Anne Waldman: «Durante mucho tiempo, las mujeres ‘beat’ estuvimos entre bastidores»

María G. de Montis | Madrid - 5 septiembre, 2022

Anne Waldman apenas tenía veinte años cuando conoció a una de las generaciones de poetas más influyentes de la tradición contemporánea, los llamados ‘beat’, un grupo formado en la década de los cincuenta que rechazaba los valores tradicionales estadounidenses, abrazaba una supuesta «libertad sexual» y se acercaba a las religiones orientales, integrado, entre otros, por autores como Jack Kerouac, Diane di Prima o Allen Ginsberg. A su lado, Waldman construyó un compromiso social y con la poesía que, más de medio siglo después, permanece intacto. “La gran ventaja de mi trabajo fue que pude abrirme al mundo, que pude ayudar al mundo a través de las artes”, cuenta la escritora en una entrevista con Efeminista.

Ahora, la poeta, editora y profesora publica en España su primera antología bilingüe completa, “Para ser estrella a medianoche”, editada por Arrebato y llevada al castellano por el Premio Nacional de Traducción Mariano Antolín Rato. Un libro con el que Waldman (Nueva Jersey, 1945) homenajea a compañeros de profesión a los que ha querido y admirado, medita sobre feminismo y refleja “las tensiones históricas” que agrietan nuestras sociedades a través de poemas, ensayos y un archivo fotográfico con el que recorre su vida.

“Asistimos al fin de lenguas, a la difuminación borrosa de las distinciones entre países y culturas por este capitalismo tan atroz”, apunta. “Estamos constantemente bajo vigilancia y eso es algo que los ‘beat’ ya vieron. Si rebuscas en los archivos de Ginsberg, de Burroughs, de Kerouac… todo eso está ahí, muy expuesto”.

Espiritual, reivindicativa y, ante todo, “antifascista”, Waldman llega a las librerías españolas a tiempo para una gira que la llevará por la península durante el mes de octubre y que a la poeta le resulta “de lo más ilusionante”.

Cartel de la gira de Anne Waldman por España. Cedido por Arrebato Libros.

“Nunca he estado en Pamplona”, reconoce entre risas, “y tengo muchas ganas de volver a Granada, sobre todo por Lorca. No solo por lo importante que ha sido para toda mi generación de poetas, sino porque su figura sigue dando continuidad a la lucha, a la lucha contra el fascismo. Y es simplemente abrumador pensar que estamos viviendo esto otra vez”.

Las mujeres ‘beat’, por detrás de sus compañeros

PREGUNTA.- En los últimos años, las llamadas “mujeres de la generación beat”, entre las que está incluida, captan más interés por parte de las editoriales. ¿Por qué?

RESPUESTA.- Sí, creo que hay más interés, un nuevo sentido de relevancia. Por ejemplo, los textos de Diane di Prima son muy proféticos, creo que es algo que solo se ha apreciado con el tiempo: esa visión del mundo tan distinta, tan alternativa, antítesis a lo que veníamos conociendo. Por supuesto, además, durante mucho tiempo las mujeres estuvimos entre bastidores y, en todo caso, fuimos conocidas por nuestras memorias. Es el caso de Diane o de Joanne Kyger, por ejemplo, que estuvo casada con Gary Snyder y viajó con él, dando cuenta de sus viajes con Allen Ginsberg y Peter Orlovsky.

Hay muchas otras autoras afiliadas al movimiento literario ‘beat’, pero los que recibieron el foco, la atención y las publicaciones fueron principalmente poetas masculinos. Sin embargo, nosotras siempre estuvimos ahí y somos parte de la documentación y del archivo de esto. Por ejemplo, Joyce Johnson, que es una escritora y editora brillante, escribió unas memorias muy importantes, “Personajes secundarios” (editado en España por Libros del Asteroide), en las que cuenta lo que pasó en el movimiento. Ella lo conoció bien porque fue pareja de Jack Kerouac cuando apenas era una adolescente.

Todas ellas (Diane di Prima Joyce Johnson, Joanne Jygger) son poetas magníficas y poderosas, pero durante muchos años se las ha relegado al género de cronistas y documentalistas del movimiento beat. Y eso es muy injusto.

P.- ¿Cómo ve el mundo ahora para las mujeres?

R.- Bueno, el mundo está cambiando y toma un cariz difícil y aterrador para las mujeres. Las protestas contra la opresión son muy fuertes, pero también estamos asistiendo a retrocesos en muchos países del mundo. Por ejemplo, al fin de Roe Vs. Wade, un hecho realmente traumático.

Pero resulta que he estado investigando los últimos 60 años de la derecha en Estados Unidos y todo esto es muy interesante. ¿Conoces la John Birch Society? Es un grupo de poder, prácticamente un linaje familiar, que simpatiza y apoya al conservadurismo de este país. También he estudiado a los hermanos Koch, que forman una empresa de apoyo a los ricos y al gran capital, como a Donald Trump. Ellos han sostenido estos mensajes durante años y este es el resultado, pero yo creo en el karma y en la causa y el efecto del tiempo.

