Julia Rendón vincula la maternidad sin romanticismo y la migración en «Lengua ajena»

Cristina Bazán | Guayaquil - 16 agosto, 2022

La búsqueda de un lugar de pertenencia en medio de una crianza es el hilo conductor de «Lengua ajena», la novela debut de la escritora ecuatoriana Julia Rendón Abrahamson, quien ahonda en la experiencia de la migración atravesada por la maternidad y explora la diversidad de las vivencias de cuatro generaciones de mujeres conectadas por el mismo legado.

El afán de la protagonista de transmitir a su hija quién es, de dónde viene y cuáles son sus raíces, anima un recorrido intenso en busca de respuestas que le urge encontrar para levantar un espacio propio en el que construirse, un centro, un eje desde el que crecer.

«Ella está en la búsqueda de una lengua que pueda realmente explicarle su propio ser, busca esa lengua en la hija, en la expareja, busca esa lengua en las personas que conoce, en  otras personas migrantes. Es un continuo buscar», asegura Rendón Abrahamson (Quito, 1978) en una entrevista con Efeminista.

En el libro (De Conatus, 2022), la autora trata «un tipo de migración que no es igual a la que se escucha en los medios» y también «el abandono de madres a hijas». «No me interesaba romantizar la maternidad, sino ver la diversidad en la crianza y en la migración porque hay muchas capas en las que entrar», agrega.

«Lengua ajena», de Julia Rendón

Pregunta: En «Lengua ajena» entrelaza la maternidad con las historias de migración. ¿Por qué decide escribir esta historia?

Respuesta: Creo que la migración y la maternidad se cruzan porque las dos atraviesan la vida. Y de hecho es a partir de su maternidad que la protagonista puede reflexionar sobre su propia migración, que fue una migración un tanto forzada, aunque no es un exilio.

Y no solo reflexiona sobre la de ella, sino también la de sus antepasados, sobre todo la de su abuela, que ella sí fue expulsada de Austria, y la de su abuelo que fue expulsado de Alemania.

P: La protagonista parece no sentirse parte ni del país en el que vive ni del que salió y así tiene que criar a su hija. ¿Cómo es criar en contexto como este?

R: A mí me interesaba mucho el tema del legado de la migración. Porque existe algo que se hereda sobre la migración y la protagonista tiene este legado. Es decir, ella no siente que encaja en la tierra en la que nació porque también tiene esta migración que viene de las mujeres de su pasado, pues ellas mismas fueron expulsadas de sus «estados nación» y fueron movilizadas. 

Y me interesa este tema en el sentido en el que no necesariamente tienes que moverte físicamente para sentir que has migrado o que no encajas en el lugar en el que naciste, que creo que le pasa mucho a la protagonista.

Yo cuestiono mucho el tema de los «estados naciones» y la noción de las fronteras, de la ilegalidad o la legalidad en esas fronteras. Y esto de no sentirse de ningún lado no es solo un tema de identidad; sino que es político, porque estás pensando en unas fronteras que al final son imaginarias. Y cómo esas fronteras traspasan los cuerpos y han traspasado los cuerpos de los migrantes por siglos.

Además, este legado que ella recibe lo está transmitiendo a su hija porque la está criando en un espacio del que tampoco se siente parte. Y es un espacio que tiene una historia violenta con los migrantes. Por eso también me interesaba explorar esas diversidades que existen en los migrantes porque tendemos a estereotipar las movilidades, pero no todas son iguales. 

La maternidad diversa

P: ¿Cree que la lengua también podría ser una forma de arraigo o desarraigo?

R: Completamente. La lengua para ella es una forma de explicarse el mundo, es la forma de nombrar, la forma en la que yo nombro las cosas es como aparece mi mundo.

Por eso a ella le genera extrañeza ver que su hija no está adoptando su lengua por más que ella lo intente, sino que muchas veces está adoptando la lengua de su expareja. Por ahí va la reflexión sobre ella misma y su lengua porque la que ella tiene también le es ajena. Y por ahí también viene el título del libro. 

P: En la historia hay una variedad de maternidades ligadas a la migración que poco se cuentan en las noticias. ¿Eso también le interesaba explorar?

R: Sí, a mí me hace muchísimo ruido poner en un solo saco la diversidad que existe. Poner en un saco a todas las escritoras, a todas las escritoras ecuatorianas, a todas las personas migrantes, a todas las mujeres migrantes, a todas las madres migrantes. Me genera ruido porque elimina la individualidad, que es lo que quieren eliminar los «estados nación» cuando te ponen de ilegal siendo una persona migrante.

Con respecto a la maternidad me interesaba explorar esa diversidad porque la protagonista tiene un tipo de migración que no es igual a la que se escucha los medios. Esta es en cierto sentido una migración privilegiada, si se quiere decir de alguna manera. Pero se explora cómo es esto de la crianza en una tierra que no es la propia, que le sucede a toda esta diversidad de maternidades. Porque inclusive esa madre que mandó al hijo solo porque tuvo que hacerlo sigue maternando de una forma ajena. 

Pero hay otro punto que existe también en este texto que es el del abandono de madres a hijas. Ella también está reflexionando sobre eso y está viendo cómo sería abandonar a su hija, si es que ese es el camino, como le abandonó su madre a ella y como le abandonó de cierta manera su abuela a su madre.

Portada de

Portada de "Lengua ajena", de Julia Rendón.

Hija y nieta de migrantes

P: ¿Y hay algo de su experiencia en esta historia?

R: Creo que en todo lo que uno hace la vida está de alguna manera atravesada. Yo también soy hija y nieta de migrantes. Mis abuelos escaparon del holocausto de Alemania y de Austria, mi mamá migró a Estados Unidos y después volvió a Ecuador y yo he tenido varias migraciones. 

Así que sí, la migración está mezclada con mi vida. Y además yo veía que se hablaba mucho de los migrantes que salimos, pero yo no he visto mucho sobre la migración que ha llegado a Ecuador. Y ahí volvemos a lo de la diversidad, se tiende a pensar que los ecuatorianos siempre se van, pero también hay otras migraciones hacia Ecuador que también explora el libro.

Apostar más por la literatura escrita por mujeres

P: Había tocado antes el tema de la diversidad en la literatura escrita por mujeres. ¿Qué opina de este auge comercial y de la etiqueta de boom que les pusieron? ¿Cree que la industria ha evolucionado para empezar a dejar atrás el machismo?

R: Creo que a todos nos incomodan las etiquetas, pero entiendo que muchas veces se tiene que categorizar de alguna forma. Yo creo que habría que agradecerle realmente a las escritoras, a las que se les considera de este nuevo boom. Ellas de alguna forma hicieron que se visibilice la escritura de mujeres de la región. Pero lo que a mí me incomoda es que se tenga que visibilizar o que se crea que recién están apareciendo porque existen espectaculares escrituras hechas por mujeres.

En Ecuador tenemos mucho camino por hacer en términos de cultura. No existe apoyo a los espacios culturales. No puede ser, por ejemplo, que una biblioteca no pueda prestar los libros.

Pero bueno, creo que la categoría del boom me incomoda porque invisibiliza que existían otras mujeres en el boom latinoamericano que fueron invisibilizadas. Pero sí creo que gracias a escritoras como Mónica Ojeda o Fernanda Trías, por ejemplo, se ha puesto la mirada en otras escritoras.

También creo que debería existir más apuestas de editoriales por estas nuevas voces, porque yo tengo compañeras de un taller que ni siquiera creo que se encontraría editoriales a la altura de lo que escriben. Hay tanta buena escritura que creo que se tiene que apostar un poquito más.