Endometriosis. El dolor silenciado (1860-2026). Imagen cedida
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Laia Abril visibiliza la endometriosis y su impacto físico y emocional con una muestra en el Museo del Romanticismo
La fotógrafa Laia Abril trae a Madrid su primera exposición individual en el marco de PhotoEspaña, Endometriosis. El dolor silenciado (1860-2026), una muestra en el Museo del Romanticismo, con impresionantes imágenes en blanco y negro de gran tamaño, con las que la creadora denuncia el abandono institucional al que, a su juicio, está sometida esta enfermedad inflamatoria crónica que afecta a unos 190 millones de mujeres y personas con útero en todo el mundo, provocando dolor intenso, hemorragias, esterilidad, distensión abdominal o náuseas, entre otras dolencias.
A pesar de su prevalencia, esta enfermedad sigue siendo escasamente investigada. Hasta un 83 % de las pacientes asegura haber sido informada de que sus síntomas eran normales, exagerados o psicológicos. La media en la demora del diagnostico, según datos de la Organización Mundial de la Salud, oscila entre 4 y 12 años, aunque la propia autora reconoce que con ella tardaron 20.
Esta instalación inédita de Laia Abril (Barcelona, 1986), Premio Nacional de Fotografía 2023, reúne los cuerpos fragmentados de siete personas con endometriosis, seis mujeres y un hombre trans, mostrando la disociación necesaria para sobrevivir.
Las imágenes en blanco y negro y desde un plano cenital evocan violencia obstétrica y abandono institucional y quieren mostrar ese dolor que lleva a la disociación a tantas personas con útero.
Laia Abril viene trabajando en un gran proyecto sobre la misoginia bajo el nombre A History of Misogyny, al que ha dedicado series como al aborto, la violación o los casos de histeria colectiva y ahora ha decidido plasmar parte de su propia experiencia al padecer ella misma la enfermedad, por tanto sabe bien de lo que habla.
'Endometriosis. El dolor silenciado'
Pregunta (P).- ¿Cómo ha influido tu vivencia personal con la enfermedad para crear esta serie? ¿Hubiera surgido de no ser así?
Respuesta (R).- El proyecto está hecho bajo el paraguas de una historia de la misoginia, entonces parcialmente está vinculado a la metodología y a la temática ya de por sí, así es que si no lo hubiese sufrido, probablemente también lo hubiese hecho, porque es un tema que realmente merece muchísima atención. Supongo que padecerlo te da una idea de cómo ha sido hacer estas imágenes, de forma más cenital, por esa sensación que tienes extracorpórea, cuando tienes este dolor que puede llevarte al delirio. Eso me ha llevado a conectar con esos elementos que hay en la muestra, si no hubiese tenido otra forma.
Pero, en realidad, la temática me parece muy relevante en sí misma, porque como bien indica el título es una enfermedad que lleva muchos años ya identificada de la que todavía no tenemos cura y de la que hay obviamente un problema de investigación latente.
P.- ¿Qué reflexión quieres que se lleve la gente al ver tu exposición?
R.- Hay varios niveles, están las personas que lo padecen o que han padecido dolores menstruales o diferentes enfermedades o que sufren a menudo violencia obstétrica, que en el mundo es bastante generalizado, o simplemente sufren el menosprecio a ese dolor con comentarios en los que te dicen que es normal, o que estás exagerando, ese es un síntoma de la problemática más grande que es este abandono institucional en el sentido de que como no hay suficiente investigación más allá de remedios paliativos, no hay una cura, entonces, tiene diferentes niveles.
El nivel más grande es probablemente el hecho de no tener cura y también vivir esa frustración común que se vive cuando te menosprecian ese dolor.
Esta instalación es un ejemplo de muchos, que a mí me sirve personalmente para que abarque esa problemática, que responde un poco a tu pregunta de: '¿qué me interesa o qué busco?' Pues por un lado, legitimar ese dolor para las personas que lo sufren y por otro que el título cuestione algo que es ya de por sí muy obvio, que es que la gente no sabe ni que existe, pero eso ya es mucho y también hacer esa reflexión sobre la violencia obstétrica y el abandono institucional en términos generales hacia la mujer que va más allá de la endometriosis y que acarreamos desde hace muchos años.

