Boti García Rodrigo: “Ser visible y ser orgullosa como norma de vida”

Blanca García Álvarez | Efeminista - 10 agosto, 2021

A Boti García Rodrigo le gusta describirse como “maleante y peligrosa social”, que es como la calificó durante media vida un Estado del que ahora es la máxima responsable de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI. Una evolución de “niña rara” a activista histórica en la que la ha guiado una máxima: “ser visible y orgullosa como norma de vida”.

Ahora, con el objetivo de explicarse, entenderse y que la entiendan “todos los demás”, relata en “Mayo del cuarenta y cinco” (Editorial Dosbigotes, 2021), la infancia que la convirtió en la persona que hoy es

La directora general de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI, publica el retrato de la España franquista de su infancia, que “estaba cubierta por la manta del nacional catolicismo, que era una manta negra que ni si quiera era de lana, era de esparto negro, pesada, imposible de llevar, que calentaba, quemaba, abrasaba las almas y arrasaba los cuerpos”, describe a Efeminista en una entrevista.

“Yo necesitaba hablar de mi infancia, porque la infancia es la casa de una persona, es el lugar que te hace entenderte”.

Para Boti, licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, estas páginas son la única historia que es suya, porque opina que su aportación a los derechos LGTBI debería contarse “de manera coral” con todas las personas que fueron protagonistas. “Esto solamente podía contarlo yo, quizá para mí misma, para explicarme, para entenderme y de paso para que me entendáis los demás”, subraya.

«Fui medianamente feliz»

Esta autobiografía hasta su adolescencia comienza en realidad antes de nacer, con historias de sus padres, entre las que destaca “el miedo, el susto y también el amor” con el que vivieron el bombardeo de Alcañíz (1938), uno de los más sangrientos de la Guerra Civil y en el que murieron cerca de quinientas personas.

“Mi manera de ser está totalmente cincelada por mis padres”

Entre otras muchas historias, de su padre cuenta que le descubrió el Palacio de Correos y de su madre que la acompañó de la mano bajando el ascensor original de la parada de Gran Vía, ambas diseñadas por el arquitecto Antonio Palacios y que forman parte de “esa estampa del Madrid romántico”.

En este ejercicio de revisión de su niñez, ha descubierto que “no lo pasó mal del todo” pese a ser “hija única con recursos económicos muy mermados en una España en blanco y negro”. “Fui medianamente feliz”, asegura.

Otro de los personajes fundamentales de estos años es su tío, al que define como “cómplice”, porque ella, desde pequeña, “intuía sin saber lo que intuía” cuando su tío se escapaba al extranjero cada vez que el dinero se lo permitía.

Alejarse de España suponía “la libertad para un hombre homosexual” y por eso volvía “con cara de haber respirado todo lo que no se podía respirar aquí”. A ambos les unía su necesidad de salir de esa sociedad oscura y un vínculo de “rareza”.

Orgullosa madrileña nacida en la Glorieta de Atocha

“Ahí nací yo, enfrente el Botánico, arriba el Paseo del Buen Retiro y el Paseo Del Prado”, explica Boti a Efeminista desde su despacho del Ministerio de Igualdad, en plena calle de Alcalá.

Recuerda esos paisajes como marco de su infancia y a Madrid como un personaje fundamental de “Mayo del cuarenta y cinco”.

Por eso, el reciente reconocimiento del Paisaje de la Luz como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco le da “mucha alegría”, siempre que se complemente con el cuidado de la ciudad y con “la preocupación contra la invasión absurda, contaminante y tóxica de tantos vehículos”.

“En mi Madrid de toda la vida había tiendas, garitos, soportales… que han desaparecido bajo esa brocha gorda de las franquicias”, lamenta. Por eso, para ella es de vital importancia que se cuiden las tradiciones castizas y se sepa reconocer la “especificidad y lo propio de cada ciudad” para poder conservar los rasgos “del Madrid único”.

