La escritora Cristina Sánchez-Andrade. Foto: María Gaminde.
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"Habitada", de Cristina Sánchez-Andrade, da voz a las vidas que el poder patriarcal silenció
Maltratada, silenciada, vejada e invisible... así es Manuela, la protagonista de Habitada, la última novela de Cristina Sánchez Andrade (Santiago de Compostela, 1968), quien da voz a esta joven en la Galicia profunda de las primeras décadas del siglo XX, cuyo sueño hubiera sido ser hombre para poder hacer lo que le diera la gana, en definitiva, vivir libremente, pero que por ser diferente a lo que se espera de ella, según la estructura patriarcal de la sociedad de entonces, con su padre, el abad o el amo a la cabeza, fue tildada de loca, bruja, poseída o habitada por malos espíritus.
Una novela, entre el realismo mágico y lo rural, que está inspirada en un hecho real de un caso que sucedió en Galicia, en 1925, sobre una dolencia a la que se llamó "corpo aberto", una especie de posesión, y a cuya protagonista la llamaron "La Iluminada".
Habitada es un libro poético y con humor para digerir en sus páginas la crueldad, el abuso, el caciquismo, la violencia sexual o el maltrato con una protagonista que a su autora le gustaría que fuera "un ejemplo de todas las voces silenciadas; un ejemplo de las muchas vidas que las estructuras de poder volvieron invisibles e inaudibles".
Habitada, de Cristina Sánchez Andrade
Pregunta.- ¿Cómo nace Habitada? Porque creo que se inspira en una leyenda, ¿no es así?
Respuesta.- Efectivamente. Se trata de un caso real de 1925 (o al menos recogido por la prensa, en concreto por el periódico El Orzán) de un fenómeno denominado en Galicia y en Brasil "corpo aberto". Curiosamente, justo ahora se cumplen 100 años del suceso. Lo llamaron "La Iluminada" o la "Espiritada de Moeche". Cuando uno es corpo aberto tiene un campo energético débil o "abierto", lo que facilita que espíritus, energías o entidades entren en su cuerpo o afecten su bienestar.
En el caso de nuestra protagonista, Manuela, llevaba un tiempo largo encamada, sin comer apenas, sin que nadie supiera qué le pasaba, a pesar de que la había visto algún médico. Una mañana Manuela se levanta, baja al arroyo, bebe agua y dice que le ha entrado el espíritu de un clérigo de Ortigueira muerto en la Habana.
A partir de entonces, comienza a hablar con acento cubano y voz varonil, da consejos, moraliza, predica y sabe la liturgia de la misa. Muestra además conocimientos de filosofía y dogmática que son imposibles en una mujer analfabeta como ella. Pasa de estar famélica a comer vorazmente. Da un poco de risa, pero así es como lo cuenta la leyenda.
El caso es que se dirige a las gentes desde el balcón y da sermones. Esto genera un gran revuelo entre las gentes de la aldea a la que pertenece y atrae a otras muchas de fuera, que empiezan a decir que ahora tiene poderes curativos.
P.- La novela está envuelta en una niebla poética que ya se entrevé desde la cita en la entrada del libro de Sylvia Plath: 'Me habita un grito. Cada noche levanta el vuelo y aletea...' Además del uso del lenguaje como gran elemento protagonista.
R.- Así es. La novela consta de dos partes. Primero está la narrada por ella: Manuela rememora todo lo ocurrido antes de caer enferma y ser poseída por el clérigo. Poco a poco vemos que su padre, el cura y el señor del pazo, que la utilizan para sus intereses propios, son los que gobiernan su vida. Intuimos que ha sufrido maltrato, abusos y vejaciones de todo tipo. La segunda parte es la que narra el clérigo de Ortigueira muerto en La Habana. Con la autoridad que le confiere ser un hombre, y además de iglesia, comienza a urdir su venganza (que él denomina su "misión"). Con ayuda de la masa de seguidores que le venera, ajusta cuentas con todos y cada uno de los personajes que han hecho que su vida se convirtiera en una pesadilla.
