Jineth Bedoya violencia sexual

La periodista colombiana Jineth Bedoya habla durante una conferencia de prensa en octubre del 2021 en Bogotá. EFE/ Carlos Ortega

Jineth Bedoya: La lucha contra la violencia sexual se ha quedado en el discurso político

Cristina Bazán | Guayaquil - 1 mayo, 2022

Tras dos décadas de trabajo para visibilizar los casos de violencia sexual en el conflicto armado colombiano, la periodista Jineth Bedoya lamenta que el compromiso de los países para combatir este «delito de lesa humanidad» haya quedado «en el discurso político» y no se haya cristalizado en acciones reales y contundentes.

«Hace seis años se hizo la primera Cumbre Mundial sobre Violencia Sexual y allí más de 120 países firmaron el acuerdo para implementar en sus políticas de gobierno acciones para frenar la violencia sexual en medio de confrontaciones armadas, pero también en medio de situaciones de criminalidad en sus países. La firma quedó ahí, porque si hacemos un balance, tres o cuatro naciones han invertido recursos para tener herramientas, acciones de pedagogía y de control sobre la violencia sexual. El resto solo hablan del tema cuando llega una reunión en Naciones Unidas y se les pide cuentas, o el 25 de noviembre. El resto del año ni se acuerdan», afirma en una entrevista con Efeminista a propósito de su designación como Campeona Mundial en la Lucha Contra la Violencia Sexual en los Conflictos por parte de la ONU.

Bedoya se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la violencia sexual en conflictos armados no solo en su natal Colombia sino también en América Latina. En octubre de 2021 logró que la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitiera una sentencia histórica en contra del Estado colombiano, en la que se lo responsabiliza por la impunidad sistemática de la que fue víctima la periodista tras las violaciones y torturas que recibió el 25 de mayo del 2000, cuando fue interceptada y secuestrada por paramilitares a las puertas de la Cárcel La Modelo, en Bogotá, y a la vista de la policía. Además, reconoce el uso de la violencia sexual como arma de silenciamiento hacia mujeres periodistas.

Ahora, con la designación de Naciones Unidas, Bedoya asegura que alzará su voz «por las víctimas y sobrevivientes de todos los lugares del mundo».

La violencia sexual en conflictos armados

Pregunta: La ONU la designó como embajadora en la lucha contra la violencia sexual en los conflictos armados. ¿Qué significa esto para usted después de 20 años de lucha?

Respuesta: Todavía no lo creo porque en el papel suena muy rimbombante, pero realmente es una gran responsabilidad. Y es un honor inmenso. Es la primera vez que una mujer, que una persona de América Latina y el Caribe recibe este honor y creo que que no solamente es un gran compromiso, sino un reconocimiento a la tarea, no solo de Jineth Bedoya, sino de miles de mujeres y de personas que que hoy luchan para erradicar la violencia sexual. 

Lo recibo con un gran honor y con un compromiso enorme, teniendo muy claro que mi voz ya no solamente es por las víctimas y sobrevivientes de Colombia, sino por las víctimas y sobrevivientes de todos los lugares del mundo donde hoy tenemos que enfrentar conflictos armados y esta violencia patriarcal que lamentablemente deja tantas víctimas al año.

P: La guerra en Ucrania ha vuelto a poner sobre la mesa el uso de la violencia sexual como un arma de guerra. ¿Por qué esto sigue pasando?

R: La actuación de tienen quienes hacen la guerra, y estoy hablando específicamente de los hombres, que son los que los que se inventan las guerras, las elaboran, las hacen y las ejecutan, está muy ligada también a ese modelo patriarcal de creerse dueños de la vida y del cuerpo del otro. Y cuando en las guerras se quiere castigar al enemigo o se quiere sembrar terror, lamentablemente, una de las actuaciones más recurrentes es usar la violencia sexual.

