Ana Bernal-Triviño: «¿Cuándo hemos hablado una semana entera de violencia de género en prime time?»

Laura de Grado Alonso | Madrid - 14 abril, 2021

«¿Cuándo hemos hablado una semana entera de violencia de género en prime time?», se pregunta la periodista e investigadora Ana Bernal-Triviño, que explica que los medios de comunicación no son más que el reflejo de la sociedad, de una sociedad patriarcal, y que por ello, todos incurren, en mayor o menor medida, en contenido machista.

Para que los medios de comunicación cambien, añade, tienen que tomarse la perspectiva feminista con auténtico compromiso y con vocación de servicio. Tienen que asumir ese compromiso que está reflejado en la Ley de Violencia de Género.

La experta en violencia de género insiste en que el deber de los medios es «sensibilizar y prevenir», brindando una «información de servicio» que pueda ayudar a las mujeres que se encuentren en situaciones de maltrato, ha apuntado durante una entrevista con Efeminista con motivo de su participación en las emisiones especiales del programa televisivo «Sálvame» sobre el testimonio de maltrato de Rocío Carrasco.

La emisión de la serie documental «Rocío, contar la verdad para seguir viva», que se estrenó en Telecinco el 21 de marzo con una cuota de pantalla del 33,2 % y 3.787.000 millones de espectadores, ha provocado que el debate en torno a la violencia de género ocupe el horario de máxima audiencia en televisión y ha vuelto a poner sobre la mesa el papel de los medios de comunicación en la lucha contra la violencia machista.

Para la profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la emisión del testimonio de una mujer víctima de maltrato en una televisión en abierto en horario de máxima audiencia ha permitido acercar a la población conceptos como violencia institucional, luz de gas, violencia vicaria o el síndrome de alienación parental (SAP), que muchas veces quedaban limitados al ámbito académico.

Por ello, Bernal-Triviño (Málaga, 1980) espera que Rocío Carrasco sea un punto de inflexión en la concienciación sobre la violencia psicológica que sufren muchas mujeres por parte de sus parejas o exparejas, al igual que lo fue Ana Orantes con la violencia física.

«Hay mucho de prejuicios y de clasismo» en las críticas a Telecinco

Pregunta.- ¿Por qué ha suscitado tanta polémica la emisión de “Rocío, contar la verdad para seguir viva” y por qué esas críticas tan feroces?

Respuesta.- Las principales críticas vienen por los prejuicios con la cadena, pero a mi esto me lleva a otra reflexión: yo he sido siempre la primera crítica, y no solamente con Telecinco, sino con todos los medios de comunicación, desde radio hasta prensa en papel, entonces creo que hay mucho de prejuicios y de clasismo. Lo que no llego a entender es que si siempre hemos estado señalando la falta de voces expertas en estos espacios, por qué cuando abren el abanico y ofrecen una pequeña grieta para incorporar esto, se critica también. ¿Qué es lo que estamos demandando entonces? Si queremos cambiar los espacios, tenemos que pasar por ahí. Realmente a día de hoy, en la historia del feminismo, no creo que hayamos conquistado un espacio sin que antes fuera machista.

Y tal y como estamos, yo prefiero estar ahí a no estar y que ese espacio sea ocupado por una voz negacionista, que confunda y que contribuya a la desinformación en un momento que yo considero vital.

«En esas llamadas al 016 hay mucho reconocimiento de violencia psicológica»

P.- Desde la emisión del primer programa las llamadas al 016 aumentaron en marzo un 61 % respecto al mes de febrero. ¿Por qué este aumento? 

R.- Vamos a muchas conferencias y a muchos ciclos, pero la mujer que está sufriendo un maltrato muy difícilmente va a ir a esas conferencias. Las conferencias nos ayudan a nosotras a ponernos al día, a actualizar contenido y vienen muy bien, pero es mucho mas fácil que nos colemos dentro de su hogar por esta vía, y ya no solo por la televisión, sino por el móvil.

Creo que también en esas llamadas al 016 hay mucho de reconocimiento de la violencia psicológica, que está muy normalizada, incluso por nosotras mismas. Y creo que ese es el punto de inflexión. En el caso de Ana Orantes fue muy evidente el maltrato físico y la sociedad lo identificó de forma más rápida. En este caso ha ocurrido con el maltrato psicológico. Cuando hablas a una mujer y le dices «oye que puedes sufrir maltrato psicológico, pero no solamente por una humillación, por un insulto o por una amenaza directa, sino que hay una cosa que se llama luz de gas, que es mucho más sutil, que es más delicada, que te va a ir minando tu autoestima», ese tipo de reflexión es lo que puede hacer y provocar que muchas mujeres se hayan identificado.