La sociedad española y los derechos humanos

Para Boti, la España de entonces “no tenía colores”, estaba tapada por una manta negra que “cubría las libertades” políticas y “del ser”. “Éramos lo peor”, decía su amigo y compañero Pedro Zerolo sobre el colectivo LGTBI en el franquismo.

“Éramos lo peor, crecimos siendo lo peor y sintiéndonos lo peor. Crecimos sin libertades y sin color”.

Ella contrapone a ese tiempo oscuro la bandera del arcoíris, que es el “contrapunto” a aquella España “en la que no había lugar para las libertades”.

Una evolución social que 75 años después se ve ennegrecida de nuevo por crímenes de odio como el asesinato de Samuel Luiz en Galicia. “Yo acudí a la Puerta del Sol para dolerme y condolerme” con una sociedad que, movida por la rabia y la impotencia de un crimen tan “brutal y deshumanizado” exigía que se terminara esta “violencia rampante” que dificulta la vida a las personas LGTBI.

Para la directora general de Diversidad Sexual, el motivo principal de esta escalada de violencia son los discursos de odio que “no son censurados y se propagan por medios de comunicación”. Y son “la mecha que enciende los crímenes de odio”, asevera.

No le parece casual que el aumento de la violencia coincida con “la irrupción de los neofascismos”, por eso cree que hay que tomar “medidas contra partidos de esta naturaleza” y contra la divulgación de estos discursos en medios, así como dejar claro que el crimen de Samuel fue un asesinato homófobo.

“Tenemos que trasladar a las personas LGTBI confianza, que confíen en las instituciones”.

Ley de Memoria Democrática y el colectivo LGTBI

“En este país todavía no se nos ha pedido perdón por el sufrimiento infligido a las personas LGTBI bajo la dictadura franquista”, lamenta Boti.

Por ello, para la autora de «Mayo del cuarenta y cinco», el proyecto de Ley de Memoria Democrática debe contener un “resarcimiento a las personas LGTBI que sufrieron, que padecieron, que fueron humillados, que fueron machacados, que fueron asesinados” durante el franquismo.

Reconoce que pese a la obligada invisibilización de las lesbianas durante el franquismo, ellas tuvieron más suerte que sus compañeros homosexuales y que las personas trans que fueron quienes sufrieron «la homofobia del patriarcado y el nacional catolicismo (….) Las lesbianas no aparecen por ningún sitio» porque «las palizas, las vejaciones, las humillaciones, el destierro o las prisiones iban hacia ellos».

«Yo siempre digo que, a mi, ser ser lesbiana me salvó la vida porque me permitió ser libre. Libre del padre, libre del hermano mayor, libre del marido y no tuve que sufrir la presión del patriarcado»

«Yo he llegado tarde a todo»

Yo he llegado tarde a todo. He llegado tarde al activismo. He llegado tarde al feminismo. He llegado tarde a la política”, relata desde su despacho en el Ministerio de Igualdad. Pero para ella han sido fundamentales los referentes en su vida. “Aquellas activistas, aquellos compañeros, compañeras del alma que hemos sabido cogernos de las manos y avanzar y conseguir tantas cosas”.

De Pedro Zerolo y “otras tantas” personas ha aprendido “mucho”, pero su principal aprendizaje es que “hay que luchar siempre, que nunca hay que resignarse, que hay que reivindicarse en la lucha cotidiana, que hay que visibilizarse y que hay que levantar la cabeza”. Resume lo vivido en un mantra para recordar constantemente: “ser visible y ser orgullosa como norma de vida”.

En “Mayo del cuarenta y cinco”, Boti García Rodrigo bucea en su infancia para encontrar los lugares comunes de esa niña que se convirtió en una de las mayores referentes LGTBI del país, y revisa esas imágenes de su inocencia desde el humor y la ternura. “Os invito a que lo veáis con esa mirada benévola y un poco sonriente, porque vaya generación… yo creo que hemos salido luchadores precisamente para escapar de todo aquello”, concluye.