Antonia San Juan (en la piel de Doña Rosita la Soltera): Una mujer sexualmente sigue sin ser libre

Laura de Grado Alonso | Madrid - 25 agosto, 2020

«Doña Rosita es la vida mansa por fuera y requemada por dentro de una doncella granadina, que poco a poco se va convirtiendo en esa cosa grotesca y conmovedora que es una solterona en España». Así presentaba Federico García Lorca su obra «Doña Rosita la soltera», o «El lenguaje de las flores», con motivo de su estreno en Barcelona por la compañía teatral de Margarita Xirgu en diciembre de 1935 , siendo la última obra de teatro estrenada en vida por el dramaturgo. 

Ahora, la actriz y directora Antonia San Juan (Las Palmas, 1961), con la emoción de volver a pisar un teatro tras el confinamiento, se mete en el papel de Doña Rosita la Soltera para encarnar la tragedia de la soltería española, la presión hacia las mujeres y las barreras sociales, en uno de los monólogos del espacio de creación virtual de Teatros del Canal «La cuarta sala del Canal».

De la mano de este proyecto que permite continuar la creación artística de manera no presencial mientras duren las medidas adoptadas para la prevención del coronavirus, San Juan, que saltó a la fama con el film de Pedro Almodóvar «Todo sobre mi madre»,  acerca al público a una Rosita encorsetada en las tradiciones, una mujer a quien el amor no ha hecho libre y que resulta hoy de tanta actualidad o más que cuando fue escrita.

La vuelta a los teatros de Antonia San Juan

Pregunta.- ¿Cómo surge este monólogo?

Respuesta.- Recibí la propuesta, mi secretaria me lo comentó y me pareció interesante. Con todo el tema del confinamiento no estábamos trabajando y era una manera de empezar a poder pensar en volver.

En el trabajo fue como una antesala terapéutica, un poco para ver cómo sería otra vez trabajar. De hecho, yo llegué y me puse a llorar cuando entré en el teatro. El olor del teatro, el suelo, ver el patio de butacas vacío y el ambiente del teatro me emocionó. Hacía mucho tiempo que no actuaba y me tocó.

P.- ¿Cómo fue meterse en el personaje de Doña Rosita?

R.- Yo soy bastante solitaria, en el sentido de que disfruto mucho de estar sola en casa, leyendo, memorizando, estudiando y tengo muchos monólogos memorizados de Lorca, de Lope de Vega, de Calderón… Desde pequeña siempre me ha gustado todo lo que tiene que ver con la literatura y con los personajes, con lo cual ese monólogo también me lo sabía. Lo había hecho en teatro porque era una pieza elegida, igual que tenia otros de Quim Monzó o el de Fuenteovejuna… Es decir, eran monólogos que estaban, lo que pasa que hacía tiempo que no lo utilizaba. Propuse ese, gustó y así fue.

Doña Rosita, encadenada por el amor

P.- ¿Cómo es esta mujer que escribe Lorca? ¿Cómo es el estigma de la solterona?

R.- Hay que enmarcarlo en esa época y empatizar cuando tú lo interpretas. Sin embargo, yo contradiría. Quiero decir, ya pocas mujeres tienen esa idea. ¿Qué mujer se pone triste hoy en día porque esté soltera? Tiene que ser que no tenga viveros en la vida, que piense que lo más importante en la vida es tener un hombre al lado, que siga entendiendo el amor como el amor cortés, como en el siglo XIX, gente que crea que el amor no tiene fecha de caducidad. El amor tal como nos han enseñado a amar es equivocado, esa cosa posesiva, creyéndote que todo es una burbuja de comienzos, donde todo es la pasión.

Doña Rosita lo que tiene es que no se enfrenta a ella misma, sino que es como si viviese en una rutina y, para ella, en ese sentido, es como si el reloj se parara, ella rompe el tiempo. Cuando dice «me he acostumbrado a vivir fuera de mi, pensando en cosas que estaban muy lejos», lo que está diciendo es que el tiempo ha pasado, que ya es vieja. Es terrible para ella y tienes que empatizar, porque para ella es pisar la realidad por primera vez. El entorno la ha hecho creer que es joven, las otras han hecho un esfuerzo de parecer jóvenes para que ella se sienta joven. Y ella baja a la realidad y se da cuenta de que es vieja y de que el tiempo ha pasado y sin embargo ella sigue igual.