P.- ¿Son equiparables el caso de Ana Orantes y el de Rocío Carrasco en cuanto a la violencia de género? En el caso de Ana Orantes supuso un antes y un después, la violencia de género pasó de lo privado a lo público, ¿Cree que puede haber un antes y un después otra vez?

R.- Yo espero que esto sea un punto de inflexión en cuanto a la crítica del poco reconocimiento de la violencia psicológica y sobre todo en el marco de la violencia institucional, que no está reconocida salvo en la ley Catalana. Necesitamos que esa violencia institucional sea recogida y las mujeres puedan ampararse y saber que cuando se viole ese derecho, pueden demandar y exigir una respuesta por parte del Estado. Entonces yo sí creo que puede marcar un antes y un después, por lo menos, en una línea de debate y de reflexión que, a día de hoy, no se está haciendo.

«¿Cuándo hemos hablado una semana entera de violencia de género en prime time?»

P.- ¿Ha servido la emisión de este programa para explicar en prime time términos como luz de gas, violencia vicaria y síndrome de alienación parental? ¿Qué importancia tiene que estos conceptos lleguen a tanta gente?

R.- Totalmente, a las personas que criticaban el programa yo les decía: ¿Cuándo hemos hablado una semana entera de violencia de género en prime time? Esto ha estado en prime time, toda una semana hemos hablado de violencia de género, la gente ha conocido conceptos como el síndrome de alienación parental, como luz de gas y ha abierto el campo de lo que puede ser la violencia psicológica. El otro día hablamos de la violencia institucional y hablamos de violencia vicaria.

De repente un montón de conceptos que teníamos ahí, que conocemos las que nos dedicamos a este tipo de especialización, han pasado a la primera plana y yo eso si que lo considero un logro en un momento en el que, además, el mensaje negacionista está potente.

P.- ¿Después de esto qué? ¿Qué pasará cuando se acabe esta serie documental y Mediaset retome programas con contenido abiertamente machista? 

R.- Esa pregunta también me la hago yo, pero no me la hago solamente con Telecinco, sino en todas las cadenas. Pero, insisto, yo que en estos doce programas se hable desde una perspectiva de género y se trate con una perspectiva de género, lo prefiero a no tratarlo, porque intuyo que algo quedará. Y en los programas que llevo de Rocío no me he enfrentado con nadie, es más, el otro día estaban Belén Esteban y Kiko Hernández y me escuchaban con interés; mientras que en una televisión pública yo me he sentado con señores y con señoras, con traje, chaqueta y corbata y he tenido ganas de irme llorando porque no me escuchaban, porque su convencimiento y su normalidad es absolutamente machista y daba igual lo que yo dijera.

Entonces, bueno, ¿Qué va a pasar con Telecinco cuando acabe la programación? Pues lo mismo que pasa en todas las cadenas, donde hay un montón de contenidos machistas a lo largo de toda la programación y no veo que se forme tanto revuelo.

Creo que tenemos que saber que hemos tenido una oportunidad, vamos a aprovecharla y vamos a ver que ocurre después. Y si solamente una mujer ha llamado al 016, a mi me vale.

«Nuestra finalidad es que si una víctima lo va a leer, le ayude»

P.- ¿Qué estamos haciendo mal los medios de comunicación a la hora de llevar el discurso de la violencia machista?

R.- Uno de los principales errores es que cuando escribimos no pensamos en las víctimas y creo que en esto se ha notado mucho.

Hay una parte de feminismo que está muy en la teoría, que es necesaria, pero creo que también tenemos que pensar en la parte práctica. No todas las mujeres van a ir a una conferencia, ni se van a informar por un documental de La 2, ni se van a leer un libro de Simone de Beauvoir y se les va a abrir el mundo. Porque ninguna mujer maltratada llegó así, y ya no te digo al feminismo, no llegó así a salvarse de la violencia de género. Que esa es otra reflexión que tenemos que hacer, que no todas las víctimas tiene que ser feministas.

Principalmente el error que solemos cometer es que no pensamos realmente en cuál es nuestra utilidad, que no es escribir para lucirnos ni para que nos den un premio, ni nada. Nuestra finalidad es que si una víctima lo va a leer, la ayude, o bien a reflexionar y darse cuenta de que lo está sufriendo o para que la que ya lo está sufriendo sepa qué puede hacer. Es decir, una información de servicio.

