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Portada de "La bastarda", la autobiografía de Violette Leduc. Foto: Capitán Swing

«La bastarda», la desgarradora vida de Violette Leduc, amiga de Simone de Beauvoir

Laura de Grado Alonso | Madrid - 26 agosto, 2020

Disidente, visceral y maldita, la escritora francesa Violette Leduc (1907- 1972) fue la protegida de Simone de Beauvoir, sin embargo, su estilo crudo y amargo ha sido olvidado en la literatura francesa. Ahora, Capitán Swing edita su obra más famosa, «La bastarda», un autorretrato sincero y desgarrador de una autora que busca sobrevivir a la fealdad y a la culpa que la persigue desde su nacimiento.

«La bastarda», publicado por primera vez en 1964 con prólogo de Simone de Beauvoir, se convirtió rápidamente en un best seller ganando incluso el Premio Goncourt ese mismo año.

«Violette Leduc no quiere agradar; no agrada y hasta aterroriza», escribía de Beauvoir sobre Leduc, una escritora comparada con Jean Genet por las descripciones tan explícitas de sus encuentros sexuales con hombres y mujeres. Tanto fue así que en 1955 tuvo que eliminar partes de su novela «Ravages» por los detalles con que narraba las escenas sexuales lésbicas, y que años más tarde, en 1966, publicaría como novela bajo el título «Thérèse e Isabelle». 

Sus inicios editoriales fueron de la mano de la editorial Gallimard, de Albert Camus, y gracias al apoyo de Maurice Sachs y de Simone de Beauvoir, quienes la animaron a publicar «L’Asphyxie», obra con la que se ganó el elogio de figuras como Jean-Paul Sartre, Jean Cocteau y Jean Genet.

Culpable de ser

«Mi caso no es único: tengo miedo de morir y me desgarra estar en el mundo», así comienza su obra Leduc, hija ilegítima de un burgués, nacida el 7 de abril de 1907 en Arrás, al norte de Francia, y a quien el dolor y la culpa de haber nacido persiguen toda su vida. Así se muestra la escritora a lo largo de las quinientas hojas de «La bastarda»: culpable hasta la extenuación.

«Me iré como he llegado: intacta y cargada con los defectos que me han torturado. Hubiera querido nacer estatua, y soy una babosa en mi propio estercolero», continúa Leduc. A pesar de su baja autoestima, la escritora habla de sus complejos con una sinceridad que desgarra a la vez que intenta abrirse paso desde una infancia marcada por el fantasma de la Primera Guerra Mundial, la pobreza, la enfermedad y la desconfianza hacia los hombres infundida por su madre. Desde pequeña se conoció como «un sexo maldito, amenazado por los machos».

«Culpa por haber nacido, por tener una salud frágil, por costar dinero, por ser mujer y, por lo tanto, condenada a las desgracias de la condición femenina», reza el prólogo del libro.

Sexualidad y aborto

«Mi fealdad me aislará hasta la muerte», escribía Leduc en «L’Afamée» condicionada por las inseguridades de una infancia sin el cariño de su madre, sin embargo, su vida transcurre entre amores físicos y mentales.

Su obra está plagada de tabúes, de sexualidad y de descripciones pormenorizadas, entre las que destaca el atrevimiento con que relató sus encuentros lésbicos, algo inaudito para la época.Hacia 1925, Violette experimentó su primera relación lésbica con Isabelle, una compañera de clases del Collège de Douai, y con Hermine, una instructora de música a quien acabaron echando de la institución.

Leduc fue original y pionera al exponer la pasión que una mujer puede sentir con otra, pero también lo fue por amar salvajemente tanto a hombres como a mujeres y al escribir públicamente de su aborto clandestino.  

La creación literaria, su salvación

A mediados de los años 40, conoció a Maurice Sachs y a su amada Simone de Beauvoir, quienes la salvaron de la autodestrucción animándola a escribir. Herida y atormentada desde pequeña, Leduc vio en la creación literaria una vía de escape y de salvación a su propia vida.

Sin embargo, con once novelas publicadas y aunque acabó sus días siendo testigo de su éxito editorial, con su muerte en 1972 volvió a ser desterrada al ostracismo.

Violette Leduc es una de esas autoras olvidadas que es preciso recuperar porque, como describe la autora de «El segundo sexo» en el prólogo del libro, «La bastarda» angustia y entusiasma al mismo tiempo: «Cuartos asfixiantes, corazones desolados; pequeñas frases anhelantes nos aprietan la garganta: de pronto, una ráfaga nos lleva bajo un cielo sin límites y la alegría late en nuestras venas.»