Miro mi vida y veo guerras interminables, eternos establecimientos militares, peleas por las nuevas armas nucleares… Creo que ser poeta es saber trabajar con esto: conocer tus tareas y el entorno en el que te mueves, aprender la historia y tratar de ir más allá, casi a lo profético. Los mejores poemas épicos trabajan en esa línea.

El movimiento feminista de los 50 y los 60

P.- Volvamos entonces sobre la genealogía. La publicación de autoras, aunque sea una decisión mercantil, aporta a ese propósito.

R.- Claro, y yo siempre he aportado a esa construcción. En términos del movimiento feminista, crecer en la década de los cincuenta y los sesenta me ayudó mucho, aunque siempre he intentado alejarme del activismo porque creo que, estando ahí, es complicado mantener los pies en el suelo, no sentirse magnetizada. Para mí, como poeta, es importante preservar eso. Yo trabajo desde el presente y, por eso, considero que estudiar la genealogía y el linaje es muy importantes.

No podemos separar nuestra trayectoria vital del tiempo que habitamos. Yo hice carrera en la poesía: escribiendo, colaborando y construyendo comunidad, viajando. La gran ventaja de mi trabajo fue que pude abrirme al mundo, que pude ayudar al mundo a través de las artes. Y con la locura y el caos que trae lo contemporáneo, con la dominación del capital, la crisis climática… todas esas cosas están desapareciendo. Asistimos al fin de lenguas, a la difuminación borrosa de las distinciones entre países y culturas por este capitalismo tan atroz. Estamos constantemente bajo vigilancia y eso es algo que los beat ya vieron. Si rebuscas en los archivos de Ginsberg, de Burroughs, de Kerouac… todo eso está ahí, muy expuesto.

P.- Habla de hipervigiliancia, de capital… pero hace cincuenta años su poesía ya cargaba contra el militarismo. ¿Es más difícil escribir ahora poesía política, con un objetivo menos tangible?

R.- Simplemente me ha entrenado, pero no creo que sea más difícil, porque la ética continúa intacta. Yo sigo alerta, luchando por los derechos civiles y por la humanidad, por los derechos de todos los seres sintientes. Es algo que llevo haciendo desde la década de los sesenta, conociendo culturas y reevaluándome constantemente.

Siempre quiero saber más, colaborar, viajar. La poesía es mi medio, mi manera de vivir el mundo, de conducir mi vida. Es todo mi ethos y con el tiempo solo se hace más fuerte, porque ingresan nuevas energías, aumenta la diversidad.

Cuando era más joven quería ser parte de la creación, ayudar a crear un mundo y espacios para la poesía, llevándola al entorno público. Pienso en mí misma como una activista cultural y eso no ha cambiado con el tiempo.

La autonomía del poema

P.- ¿Se considera una poeta performática?

R.- Sí, aunque también respeto mucho al papel y cómo funcionan los poemas en la página, cómo se contienen y se mueven. No es solo un guion, son marcadores. Pero es cierto que trabajo con los textos a muchos niveles y ese es solo uno. Hay poemas con los que me gusta improvisar, otros que están dispuestos a colaborar con la música… recientemente he escrito un libreto con una ópera rock que se estrenará en la Ópera de Filadelfia. Pero para eso hay que conocer el lenguaje y los sonidos, entrenar las pausas, el silencio y las respiraciones. El poema es, en muchos sentidos, autónomo.

Como poeta, hay que conocer el desglose de ideas, el sonido, la música innata del lenguaje, sobre todo si no quieres estar repitiendo clichés y consignas constantemente. Ese es, a la vez, el desafío y el reto que tiene toda poeta. Además de, como ya hemos dicho, estar comprometido con el tiempo y con la historia, con esa batalla espiritual. Y sí, es una tarea difícil, hay que ser impecable con tu forma de ser, de habitar el mundo, y eso exige paciencia.

P.- “Para ser estrella a medianoche” es una recopilación de poemas e imágenes. Algunos tienen muchos años y, sin embargo, son los más contemporáneos, los más políticos: habla de crisis climática, feminismo… ¿A qué cree que se debe?

R.- Bueno, creo que tiene mucho que ver la edad a la que los escribí. Ahora los leo como una llamada de atención: era todo tan urgente, tan importante… La revisión que ofrece este libro ha sido muy interesante para mí, porque ahora estoy trabajando en una especie de memoria autobiográfica y en poemas que he encontrado de cuando era muy joven.

Estamos viviendo tan solo una versión de nuestro mundo, tristemente impulsada por la codicia y la pasión, la ignorancia y la agresión… ese es el sentido actual del mundo. Pero tan importante como es eso es cómo decides mirar el tiempo que estás viviendo, cómo de contemporáneo eres. Porque la oscuridad es uno de los lados y hay que entrar, hay que manejarlo, pero hay muchas otras cosas. Y hay que sincronizarlas todas para no volverte loco frente a tanto dolor y sufrimiento. Parte del trabajo es, a través de la escritura, mantener la conciencia, no perder la cabeza mirando a la oscuridad.