Suscríbete a nuestra newsletter "Sin permiso"

Caso Pelicot: cuando la revictimización y la violencia institucional se dan la mano

Laura de Grado | Redacción Efeminista - 9 octubre, 2024

El juicio por la violación múltiple a Gisèle Pelicot, drogada por su marido, Dominique Pelicot, durante casi diez años para que decenas de hombres la violaran, está marcando un hito en Francia y en el mundo al poner en evidencia la violencia sexual sistemática que sufren miles de mujeres y la revictimización a la que son sometidas quienes deciden romper el silencio.

Este caso ha sacudido a un país en el que se registraron 114.000 víctimas de violencia sexual en 2023 y es un hecho que marca "un antes y un después" de forma "indiscutible" para la abogada penalista y criminóloga española experta en violencias machistas, Carla Vall.

"El caso Pelicot es un caso paradigmático de la violencia sexual en el marco de la pareja", recalca Vall en una entrevista con Efeminista, ya que, ayuda a comprender mejor y visibiliza esta dimensión de las violencias que se producen en los entornos familiares y cercanos.

El juicio de Aviñón sienta a 51 hombres en el banquillo

El juicio, que comenzó el 2 de septiembre en Aviñón y se extenderá hasta finales de año, sienta en el banquillo a 51 de hombres acusados de violar bajo sumisión química a Gisèle con la complicidad de su marido, Dominique Pelicot, quien durante casi diez años la drogó con ansiolíticos, hasta dejarla en un estado al borde del coma. El hombre contactaba por internet con otros individuos de todo estrato y condición para que abusasen de ella.

Uno de los aspectos más controvertidos del juicio, que Gisèle eligió hacer público para que la "vergüenza cambiara de bando", ha sido el tratamiento revictimizante que ha recibido durante los interrogatorios, como las preguntas de la defensa que insinuaban que ella había dado su consentimiento o la forma que tuvo el juez de referirse a las violaciones como "actos sexuales".

Ha sido la abogada de uno de los acusados, Nadia El Bouroumi, la que ha protagonizado uno de los casos más extremos de esta victimización secundaria, al poner en duda el testimonio de la víctima a gritos en la sala o colgando videos ridiculizándola en sus redes sociales.

Revictimización y violencia institucional en el caso Pelicot

Vall sostiene que los cuestionamientos que enfrentan las víctimas en estos procesos no son sólo revictimizantes, sino que también representan una forma de "violencia institucional".

Con estos ataques, explica, "se busca que la víctima no resista lo suficiente como para que su voz llegue hasta el final del juicio". Esto ha sido evidente en el caso de Gisèle, quien ha revelado que el proceso la ha hecho sentirse insultada, humillada y, además, culpabilizada.

"Tengo la sensación de que la culpable soy yo, y que los 50 detrás son las víctimas!", llegó a responder Gisèle durante una de sus declaraciones afeando las preguntas de los abogados.

En este sentido, la letrada catalana recuerda que "hay unas líneas rojas muy claras que ningún abogado debería pisar nunca, como intentar conseguir que parezca que la víctima sea la agresora y la culpable de lo que ha sufrido".

"Todos los operadores jurídicos tenemos la obligación de aprender a mirar hacia la violencia, es decir, que cuando hay un episodio así, veamos violencia y no veamos un jolgorio", afirma la experta.

Sólo a partir de esa comprensión, dice, se puede intentar "que sea un proceso reparador y que no genere todavía más dolor".

Coincide con ella la magistrada española y ex delegada del Gobierno contra la Violencia de Género Victoria Rosell, para quien "el sistema procesal penal tiene todavía mucho que avanzar, mucho que formarse y mucho que aprender" para conseguir que la reparación de las víctimas sea integral.

En España, la ley del "solo sí es sí", que ha sido citada como un ejemplo por muchas magistradas francesas, establece la proscripción de ciertas preguntas sobre la vida privada de las víctimas, particularmente en lo relacionado con su vida sexual.

"Nos falta mejorar la cultura social y el apoyo social que es tan importante para las víctimas de violencia sexual", añade.

Rosell defiende la importancia de que en este tipo de casos, como en su día fue el de La Manada en España, haya una reparación simbólica en la que "la sociedad y los poderes públicos admitan que existe esta violencia sexual, esta cultura de la violación y luche en contra ella".