Lo estamos viendo en Ucrania con las tropas rusas que han cometido actos barbáricos con las mujeres ucranianas y con las mujeres rusas que viven allí. Pero también lo estamos viendo en los campos de refugiados de las mujeres que han salido de Siria y en México, en ese comportamiento que tienen los cárteles de la droga. Y lamentablemente ha ocurrido siempre, pero está tan naturalizado, tan normalizado, que lo vemos como algo que nos toca.

Hay una guerra y en medio de ella van a quedar centenares de mujeres violadas, pero «es lo que les toca por ser mujeres y por estar en medio de la guerra».

Yo creo que es hora de parar esto y de decir que es un crimen de lesa humanidad, que es una de las peores atrocidades que se puede cometer contra un ser humano y que ya es suficiente, para que los grupos armados, pero también quienes están en los diferentes bandos de confrontación, entiendan que este es un crimen que tienen que frenar.

«La violencia sexual se ha quedado en el discurso político»

P: ¿Y cómo debería actuar la comunidad internacional?

R: Lo que yo siento es que los esfuerzos que hacemos para visibilizar se quedan más en el discurso político y en los compromisos de papel que en las acciones reales.

Creo que parte de la responsabilidad de ser nominada como Global Champion es estar allí recordándoles que hay miles de mujeres y de niñas que están siendo violentadas de todas las formas y que eso no es solo contra una persona, sino contra la sociedad, porque la violencia sexual tiene ese poder destructivo. Es como cuando sueltas una bomba en el Donbás y borras un edificio, pues cuando violan a una mujer estás atacando la estabilidad de un grupo social, porque eso es lo que hace la violencia sexual y es un discurso que tenemos que seguir repitiéndole a los Estados, pero sobre todo haciendo el llamado a la sociedad para que no se calle frente a esas violaciones.

P: Se cumplen seis meses de la sentencia de la Corte Interamericana sobre su caso. ¿Es justicia para usted?

R: Es un gran paso hacia la justicia. Yo creo que el impacto que tiene el fallo de la Corte Interamericana es la reivindicación. En el proceso de justicia hay muchas etapas, entre ellas esa justicia moral que yo creo que muchas veces es la más reivindicativa y es la más necesaria y es que te crean. 

Cuando un tribunal internacional dice: “a esta señora sí le pasó lo que ella dice, sí ocurrió, sí hay una responsabilidad del Estado, hay unos hechos que sí son reales, hay una afectación real”, pues yo creo que ese es el gran paso para poder encontrar esa otra justicia. La reivindicación de la Corte Interamericana como un tribunal internacional le da una luz de esperanza a millones de personas. Porque en nuestros países, lamentablemente la impunidad, sobre todo en este tipo de crímenes, es tan alta que se convierte en parte del paisaje. Como decía: «le tocaba, era mujer, por qué se va a meter a una cárcel de hombres siendo mujer».

La periodista colombiana Jineth Bedoya durante una audiencia ante la CIDH.

La periodista colombiana Jineth Bedoya durante una audiencia ante la CIDH.

La violencia sexual como castigo

P: Le ha pedido a la Jurisdicción Especial para la Paz de Colombia que abra un macrocaso relacionado a la violencia sexual. ¿Por qué cree que esto no ha sucedido antes?

R: Yo creo que la realidad les va a explotar en la cara. Como periodista te puedo decir que tengo toda la información de primera mano de que definitivamente la JEP no quiere abrir el caso porque considera que la violencia sexual es un delito conexo y no un delito autónomo que fue maquinado, ordenado sistemáticamente por los diferentes grupos armados. Y ese es un gran error, porque para quienes hemos estudiado el conflicto armado en Colombia, sabemos que una de las políticas tanto del paramilitarismo, la guerrilla de las FARC y algunos agentes del Estado era castigar a través de la violencia sexual para hacerle daño a su contrario.

