Imagen de una asociación rural de mujeres. EFE/Eva García

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Asociaciones de mujeres: motores de dinamización del mundo rural

Eva García González | Nestares (Cantabria) - 25 junio, 2026

Las mujeres mayores en entornos rurales se reúnen en espacios vecinales o 'teleclub' para hacer talleres, disfrutar de charlas o simplemente merendar, lo que, para muchas, supone un momento de socialización y encuentro que sin las asociaciones de los pueblos no sería posible.

Unas quince vecinas de la localidad cántabra de Nestares se dan cita cada lunes en la sede de su junta vecinal, que comparte edificio con el bar del pueblo, de la mano de la Asociación de Mujeres Teda, afincada en el cercano municipio de Reinosa, pero que se desplaza a diversos pueblos del sur de Cantabria.

Araceli, una de esas mujeres, asegura a EFE que "está encantada" con esas reuniones, sensación que comparten el resto de integrantes de este grupo mientras comienzan a coser unas bolsas con telas regaladas por un negocio local que las iba a tirar.

Además de los talleres y las charlas, las asociaciones de los pueblos organizan también excursiones y viajes, comidas, jornadas y chocolatadas —a estas últimas "siempre va alguna más que las habituales"-—, aunque lo más importante para ellas son las reuniones semanales.

Vida en el territorio

Según explica a EFE la representante de la Asociación Teda Isabel Fernández, además de acompañar a las personas mayores y ofrecer alternativas de ocio también a jóvenes, la entidad busca dar espacio y voz a estas mujeres para "sostener la vida en el territorio" y poder llevar las inquietudes y necesidades de su población a las administraciones.

Aunque la Asociación nació para fomentar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, también tiene como objetivo dinamizar el pueblo y dar la oportunidad a trabajadoras del tercer sector —el social— de poder regresar a Reinosa tras estudiar fuera para "hacer lo que les gusta".

Fernández defiende que en los pueblos las mujeres siempre han sido el motor y que iniciativas como las de Teda buscan "recoger ese testigo" y promover proyectos de intervención social mientras devuelven a esas mujeres la labor de toda una vida.

En 2025 llegaron a unas 8.200 personas a través de sus diversos programas, sobre todo a mujeres porque "son más participativas", aunque les encantaría que los hombres se animasen a ser parte de las actividades que organizan.

Está el programa Escolta, de acompañamiento a personas mayores que viven solas o no tienen familiares que se hagan cargo en momentos cotidianos como dar un paseo o ir al médico y a la peluquería; o el proyecto Atalaya, que impulsa talleres de autoconocimiento, manualidades, memoria colectiva, mente activa o psicomotricidad.

Teda desarrolla también proyectos comunitarios en los que son los propios asistentes los que proponen cuestiones y comunican lo que necesitan para sus pueblos, "cómo quieren cambiar sus realidades y cómo quieren implicarse", reuniones intergeneracionales que buscan fomentar el intercambio entre jóvenes y mayores.

Sin relevo

En el municipio lebaniego de Camaleño, la Asociación de Mujeres del Valle de Camaleño lleva 25 años organizando actividades gracias a Isabel Casares, que preside la entidad.

Dice que "es una satisfacción representar a todas esas mujeres" y que disfruta mucho de su labor —que combina con el trabajo de su quesería—, pero lamenta que cuando ella lo deje "no habrá relevo" y seguramente no continúe la actividad.

Las actividades de la asociación "significan mucho" para las habitantes del valle porque si no fuera por ellas "muchas no se verían", lo que les hace animarse unas a otras a, al menos, reunirse a charlar, porque "lo importante es sacar a las mujeres de casa", enfatiza.