Sumisión química, revictimización y juicio social en el caso Pelicot

Durante el 2023 se registraron 114.000 víctimas de violencia sexual por los servicios de seguridad franceses, es decir, más de 300 al día, según datos del Ministerio del Interior de ese país.

Y un total de 94 mujeres fueron asesinadas en Francia en 2023 por sus parejas o exparejas, según las estadísticas del Ministerio de Justicia, aunque organizaciones feministas como Nous Toutes (Todas Nosotras) elevan la cifra a 134 feminicidios.

La periodista, escritora y activista española Cristina Fallarás, quien dedica sus redes sociales a recopilar testimonios de violencia sexual, subraya que el caso Pelicot ejemplifica muchas de las denuncias que el movimiento feminista ha hecho durante años sobre la violencia machista, las cuales, en su momento, fueron minimizadas o tildadas de "exageradas" o "excesivas".

Este caso no solo evidencia la violencia machista en el entorno de la víctima —donde ocurren la mayoría de las agresiones sexuales— sino también cuestiones como la sumisión química, la revictimización durante los procesos judiciales o el juicio social al que se enfrentan las víctimas.

El papel de los hombres contra las violencias machistas

Asimismo, Fallarás critica el uso del hashtag #NotAllMen, cuya traducción es "no todos los hombres", como una respuesta defensiva que pretende desvincular a todos los hombres de la violencia sexual.

La periodista considera esta reacción como una "estrategia del patriarcado" que busca desviar la atención de la violencia real y sistemática que enfrentan las mujeres y destruir el #YesAllWomen que evidencia que todas las mujeres se ven afectadas por el machismo.

"El patriarcado ha impuesto a los hombres un castigo, que es la falta de genealogía", dice Fallarás, sugiriendo que la falta de autocrítica y de un pensamiento colectivo entre los hombres refuerza el ciclo de la violencia.

Por su parte, Vall se muestra muy crítica y añade que el mensaje de "no todos los hombres" debe de ir dirigido entre ellos "y no hacia las mujeres".

"La oportunidad de decir #NotAllMen se podría dar cuando ves un anuncio donde se propone la violación de una mujer mientras está sedada, y en ese momento avisas a la policía y haces algo para que este ciclo de las violencias a nivel social se rompa", asevera.

La oportunidad de incluir el consentimiento en la ley

Este caso también ha abierto la puerta a una posible reforma de la legislación francesa para incluir explícitamente el consentimiento en la definición del delito de violación. Actualmente la ley define la violación como "cualquier acto de penetración sexual de cualquier tipo o cualquier acto buco-genital cometido contra otra persona mediante violencia, obligación, amenaza o sorpresa".

Esta omisión incumple el Convenio de Estambul, que exige a los países penalizar cualquier acto sexual sin consentimiento voluntario.

Además, Francia fue uno de los catorce países que en febrero de 2024 se opuso a incluir el consentimiento como eje clave en la lucha contra las violencias sexuales dentro de la Directiva europea sobre violencia de género, la primera en la historia de la UE.

"Parece mentira lo que está costando este paso en países desarrollados y civilizados y con una tradición democrática", critica la jueza española Victoria Rosell, para quien el consentimiento "es el único sistema que garantiza la libertad sexual de las mujeres".

"El consentimiento es lo que nos permite acceder a la libertad sexual y no al revés. Y, por lo tanto, yo creo que es un gran avance que Francia, siendo un país tan resistente al consentimiento, esté dando este paso", completa Vall.

No convertir el caso en un "true crime"

Sobre la capacidad de cambio social de este caso paradigmático de violencia sexual, Fallarás advierte que la tendencia de los medios a convertirlo en un espectáculo de "true crime" podría desvirtuar su verdadero significado y las lecciones que se pueden extraer de él.

"El mayor error que se está dando es intentar convertir a Giselle en heroína o mártir", asevera la periodista. Y critica que "los medios de comunicación no saben aplicar el relato de lo que está pasando a un relato común porque no tienen costumbre, y entonces lo están tratando como si fuera un asunto único, un caso extraordinario".

"Si el caso se convierte en una ficción, perderá cualquier capacidad de modificación histórica", enfatiza la periodista, que insiste en que la atención mediática debe enfocarse en la historia de Gisèle como parte de un patrón más amplio de violencia machista, no como un hecho aislado.