Nosotros, hablo de organizaciones que hemos entregado casos a la JEP, hemos documentado más de 40.000 casos y están entregados a la JEP. No entiendo cómo teniendo tantas víctimas, la Jurisdicción Especial para la Paz no es capaz de abrir ese macrocaso. Yo espero, confiaría en que la JEP me calle la boca, abra el macrocaso y lo anuncie prontamente, porque de lo contrario estaría pasando por encima de la dignidad de millones de víctimas.

P: Colombia está en época electoral. ¿Algún candidato le ha dado importancia al tema de la violencia sexual?

R: Desde la campaña “No es hora de callar” y desde otras instancias le hemos solicitado a todos los precandidatos que abran un espacio, que por lo menos hagan un comentario en los diferentes debates y en sus pronunciamientos sobre la violencia sexual. Ninguno ha aceptado. Y yo creo que ese es un mensaje muy claro.

Es imposible que quien vaya a dirigir este país, sea de izquierda o de derecha, no tenga en sus políticas de gobierno abordar la violencia sexual, más teniendo en cuenta todo lo que hemos visibilizado internacionalmente y el alto grado de impunidad que tiene este país: 98% para casos de violencia sexual en el marco del conflicto armado y 96% de impunidad en los casos de violencia sexual ordinarios.

Las nuevas formas de violencia machista

P: ¿Qué barreras siguen teniendo las periodistas para hacer su trabajo?

R: Si uno ve en las redes sociales las discusiones que hay sobre periodismo diariamente, casi todas están ligadas con la confrontación armada, con la polarización que ha dejado el conflicto armado.  Y en medio de eso, el ataque que se da contra los periodistas, pero específicamente contra las mujeres periodistas. Hemos pasado a una presión de redes sociales.

Es una violencia digital que lamentablemente está autocensurando a muchas mujeres periodistas y que está poniendo en una situación muy complicada a otras. No es lo mismo la presión que se ejerce contra un hombre periodista en redes sociales que la que se ejerce contra una mujer. A un hombre periodista le sacan a relucir todas sus relaciones políticas, pero a las mujeres periodistas no nos bajan de putas, nos acostamos con todas las fuentes. Es una violencia sexual psicológica en línea que hoy no solo enfrentan las periodistas en Colombia, yo creo que es a nivel mundial.

P: Con «No es hora de callar» recorrió su país y el mundo. ¿A quién quiere ahora llegar con la campaña?

R: Algo muy significativo y hermoso y que hace que la sentencia de la Corte sea histórica es que ordenó unas medidas de reparación únicas. Yo te tengo que confesar que el año pasado por esta época decidí acabar con la campaña “No es hora de callar”. Mi decisión fue cerrarla después de que el Gobierno colombiano se levantó del juicio porque caí en una depresión muy fuerte. Yo sentía que no tenía razón de ser que siguiera luchando, era como David contra Goliat, peleando con una campaña, haciendo incidencia, si cada vez me empujaban más en el barro.

Pero el 18 de octubre, cuando la Corte Interamericana emite la sentencia, tres puntos del fallo dicen claramente que se tiene que crear el centro de memoria “No es hora de callar”, que se tiene que crear el fondo para mujeres periodistas «No es hora de callar» y que se tiene que hacer todo el curso de capacitación para agentes estatales “No es hora de callar”. Entonces la misma corte se encargó de revivir la campaña. 

Esto inevitablemente a lo que a lo que te obliga es a seguir levantando la voz, a seguir haciendo pedagogía, a sumar más aliados. 

Creo que «No es hora de callar» tiene que ser una frase que se tiene que acuñar en muchos lugares del mundo para decirle a las mujeres que lo más difícil es tomar la decisión de hablar porque hay miedo al victimario, a que no te crean, a la estigmatización. Pero lo que yo les pregunto es ¿qué es peor? ¿Callarte y darle el poder a la persona que te hizo daño o hablar y sentir que el poder lo tienes tú? Y yo creo que el poder lo tenemos nosotras. Hablar le quita el poder al victimario y esa es la invitación que yo les hago.