Foto de archivo. EFE/Raquel Manzanares
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Entre la visibilidad y la LGTBIfobia: así percibe la juventud LGTBI sus derechos en España
En el horizonte de la juventud LGTBI española se vislumbra un futuro ambivalente: mientras celebran avances en visibilidad, también se enfrentan al resurgimiento de discursos lgtbifóbicos y a la amenaza de retrocesos políticos. Con optimismo, se enfocan en la tarea urgente de asegurar la plena aplicación de las leyes y cerrar la brecha generacional en la aceptación de la diversidad sexual y de género.
En el mapa de los derechos LGTBI en Europa, España ha sido históricamente un faro de progreso. El país acumula años de logros notables, como la legalización del matrimonio igualitario en 2005, la ley que regula la rectificación registral del sexo en 2007, la Ley Zerolo para la igualdad de trato y no discriminación de 2022 y la reciente Ley Trans de 2023.
España destaca con un índice del 76,41 % en el Rainbow Map, que refleja un fuerte compromiso legislativo en comparación con la media europea del 42,06 %. Además, se sitúa entre los países más favorables a la demostración de afecto en público por parte de personas LGTBI (77 %) y apoya abiertamente que se muestren tal como son (73 %), según un estudio de Ipsos de 2023.
Avances frente a actitudes homófobas
Carlota, una joven bisexual de 22 años recién graduada en Ciencias Políticas, subraya este progreso: "Estamos en un país que reconoce y visibiliza los derechos LGTBI, tratando de naturalizarlos. Sin embargo, también legitimiza actitudes homófobas, empezando por partidos políticos que intentan censurar obras y derechos conquistados."
Se refiere a la implantación de la 'censura parental', por parte de Vox en Murcia, donde los padres y las madres tienen que autorizar de forma expresa la asistencia de sus hijas e hijos a actividades escolares, como las charlas sobre igualdad, violencia machista y diversidad sexual. O el veto del mismo partido a obras teatrales o actos culturales, como ocurrió con la representación de Orlando, de Virginia Woolf, en Valdemorillo (Madrid), por abordar tabúes como la homosexualidad y la sexualidad femenina en noviembre de 2023.
Carlota es una de las jóvenes LGTBI entre 18 y 30 años que ha hablado con Efeminista este 28 de junio, Día Internacional del Orgullo, sobre cómo toda una generación percibe la situación actual de sus derechos. Además de Carlota, también han sido entrevistadas Itziar, Miriam, Ampe, Paula, Unai, Carlo y Manuel.

EFE/Biel Aliño
Preocupación entre la juventud LGTBI
A pesar de los avances normativos de los últimos años, existe una preocupación palpable entre la juventud LGTBI por su falta de aplicación.
Para la madrileña Itziar, abogada lesbiana de 26 años, las leyes que protegen los derechos de lesbianas, gays, transgénero, bisexuales, intersexuales y queer en España son robustas en papel, pero su implementación efectiva y cumplimiento no termina de cristalizar.
"Hay un estancamiento evidente en lo social y en su aplicación práctica", explica.
Esto se refleja, por ejemplo, en la falta de conocimiento y capacitación entre profesionales de la salud y funcionarios públicos sobre cómo manejar cuestiones relacionadas con la identidad de género y la orientación sexual.
Ampe, persona trans no binaria de 27 años y que vive en un pueblo de Huesca, afirma que "muchos médicos de cabecera no están preparados para manejar solicitudes de hormonación o cambios en el DNI". "Llegas a muchos sitios y tienes que ir con la ley en la mano porque la gente no la conoce o no sabe cómo proceder", asegura.
Además, critica que normas tan luchadas como la Ley Trans han dejado fuera a algunas identidades o diversidades como es el caso de las personas no binarias, que reclamaban una tercera casilla en documentos oficiales o la posibilidad de omitir la mención relativa al sexo.
"Eso nos deja desprotegidas a las personas no binarias como yo", añade Ampe.