Mi intención es que el lenguaje fuera simple y de gran lirismo, que a la vez combinara la sabiduría popular, la filosofía y la psicología de las gentes del rural gallego, penetradas de magia y superstición. Con el fin de acercarnos al lenguaje y al registro de una persona analfabeta, eliminé las mayúsculas. También se utilizan frases muy cortas y se adopta la oralidad como modelo.
La prosa es por momentos frenética y espontánea, según el estado de ánimo de la protagonista, o el estado de su locura, en la que va cayendo poco a poco. En la segunda parte, el clérigo de Ortigueira muerto en La Habana es quien toma la palabra. Al contrario de Manuela, es culto (cosa que se refleja en su registro y vocabulario), y de vez en cuanto se le escapan giros y expresiones cubanas. El tono cambia de manera radical, y esta parte está escrita en clave de humor.
Brujas, magas y locas
P.- En el libro se ve la crueldad, el abuso, el caciquismo, la violencia sexual, el maltrato y el mundo de las mujeres fuera de lo normativo, a las que se las clasificaban como brujas, magas o locas. ¿Todavía hay vestigios de esto?
R.- Cuando leí la leyenda por primera vez, recuerdo que me pregunté qué es lo que le pasaría realmente a esta pobre chica para llevar cuatro años enferma con una enfermedad de "tipo tuberculoso" o una neurastenia.
Todos sabemos que, en tiempos pasados, los malestares de las mujeres eran ignorados, no se les daba la importancia que tenían o se asociaban directamente con el aparato reproductor (el útero en concreto, a través de la histeria), o con la locura. Por no hablar de la brujería. Pero todas esas mujeres, ¿estaban locas o simplemente necesitaban vivir, salir de casa, crear? ¿Necesitaban ser tratadas de histéricas o eso era una manera de doblegar su transgresión? ¿Eran brujas o se empeñaban por no vivir esa vida aburrida y mojigata? Manuela, ¿no habría dejado de comer de manera inconsciente como modo de protesta? ¿Podría sufrir de anorexia?
Como punto de partida, me he fijado en todas aquellas mujeres del siglo XIX y principios del XX, entre ellas muchas escritoras, que decidieron ir a contracorriente para escapar de una sexualidad castrante y de un sistema patriarcal que las condenaba al confinamiento doméstico.
En relación con esto, se menciona en la novela la teoría de Hipócrates sobre el "útero errante", las narraciones de Charcot o Freud sobre la histeria, así como de los métodos utilizados para curarla (como la utilización de los "vibradores eléctricos").
"La cura para las patologías uterinas era el matrimonio"
P.- El cuerpo de la mujer y sus órganos sexuales es algo que se evidencia también aquí para estigmatizar como fuente de todos los males de la histeria, la locura... ¿no?
R.- A lo largo de la Historia, abundaron los textos (escritos por hombres para un público hombre) en los cuales los cuerpos femeninos fueron modelados según unos propósitos concretos. Estos patrones imaginarios —como el tratado Los secretos de las mujeres, de Pseudo Alberto Magno— se erigieron en verdades absurdas (produce risa leer cosas como que la sangre menstrual enferma a los hombres, arruina las cosechas, mata a las abejas o hace enloquecer a los perros) ajenas a la naturaleza anatómica y fisiológica femenina, siendo definitorios en el devenir de las mujeres.
Hipócrates, por ejemplo, insistió en que los cuerpos y las enfermedades de las mujeres debían ser abordados de forma muy distinta de como se abordaban los cuerpos y las enfermedades que afectaban a los hombres. El útero, que se movía por todo el cuerpo o que era "un animal dentro del animal", como se decía, era el causante de todos los males.
