuso literalmente convertir a esas mujeres en mujeres de su casa y la sección femenina les decía qué platos tenían que hacer, como tenían que educar a sus niños o cómo tenían que vestirse, que higiene debían llevar, etc. Y eso fue absolutamente estructurante para convertir a una sociedad en algo diferente de lo que era.

Reconocer el Sáhara Occidental

P: El reconocimiento de Palestina ha vuelto a sacar a relucir el no reconocimiento del Sáhara, ¿por qué se resiste?

R: Si algo deja clara la relación de España con el Sáhara y con Marruecos es que hay entramados que son mucho más profundos de lo que a veces logramos ver. Si fuera una cuestión de coherencia política, evidentemente el reconocimiento de Palestina debería llegar aparejado de inmediato el del Sáhara Occidental.

Hay otra serie de cuestiones en juego e intereses, como la gestión de las fronteras o que Iberdrola es uno de los mayores inversores en Marruecos, por ejemplo. El apoyo de la sociedad española al pueblo palestino parece algo de sentido común, y debería ser igual para el pueblo saharaui. Lo que está ocurriendo con Palestina nos debería hacer pensar: ¿Qué nos hace falta para salir masivamente a la calle a decir que ese referéndum del Sáhara, que no es una cuestión de opiniones sino algo que está mandatado por la ONU y por La Haya, tiene que realizarse? ¿Una matanza?

P: La cuestión del Sáhara no ha sido nunca prioridad ni para gobiernos, ni para las agencias humanitarias, que reducen las inversiones cuando sucede una catástrofe o una guerra en otra parte del mundo. ¿Por qué sucede esto? 

R: Este es el problema de los conflictos de tan larga duración. Estas personas llevan cincuenta años en campamentos de refugiados y nada cambia. El Sáhara es una y otra vez la moneda de cambio de España para muchas cosas. La orden de descolonización del Sáhara se publicó en el BOE al día siguiente de la muerte de Franco para que España entrase en el contexto internacional que se le abría en ese momento. El precio a pagar fue dejar abandonadas a personas que hasta el día anterior eran parte de España, tenían DNI españoles, eran esa provincia 53, que se inventó en realidad para no descolonizar, pero a la que luego dejaron absolutamente tiradas.

Cincuenta años de luchas relegadas

P: Mucha gente, sobre todo gente joven, no ve otra solución que una guerra...

R: Sí, muchas personas dicen esto y es que la situación de desamparo y de falta de horizonte para la gente que solo ha conocido como realidad un campamento de refugiados es enorme. Esto nos llevaría también de nuevo a la analogía con Palestina. Nos encontramos a muchos compañeros saharauis que dicen que si la única manera de que miren hacia el Sáhara es esa, tendrán que hacerlo. Y esto es dolorosísimo. Pero también las amigas saharauis que tienen ahora veinte y treinta años y que han nacido y crecido allí, piensan otras cosas.

Nos encontramos con que en estos cincuenta años que han pasado desde que la Marcha Verde obligó a la población saharaui a emprender el éxodo, muchas otras cuestiones han quedado a la espera. Mientras que la lucha nacional es una prioridad y mientras que está por resolver algo que la mayoría de países africanos resolvieron en los años  50 y 60, todo lo demás se pospone. Entonces, hay muchas compañeras que están esperando a que llegue el momento de pelear por sus derechos sexuales y reproductivos, por cuestiones LGTBI y tantas otras cosas que tienen que quedar a la espera mientras no se reconozca el Estado.

Hay una poeta nacida en los campamentos de Tinduf, que se llama Tfarrah, que tiene un libro maravilloso 'Devenir Seiba', en el que ella precisamente se hace todas esas preguntas. Recoge la memoria y genealogía de las mujeres de mi familia y dice 'bueno yo quiero que mi país sea independiente, pero hay muchas más cosas que quiero también'. Y creo que eso son otras conversaciones que hay que tener. Que pesado tener que hablar solo y siempre de los mismo, cincuenta años más tarde.