Mujer observando una de las piezas de la exposición 'Endometriosis. El dolor silenciado (1860-2026)'. Imagen cedida
La endometriosis visualizada con el cuerpo
P.- ¿Cómo te enfrentas al trabajo con el cuerpo, cómo dialogas con él?
R.- Depende de cada proyecto. Por ejemplo, en las piezas de On Rape, que están en el Museo Reina Sofía, se pueden ver tres de ellas, precisamente lo que hago es eliminar esos cuerpos, y dejo solo los vestidos que tienen ese concepto más de violencia institucional, obviamente con una decisión muy pensada, que es dejar de utilizar los cuerpos de la mujer en fotografía como prueba, o como una necesidad de prueba de esas violencias.
Entonces, depende mucho de cada contexto. Aquí sí era importante tener la imagen porque esta serie habla mucho de la resistencia, del cuerpo y de la autonomía del cuerpo como una forma de lidiar con el dolor cuando no te dan más opciones y esos cuerpos deben visibilizar ese dolor y la propia endometriosis necesitaba, desde mi punto de vista, ser visualizada con el cuerpo; pero, a veces, es todo lo contrario, lo que hago precisamente es borrarlo de la ecuación, entonces depende mucho de cada serie, de cada proyecto.
También estas imágenes son en tamaño real, porque para mí que el cuerpo esté en tamaño real lo humaniza mucho, lo pone a escala 1:1. Entonces nuestros propios cuerpos están delante de los cuerpos de las imágenes y eso forman una propia instalación. Es como hacerte responsable también porque formas parte del problema cuando miras.
No romantizar la fotografía
P.- ¿Cómo te sirve la fotografía para reflejar tu pensamiento?
R.- Yo tengo una relación con la fotografía que durante muchos años ha sido un poco de amor odio, en el sentido en el que hay una parte muy meta de este proyecto en sí, que es el que más años llevo haciendo, en la que hay una crítica a cómo la fotografía ha visualizado, sobre todo en el ámbito más documental, como el fotoperiodismo, la violencia contra la mujer o el propio dolor.
Durante muchos años he sido muy crítica con el medio y, al mismo tiempo, es el medio que elijo para trabajar.
Entonces, es una relación interesante, porque a mí me parece muy importante no romantizar la fotografía, creo que precisamente romantizar mucho el periodismo nos ha llevado a extremos a la hora de fotografiar, según qué escenas. Tengo una relación de respeto y amor. Pero es difícil para mí decir que soy una persona visual, porque en realidad, para mí el texto es tan importante como la imagen. Entonces, la fotografía me parece que es una herramienta que atraviesa muchas fronteras. Por ahora, más que el texto, por una cuestión obvia.
Supongo que es una de las razones por las que acabé poniéndola un poco en el centro, pero sí es verdad que trabajo con otros medios.
P.- ¿Qué planes de futuro nos puedes adelantar?
R.- En octubre vamos a llevar la exposición de On Rape a Nueva York, a la ICP (International Center of Photography) y el año que viene estrenamos el nuevo proyecto junto con la directora creativa y comisaria Mónica Allende en la Kutxa, en el cubo, en Donosti sobre una "ancestra" mía, una "ancestra" nuestra que fue prisionera política.
Es un proyecto bastante diferente que ya no está bajo el paraguas de History of Misogyny, aunque obviamente siempre están interrelacionados, pero que, además, cuenta con otros tipos de medios, ya que trabajamos más vídeo, textil, escultura.
P.- ¿Cómo vives todavía haber recibido el Premio Nacional de Fotografía? Además al ser la más joven de la historia por ahora…
R.- Lo viví de forma especial porque siempre es genial que te valoren en casa, porque gran parte de mi carrera se ha hecho fuera. A nivel de reconocimientos llega también después de bastantes años, aunque sea la más joven, porque también empecé bastante pronto, y en cuanto al medio en sí, pues no tanto pero sí a lo mejor tener más oportunidades de exponer en España, que también me hacía mucha ilusión, y creo que es muy necesario, quizás en ese aspecto ha influenciado, pero siempre es un gran honor, también por toda la gente que lo ha ganado, que son compañeros y compañeras, y es genial estar con ellos.