Hoy, la idea de que todas las enfermedades de las mujeres estuvieran relacionadas con sus funciones reproductivas suena a chiste. La cura para las patologías uterinas fue, durante mucho tiempo el matrimonio, idealmente al llegar a los catorce años, mantener relaciones sexuales frecuentes con el marido — quien solía ser mucho mayor, por cierto— y los embarazos non stop. ¿No es una barbaridad?
P.- El libro es un retrato de la Galicia profunda y de unos clérigos muy corruptos. ¿Cree que hoy hay muchas Manuelas?
R.- Quiero pensar que hoy en día no hay muchas Manuelas.
P.- En sus libros siempre hay retratos de la desigualdad, de amos y siervos, o amas y siervas, ¿cómo ve las desigualdades hoy y quienes serían amos y esclavos?
R.- En la novela todo el mundo intenta ejercer su poder sobre el que está por debajo. Ya desde la escritura de mi libro Fámulas, me interesa esta dinámica que no es si no, la dialéctica del amo y del esclavo de Friedrich Hegel. En esta lucha, una conciencia se somete (esclavo) y la otra domina (amo), pero la paradoja es que el amo depende del esclavo para su identidad, mientras que el esclavo, a través del trabajo y la transformación del mundo, desarrolla una verdadera autonomía.
Con el tiempo, el esclavo supera su condición al adquirir conocimiento y autosuficiencia, lo que pone en crisis la autoridad del amo. Esto se ve en novelas como en 1984, en Rebelión en la Granja o en Crimen y castigo. En esta última lo interesante es que entra el tema de la culpa también. El personaje, Raskólnikov, cree que es un "hombre extraordinario" con derecho a matar para imponer su voluntad. Sin embargo, su crimen lo lleva a una profunda crisis. A través del sufrimiento y el amor de Sonia, se da cuenta de que su aparente dominio lo ha convertido en esclavo de su culpa, mientras que Sonia, en su humildad y fe, es la verdadera libre.
En mi novela dudo de si alguno de los personajes llega a ser libre. Podríamos pensar que al final Manuela lo es "en el cuerpo" de un hombre. Pero es que también se ha convertido en "amo". Creo que en Fámulas (su ensayo) queda claro, con los ejemplos de las mujeres que desempeñan trabajos domésticos, que todavía sigue vigente esa dinámica de dominación. Al contrario de Hegel, no creo que sean libres nunca.
"Manuela, un ejemplo de todas las voces silenciadas"
P.- El humor es otra de las patas del libro
R.- El humor, al igual que la poesía, es la vía de escape. Siempre intento meterlo. Por un lado, para que yo misma no me hunda en un pozo oscuro mientas escribo. Por otra, para que el lector tenga sus momentos de respiro.
P.- Háblenos de sus influencias
R.- ¿Las influencias a la hora de escribir este libro? Pues no lo sé. Todas esas que mencionas, también los autores gallegos que reproducen la oralidad (Casares, Fole, Dieste, etc) y todo lo que fui pillando por ahí. La escritura de una novela es muy azarosa en cuanto depende de lo que te caiga en las manos de lectura en el momento en que estás escribiendo.
Emily Dickinson, Virginia Woolf, Sylvia Plath, Anne Sexton, Alejandra Pizarnik, Clarice Lispector, etc, fueron mujeres que se atrevieron y rompieron el molde con su escritura y que también me han servido de inspiración. También hay que mencionar estereotipos literarios como “la loca del desván”, la psiquiatría darwiniana, o excelentes relatos El papel pintado amarillo de Charlotte Perkins Gilman o Habitación diecinueve de Doris Lessing.
Sin ser consciente de ello y a otro nivel, Manuela podía ser una de estas mujeres escritoras que menciono. En este sentido, me gustaría que este personaje fuera un ejemplo de todas las voces silenciadas; un ejemplo de las muchas vidas que las estructuras de poder volvieron invisibles e inaudibles.