Discursos de odio contra el colectivo LGTBI
Todas las personas entrevistadas coinciden en celebrar el aumento de visibilidad en los medios y la cultura popular, ya sea a través de programas de televisión como Operación Triunfo 2023, con una mayoría de participantes LGTBI visibles, nominaciones a premios como el Goya para le interprete no binarie La Dani o la representación de distintas identidades en series como Euphoria y La Veneno.
Sin embargo, la visibilidad ha venido acompañada, dicen, de discursos de odio.
"Hay un avance en la aceptación en ciertos sectores, pero también un resurgimiento de discursos que vinculan la inseguridad con los avances LGTBI, especialmente desde algunos partidos políticos y en redes sociales", alerta Miriam, una lesbiana de 23 años recién graduada en Estudios Internacionales en Madrid, quien observa con cautela el panorama europeo.
La joven reconoce que ha sido testigo de comentarios homófobos y menciona que, aunque no ha experimentado violencia directa, estos discursos afectan profundamente su "seguridad y bienestar".
Insultos en la vía pública
Esos discursos, dice Miriam, legitimizan las agresiones. Una de las últimas ocurrió el 14 de junio en la Feria del Libro de Madrid contra el periodista y escritor Fonsi Loaiza, al grito: "rojo de mierda, maricón". Días antes, el 9 de junio, un hombre arrojó comida a un grupo LGTBI mientras gritaba insultos en un tren de Rodalies Renfe en Barcelona.
La LGTBIfobia motivó uno de cada cinco delitos de odio cometidos en España entre 2002 y 2021.
Acabamos de sufrir una agresión en el tren R16 de Cambrils a
Barcelona-Sants en el último vagón, un hombre nos ha chillado
andrógenos y nos ha tirado un plato de albóndigas encima. Hemos hablado con seguridad de la @Renfe @rodalies @rod16cat y nos han dicho que no podemos [1/3] pic.twitter.com/vlZFDHHGWV— FRIEDRIICH (@friedriich_) June 9, 2024
"A día de hoy los derechos del colectivo están bastante cubiertos, pero seguimos siendo más vulnerables que cualquier hombre cis heterosexual", afirma Manuel, un joven gay de 24 años recién graduado en Periodismo, que expresa su preocupación ante la inacción y los "vacíos legales" en las denuncias de ataques físicos y digitales hacia las personas LGTBI.
Los discursos de odio hacia el colectivo, añade Manuel, no suelen tener ningún fundamento. "Se basan en una representación social que se ha ido creando a lo largo de todos estos años", aclara, al añadir que, a pesar de que nunca ha sentido rechazo ni odio por parte de su familia o amistades, si ha presenciado discursos de odio en otros ambientes. "Cuando era más pequeño evitaba hablar de mi sexualidad, sobre todo con hombres heterosexuales", confiesa.

Asistentes a la manifestación del Orgullo LGTBI+ Crítico 2023 bajo el lema "Contra las crisis, Orgullo e insurrección", que ha recorrido el centro de Madrid. EFE/ J.C Hidalgo
La presunción de heterosexualidad
El incremento de referentes queer tampoco ha conseguido desterrar por completo la necesidad de "salir del armario", que sigue siendo una realidad para la mayoría de las personas entrevistadas porque, según cuentan, la sociedad les asume heterosexuales y cis.
Esta "presunción de heterosexualidad" crea un ambiente de invisibilidad y dificulta la diversidad en el entorno laboral y social. la valenciana Paula, bisexual de 21 años, comparte que su experiencia ha sido positiva en general, pero aún depende mucho del contexto.
"En entornos más abiertos y respetuosos, la diversidad sexual se asume y se respeta, pero en contextos más cerrados o tradicionales, a menudo siento la necesidad de explicar mi orientación sexual para normalizarla y evitar malentendidos", explica.
Uno de ellos es el espacio de trabajo, señala Ampe (no binarie), quien a menudo decide no visibilizarse para prevenir el señalamiento y las violencias a las que están expuestas las personas trans en el ambiente laboral.
