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Una mujer camina con una niña en brazos hacia la escuela. EFE/Archivo

Financiar sistemas de cuidados, una «necesidad urgente» en América Latina

Cristina Bazán | Guayaquil - 11 noviembre, 2022

Financiar o invertir en sistemas de cuidados que permitan a las mujeres, quienes mayoritariamente realizan este trabajo, mejorar la calidad de sus vidas y las de sus familias es una «necesidad urgente» en América Latina.

Así lo aseguran la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y ONU Mujeres en el informe denominado «El financiamiento de los sistemas y políticas de cuidados en América Latina y el Caribe», que han presentado este 10 de noviembre en el marco de la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que se celebra en Argentina.

Los sistemas de cuidado, explican los organismos de Naciones Unidas, son el conjunto de políticas y acciones encaminadas a concretar una nueva organización social de los cuidados con la finalidad de cuidar, asistir y apoyar a las personas que lo requieran, así como reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidado.

Y es que durante todo este tiempo la sociedad ha pensado que «el cuidado tiene que ser gratis y no puede ser. El cuidado es un trabajo», denunció en una reciente entrevista con EFE la directora regional de ONU Mujeres, María Noel Vaeza. Esa carga se duplicó y hasta triplicó para las mujeres en algunos países provocando que muchas salieran «del mercado laboral a cuidar».

«La crisis de los cuidados agudiza las consecuencias de la crisis social y económica impactando en la pobreza y la desigualdad. Transformar este círculo vicioso en un círculo virtuoso a través de los múltiples efectos positivos y retornos que genera la inversión en sistemas integrales de cuidados no es solo necesario, sino que es una estrategia inteligente para la recuperación y para lograr sociedades más justas y prósperas», menciona el informe.

Financiar sistemas de cuidado en América Latina

En el documento se detalla una serie de medidas que los países de la región pueden adoptar para crear estos sistemas con implementaciones económicamente sostenibles, en medio de un contexto «donde la mayor inflación, el bajo crecimiento económico proyectado y el significativo incremento de la deuda generan importantes presiones sobre las finanzas públicas y restricciones en la política fiscal».

«Existen estudios que muestran que la economía del cuidado por su potencial transformador y dinamizador en los sectores que la componen (servicios de cuidados, salud, educación, trabajo doméstico remunerado) puede ser un motor para la recuperación y la construcción de un nuevo estilo de desarrollo más justo, sostenible e igualitario», señala el informe.

Uno de esos estudios es el de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que estima que a nivel mundial invertir en el cuidado universal de niños y niñas y en servicios de cuidado de larga duración podría generar hasta 280 millones de puestos de trabajo para 2030 y otros 19 millones para 2035: 96 millones de empleos directos se generarían en cuidado infantil, 136 millones en empleos de cuidados de larga duración y 67 millones en empleos indirectos.

El 78% de estos nuevos puestos de trabajo serían ocupados por mujeres y el 84% sería empleo formal. Una parte de la inversión se recuperaría vía impuestos y contribuciones a los sistemas de seguridad social.

El potencial generador del empleo del sector cuidados es tal, se explica en el informe, «que una estimación realizada para ocho países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) demostró que el empleo generado al invertir en cuidado es considerablemente más grande -hasta tres veces mayor- que el de invertir en construcción».

Fotografía de la conferencia de presentación del documento: El financiamiento de los sistemas y políticas de cuidado en América Latina y el Caribe, en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni

Mujeres en el mercado laboral

La pandemia de la COVID19 provocó que miles de mujeres en América Latina dejaran sus trabajos para dedicarse a cuidar. Este retiro provocó un retroceso de 20 años en la participación laboral de las mujeres, según explicó Vaeza.

Esto sumado a que los sectores de actividad económica más afectados por la pérdida de trabajos fueron justamente aquellos que emplean a una gran proporción de mujeres, como el trabajo doméstico (hogares como empleadores) y el turismo (sector de alojamiento y alimentación). A su vez, en términos de recuperación de la economía, se estima un aumento del empleo en varios sectores de servicios de alta cualificación donde las mujeres tienen menos participación.

Por esta razón, ONU Mujeres y Cepal aseguran que la creación e implementación de los sistemas de cuidado deben abordarse siempre «desde la perspectiva de la igualdad de género y regida por los principios de universalidad, progresividad, solidaridad y corresponsabilidad».

Esto se traduce en la garantía del acceso a todas las personas, que el financiamiento pueda hacerse a todos los niveles (desde familias en función de sus ingresos hasta gobiernos locales) y que se fomente la corresponsabilidad para que el trabajo de cuidado deje de recaer exclusivamente en las mujeres.

Según el análisis de 12 países de la región en 2020, los sectores de la economía del cuidado están altamente feminizados, presentan importantes brechas de género en los ingresos laborales y una menor proporción de mujeres trabaja en empleos de alta calificación. 

«La actual división sexual del trabajo y la organización de los cuidados -que incluye el trabajo de cuidados no remunerado y remunerado en condiciones de precariedad e informalidad- generan un círculo vicioso entre cuidados, pobreza y desigualdad y limitan la autonomía de las mujeres», precisa el informe.

Modelos de financiamiento de cuidados

Los organismos de Naciones Unidas presentan a los países tres principales modelos de financiamiento para los sistemas de cuidados.

El primero, basado en rentas generales con recursos del presupuesto público, presenta varias limitaciones en América Latina, pues «tienen el riesgo de que el financiamiento pueda verse comprometido en períodos de gobierno en donde cambien las prioridades políticas, tanto en relación con el direccionamiento del gasto como al abatimiento del déficit fiscal». Sin embargo, exponen iniciativas para mitigar esos problemas.

En el caso de los seguros públicos y privados, estos suelen estar dirigidos a población con acceso al mercado formal de empleo o con ciertos niveles adquisitivos, por lo que pueden resultar incompletos. 

Mientras que los fondos mixtos o «solidarios» son una alternativa que combina diferentes fuentes de recursos, procurando equilibrios entre el aseguramiento social, los recursos de rentas generales, los impuestos específicos y los pagos directos de las familias.

«Las estrategias que tienden a implementar modelos mixtos dan mayor sostenibilidad financiera a las políticas y programas, ya que, al tener los recursos diversificados, cuando una fuente disminuye debido a la coyuntura, las otras pueden permitir que se mantenga la prestación o servicio», se detalla.

Los modelos de financiamiento planteados no son excluyentes entre sí y la idea, se señala en el informe, es que puedan diseñarse de acuerdo con las condiciones políticas y económicas de cada país.