La activista y escritora Silvia Federici (d), en un evento en A Coruña en 2018. EFE/Cabalar

Silvia Federici: «El trabajo de los cuidados es el más esencial que hay»

Cristina Bazán | - 28 mayo, 2020

El trabajo doméstico y de cuidados es el servicio más esencial que hay en el mundo, pero que se ha invisibilizado mucho con la llegada de la COVID-19, ha asegurado la escritora y activista feminista Silvia Federici.

Federici (Italia, 1942) ha señalado además que pese a su importancia, la pandemia ha perpetuado las desigualdades que sufren las mujeres que lo ejercen en todo el mundo y que esta puede ser una oportunidad para que los colectivos replanteen la lucha y se logren mayores cambios.

La también profesora italoestadounidense ha reflexionado sobre este tema en el debate online ‘¿Quién cuida a la cuidadora? Capitalismo, reproducción y cuarentena’, organizado por el Museo Reina Sofía.

En el diálogo también han participado las activistas en defensa de los derechos y la dignidad de las trabajadoras domésticas Eda Luna (Honduras), Claribed Palacio (Colombia), Lyudmila Montoya (Nicaragua) y Rafaela Pimentel (República Dominicana).

Un trabajo vital y precario

Las panelistas han coincidido en que la pandemia ha agravado la situación de las trabajadoras domésticas en todo el mundo, pues pese a ser vital para el desarrollo de otras actividades se ha invisibilizado y precarizado.

«Se habla ahora de los servicios esenciales y nunca se dice que el trabajo doméstico es el servicio más esencial que hay porque cada día reproduce la vida. Reproducir la vida tiene muchos elementos, no es solamente limpiar, cocinar, llevar a los niños al parque, es todo un trabajo emocional», ha mencionado Federici.

La escritora ha enfatizado en que es el «trabajo esencial más mal pagado», y que hay una gran cantidad de mujeres migrantes que lo ejercen. «No tienen los papeles y hay un chantaje continuo».

Federici también ha explicado que poco se habla de que la discriminación que sufren las trabajadoras por parte de sus empleadores, pues creen que las mujeres pueden llevar la enfermedad a sus hogares. Una situación que ha provocado la pérdida del trabajo.

Eda Luna, de la Red de Trabajadoras Domésticas de Honduras, ha acotado que esta discriminación de la que habla la escritora se debe a que las mujeres no pueden acceder a los insumos de bioseguridad que se exigen.

«Nuestra condición de trabajadora doméstica se ha visto afectada y agudizada por la crisis sanitaria. Representamos para los empleadores potenciales portadoras del virus porque por nuestra situación de pobreza no hemos podido acceder a guantes, a mascarillas, a gel», ha precisado.

«Los empleadores creen que al salir del trabajo vamos a contagiarnos por no llevar mascarilla», ha dicho Luna.

La activista también ha mencionado que esto las ha afectado psicológicamente, pues ser despedidas significa no poder pagar el alquiler de sus casas o el estudio de sus hijos.

«Los Estados se desentienden»

Para Claribed Palacio, presidenta de la Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico, la lucha más fuerte ha sido la de tratar de poner en la esfera pública «un asunto que debería ser de orden gubernamental».

«Los movimientos no tendríamos que estar incidiendo para que se visibilice nuestro trabajo tanto remunerado como no remunerado, sino que debería ser un asunto de Estado», ha enfatizado.

La activista ha dicho que poner al cuidado como centro de la vida «debería ser un asunto que todos los gobiernos tengan en sus planes de desarrollo para formular políticas publicas contundentes», ha sostenido.

Luzmila Montoya, nicarangüense radicada en Bilbao, ha añadido que durante esta pandemia los Estados se han desentendido del problema. «La crisis de los cuidados es tan antigua que se sigue luchando por los mismos motivos. Los trabajos de cuidados nunca se detuvieron», ha enfatizado.

Montoya ha dicho que en la práctica no se reconocen estos oficios y que los empleadores «creen que le están haciendo un favor a las mujeres por darles el trabajo».

Ha detallado además que actualmente las mujeres son obligadas a laborar sin descanso de lunes a domingo e incluso durante las madrugadas.

Unir luchas diversas

Desde el público, que se ha conectado a este diálogo desde diversas partes del mundo, le han preguntado a Silvia Federici cómo cree que se puede unir la lucha por los derechos sexuales y reproductivos y la del #MeToo del movimiento feminista con la de los trabajos domésticos y de cuidados.

En ese sentido, la escritora ha explicado que la lucha «más importante» debe ser la que una a todas las mujeres para impulsar al Estado a que realice «un cambio de empleo de los recursos sociales».

«Aquí se van a unir la lucha de las trabajadoras domésticas, con la de otras mujeres u hombres, incluso niños», ha dicho la activista. «Acá en New York muchos de los cuidados de los mayores están a cargo de los niños que se quedan en la casa, pues los padres salen a trabajar y son ellos son los que inyectan a sus abuelas, etc. Hay un montón de miseria», ha argumentado.

Federicci ha dicho que esta lucha debe obligar a los Estados a invertir los recursos de la riqueza que los trabajos de cuidado han producido en el «servicio de la reproducción social»

«Este creo que es el territorio más importante de unificación del movimiento feminista, liderar una lucha por la reproducción», ha concluido.