"Muchos lugares de trabajo no están preparados para manejar la diversidad de género y sexualidad de manera inclusiva", asegura.
Un estudio sobre la inserción sociolaboral de personas trans revela que el 65 % de ellas, entre 18 y 25 años, no encuentra trabajo tras completar su formación específica.
Para Carlo, joven lesbiana e integradora social de 21 años, el ámbito laboral es el espacio que más inseguridad genera en las personas LGTBI porque, según ella, el estilo personal genera prejuicios: "Muchas veces tu estilo y forma de vestir se asocia a una orientación, y eso influye en los procesos de selección en ciertos trabajos", confiesa. Sin embargo, insiste en "llevarlo de la mejor manera posible y con naturalidad", convencida de que cada vez está más normalizado.
Con el objetivo de prevenir la exclusión, este 26 de junio el Ministerio de Trabajo, los sindicatos y la patronal han firmado acuerdo para la implementación de medidas para la igualdad y no discriminación de las personas LGTBI en el ámbito laboral.

Imagen de archivo de una manifestación por los derechos LGTBI en Polonia. EFE/EPA/Maciej Kulczynski
La aceptación, una cuestión generacional
Las diferencias generacionales en la aceptación y normalización son indudables. Paula, que trabaja como educadora de ocio y tiempo libre, observa que "los niños y niñas hablan con naturalidad sobre diversidad sexual, algo que no ocurría en nuestra infancia."
Esto evidencia un cambio positivo en la percepción de las identidades LGTBI entre las generaciones más jóvenes. Para las nuevas generaciones ser trans, gay o bisexual es algo común. Tienen una mentalidad "mucho más abierta".
La Generación Z, es decir, aquellas personas nacidas entre 1996 y 2012, es la menos heterosexual de la historia: el 29 % se considera LGTBI. El porcentaje disminuye en generaciones anteriores: el 11 % entre Millennials (1980-1995), el 9 % en la Generación X (1966-1979) y el 6 % entre los Baby Boomers ( 1945-1965).
Para Manuel, las generaciones anteriores a la suya vivían bajo un discurso y una representación social mucho más negativa del colectivo de la que hay hoy. Además, considera que esas generaciones han ido cambiando su discurso con el paso del tiempo y se han adaptado a las más jóvenes que reclaman su derecho a vivir su sexualidad de manera libre.

El futuro es optimista
Las personas entrevistas por Efeminista coinciden en que es muy poco probable que España retroceda en derechos profundamente arraigados, como el matrimonio igualitario, algo que está ocurriendo, por ejemplo, en Georgia. Tampoco anticipan una pérdida de derechos para las familias homosexuales, similar a lo que se observa en Italia con la prohibición de registrar la doble maternidad. Pero todas reconocen que la mayor amenaza se concentra en las personas trans.
Unai, un ingeniero gay de 25 años y de Bilbao, profundiza en la conversación y destaca que el nivel de amenaza a los derechos varía dentro del colectivo LGTBI.
"El riesgo depende mucho de a qué letra del colectivo nos refiramos. En mi caso, como hombre homosexual blanco, no percibo que mis derechos estén tan en peligro. Sin embargo, para una persona trans y racializada, la situación es muy diferente y mucho más preocupante. Las amenazas y retrocesos parecen afectar de manera desigual a las distintas identidades dentro del colectivo", aclara.
Aunque enfrentan desafíos, una palabra resuena en todas las entrevistas: optimismo.
"A pesar de los obstáculos y las actitudes retrógradas que aún persisten, veo una generación más joven que está más informada y comprometida con la igualdad. Esto me hace ser optimista sobre el progreso continuo en la lucha por los derechos LGTBI en España", defiende Carlota.
Para fortalecer este avance, coinciden en la necesidad crucial de educar en diversidad e inclusión. Subrayan la educación como pilar fundamental para construir un futuro más inclusivo y respetuoso.