Hubo aquí una similitud con el momento que estamos viviendo. Nosotras antes del confinamiento vivíamos de una manera y socializábamos de una manera muy diferente a cuando bajamos a la calle después.

Yo recuerdo la primera vez que salí a la calle después del confinamient,o me sentí como una hoja al viento. Era una sensación rara, sentí miedo, como si hubiera perdido el equilibrio.

«Una mujer sexualmente no es libre»

P.- Como comenta, aunque muchas mujeres ya no se sientan tan presionadas por la soltería, ¿cree que la sociedad sigue viendo a las mujeres como si el matrimonio fuese su fin último en la vida?

R.- No hay una contribución social a un cambio de pensamiento. Se sigue hablando del amor, de lo perenne, como si el amor fuera para siempre. Hasta a las mujeres que están fértiles se les sigue diciendo «¿pero tu no vas a tener hijos? ¿no piensas casarte?». Digamos que hay un sector de la sociedad que sigue pensando de esa manera, porque la herencia psíquica está ahí.

Hay cambio en la manera de vestir, pero en lo psíquico y en las tradiciones, incluso, yo diría que vemos una época bastante conservadora. Lo vemos en los programas de televisión donde se hacen unos juicios sumarísimos a las mujeres si tienen una vida sexual libre. Una mujer sexualmente no es libre. Una mujer sería incapaz de reconocer públicamente que se acuesta con quien le da la gana porque sabe el nombre que le van a poner. Sin embargo un hombre no, un hombre lo contrario.

P.- En doña Rosita están muy presentes los mitos del amor romántico, como esa eterna espera.

R.- Si, lo dice. Dice «de quien quise con toda mi sangre y a quien quiero», ahí se ve que ella se quedó anclada en ese amor. O cuando dice «recibía sus cartas con una ilusión llena de sollozos que aún me asombraba» y termina con «y sin embargo la esperanza me persigue, me ronda, me muerde…». Aun así, ella sigue esperando.

Hay que saber irse de los lugares, uno no puede estar reclamando amor todo el rato y esperando. Cuando alguien te dice que no, es que no. Yo cuando he notado en una relación que alguien no me quiere, me voy, se lo facilito. Y el monólogo de doña Rosita te dice eso.

Ella no lucha, yo la veo totalmente encarrilada, asumiendo la ideología, sigue pensando en el fantasma.

Combatir la «enfermedad» del machismo

P.- ¿Cree que ha evolucionado esta concepción del amor y de las mujeres o hay peligro de volver atrás?

R.- Revisa la música que escuchamos, mira los programas de televisión que vemos, mira cómo visten, cómo la gente sigue hablando de ciertas cosas y eso te va a dar el resultado de como va a ser el futuro. Los derechos civiles son una cosa, pero un cambio de pensamiento…solamente mira la televisión.

¿Que queremos pensar que la situación puede cambiar? Bueno… yo creo que eso nos tranquiliza, pero a la vez nos vuelve menos combativos. Porque si pienso que la mujer no es como antes, soy menos combativa. Pero si, por el contrario, pienso que no, que ha habido un retroceso o que no ha habido un avance, entonces soy combativa.

Yo digo que si tienes una enfermedad no le puedes dar la espalda a tu cuerpo. Entonces si tienes la enfermedad, lo que hay que ser es combativo, tomarse la aspirina.

El amor romántico, la última cadena del patriarcado

P.- ¿Diría que estamos entrando en un estado de conformismo?

R.- Para todo hacen falta herramientas, no es solamente revisar a nivel consciente, no es sólo lo que pasa, es también lo que subyace, lo que hay por debajo. Por ejemplo, tu puedes ser una gran profesional, haber alcanzado un gran puesto pero después puedes llorar detrás de un hombre para que te quiera. Eso no va unido.

P.- ¿Vamos a verla en algún otro proyecto próximamente?

R.- Estoy memorizando piezas todo el rato. Estoy pendiente del estreno de la película de las niñas de Alcasser («75 días») en la que hago el papel de una de las madres. Luego estoy también con una obra de Félix Sabroso que la hicieron en su momento Loles León y Bibiana Fernández, que la voy a hacer con Nuria Roca y que se llama «La gran depresión». También estoy escribiendo mi tercer largometraje. Sobre todo estoy aprovechando para leer y escribir mucho.