P.- ¿Cómo se puede mejorar o qué es lo más urgente que tenemos que revisar y cambiar los medios?

R.- Para que los medios de comunicación puedan cambiar, primero, tienen que tomarse la perspectiva feminista con auténtico compromiso, con vocación de servicio público o privado, me da exactamente igual desde el medio que se haga. Tienen que asumir ese compromiso, que ya estaba reflejado en la Ley de Violencia de Género, que nuestra misión es sensibilizar y prevenir. Sensibilizar y prevenir. Y si no tenemos esa visión de ponernos en la piel de esa mujer, cometeremos errores.

Nuevas maneras de llegar a la población joven

P.- Con todos los recursos que se han dedicado desde las instituciones a luchar contra violencia de género, ver lo que ha conseguido una cadena con unos programas de una manera tan didáctica y desde el punto de vista de la víctima, que se hayan aumentando las llamadas al 016. ¿Cree que el Ministerio de Igualdad y las instituciones tomarán nota?

R.- Este caso es el que demuestra hasta que punto los medios pueden tener impacto, porque nosotros hemos contabilizado las llamadas al 016, pero me gustaría saber cuántas personas se han ido a su cama después de ver el documental, personas que no están afectadas por violencia de género o que a lo mejor conocen a alguien del entorno o que han tenido ese momento de reflexión sobre la violencia psicológica. Yo creo que el impacto es mucho mayor que lo que vemos en el 016 y el propio Ministerio debería darse cuenta de que podemos hacer muchas campañas de sensibilización, pero si al final no llegan, no tiene sentido.

Creo que también habría que desarrollar nuevas maneras de llegar a una población que es la joven, que no se está informando o que se está informando por Tik Tok, por Instagram y por Twitch, por ejemplo. Y ahí están entrando muchos youtubers machistas, con un discurso joven, desenfadado, muy vinculado al ocio, donde se están normalizando desde violaciones hasta negando la violencia de género.

¿Pensamos que sin ir a Telecinco y sin abarcar otra serie de dispositivos y de medios o de canales vamos a seguir combatiendo la violencia de género? No. Vamos a tener que ir, precisamente, a los nichos que estamos dejando abandonados.

«La justicia trata las violaciones grupales como una individual y no»

P.- El martes 6 de abril se celebró la primera sesión del juicio de la manada de Sabadell. El interrogatorio por parte del fiscal a la joven volvió a poner sobre la mesa el debate de la doble victimización que el proceso penal supone para las víctimas de violencia sexual. ¿Qué opina de la actuación de la justicia en casos como este?

R.- Lo que ocurrió me pareció una auténtica vergüenza, por decirlo de manera delicada. Yo pensaba que después de todo lo que ocurrió con la Manada la justicia había reflexionado. Y cuando ocurre esto es cuando te das cuenta de que los agentes jurídicos tampoco están formados en violencia de género porque si simplemente conocieran cual es el círculo de la violencia, sabrían que algunas preguntas sobran. Hay muchas de estas preguntas que se podrían haber hecho de otra manera si realmente las necesitaba la fiscalía para cerrar el caso y hay otras que eran completamente absurdas y era profundizar en el dolor de ella. Aparte, que muchas de ellas iban directamente a culpabilizarla.

Y esto también abre el debate de que la justicia sigue tratando las violaciones grupales como una violación individual, y no, estamos hablando de otro contexto. Desde la Manada hasta ahora ha habido más de doscientas violaciones grupales y se está normalizando.

Hay que hacer un profunda revisión de todo el sistema para que cuando esas mujeres den el paso, sientan que se les va a responder y a dar seguridad y que no van a sufrir.

P.- Habla de una revisión del sistema judicial, ¿alguna medida en concreto o qué urge para terminar con esta victimización secundaria y que las victimas vuelvan a confiar en el sistema?

R.- Que hagan los deberes porque el Estatuto de la víctima está para algo, no es un papel solo. Léanse el Estatuto de la víctima, tengan formación en perspectiva de género, no solamente los jueces y juezas, sino todos los operadores jurídicos: la abogacía, la fiscalía, absolutamente todos. Porque es una cadena y termina por afectar en esa situación y creo que con lo que tienen, ya lo pueden hacer bien, pero tienen que tener voluntad y compromiso y eso es lo que está fallando.