La autora de la novela La hija del sordo, Julia Montejo, en una entrevista con Efeminista. EFE/ Julia García
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Julia Montejo: "El cuerpo de las mujeres ha dejado de ser un obstáculo para la creación"
¿Cómo es vivir en un entorno en el que te privan del habla? ¿Cómo se construye el mundo de una persona que vive en silencio? son algunas de las preguntas que plantea la escritora navarra Julia Montejo en la novela La hija del sordo, en la que presenta un entorno familiar complejo y en el que Amada, la protagonista de la historia, tiene prohibido hacer uso de la palabra.
La obra de Montejo (Pamplona, 1972) supone un viaje sobre el trauma y la supervivencia, además de una muestra de cómo el arte es un elemento fundamental para que la protagonista encuentre "su lugar en el mundo". Así, el silencio es un componente esencial en esta novela "porque permite un espacio en el que para aprender el mundo hay que utilizar otros sentidos que no sean la palabra", explica a Efeminista la autora.
Montejo presenta una obra en la que las mujeres sufren distintos tipos de violencias machistas, lo que asegura que "está muy relacionado con el hecho de ser madres, ya que realmente un grupo muy pequeño de mujeres querían, tenían que serlo porque si no, no eran mujeres completas".
Una protagonista que vive en el silencio
Pregunta (P).- ¿Quién es Amada?
Respuesta (R).- Amada es la protagonista de mi novela. Es una niña que nace en un caserío muy aislado, en la Vasconia profunda, con unas circunstancias familiares muy peculiares porque su padre es sordo y tiene mucho miedo de quedarse fuera de la familia que ha construido, y por eso en su hogar están prohibidas las palabras. La madre pronto va a darse cuenta de que eso no puede ser, que no la pueden dejar así en el mundo y ella aprenderá a conocer el mundo a través de todos los sentidos que no son la palabra.
P.- ¿Cómo opera el silencio a lo largo del libro y cómo se relaciona el silencio con Amada?
R.- El silencio es fundamental en la obra porque permite un espacio en el que para aprender hay que utilizar otros sentidos. Aprendemos a través de las cosas que nos enseñan, construimos pensamiento a partir de la palabra, pero al mismo tiempo la palabra nos limita, a través de ella nos mentimos, nos tratamos mal.
Aprender el mundo a través de otros sentidos pone de manifiesto que no tener un sentido no es una discapacidad, o no debe de serlo, porque otros se ven potenciados. Te conviertes en una persona distinta, y para Amada, es una oportunidad de desarrollar otros talentos que en condiciones normales no hubiera podido desarrollar.
P.- ¿Qué son las palabras para Amada?¿Qué significa el teatro para ella?
R.- Amada se convierte en una especie de alquimista de los sentidos porque a lo largo de toda su infancia y adolescencia el mirar de otra manera hace que ella se convierta en una persona extraordinaria. Y las palabras pueden convertirse en límites en sí mismas, pero también son necesarias para ordenar el mundo y para que encontremos el lugar que ocupamos en él, son muy importantes en la construcción de la identidad.
Durante el libro hay esa conquista del mundo de la palabra que va a convertir a Amada en la persona que es. Sin embargo, de alguna manera, todo lo que ha quedado soterrado durante toda su infancia se va a manifestar como algo mucho más importante de lo que ella creía en esa construcción de la identidad.
Las mujeres, atravesadas por distintos tipos de violencias machistas
"La violencia está muy relacionada con el hecho de ser madre. Una de las cosas que me preguntaba es si realmente las mujeres hemos querido siempre ser madres. Me he dado cuenta de que realmente un grupo muy pequeño de mujeres querían, tenían que serlo porque si no, no eran mujeres completas, ser mujer implicaba ser madre.
P.- ¿Cuál es la importancia de las mujeres en el libro?
R.- Es fundamental, porque todo lo que he aprendido durante estos años sobre las mujeres, y lo que se pone de manifiesto una y otra vez, es que las mujeres de alguna manera, sobre todo las que aspiraban a tener una vida artística, han tenido que ponerse un disfraz muy normativo.
Necesitaban no ser atacadas constantemente, precisamente por sus ansias de libertad y por sus sus ansias de construcción más allá de lo que se esperaba de ellas. Yo creo que las historias de las mujeres han sido mucho más interesantes de lo que creemos, porque ellas mismas han sido las que no se han proyectado de una manera tan normativa.
P.- Muchas de las mujeres que presentas en la obra están atravesadas por distintos tipos de violencias machistas.
R.- Sí, y la violencia está muy relacionada con el hecho de ser madre también, porque una de las cosas que yo me preguntaba es si realmente las mujeres hemos querido siempre ser madres. Me he dado cuenta de que realmente un grupo muy pequeño querían, tenían que serlo porque si no, no eras una mujer completa.
Ser mujer implicaba ser madre. Pero realmente han tenido muy poco margen de maniobra para decidir sobre su maternidad, incluso ellas mismas para darse cuenta de que no tenían esa libertad. La violencia ha estado relacionada muchas veces con el hecho de ser madres, de tener un hijo, y eso es algo que todavía está por explorarse porque hay una parte de la sociedad que todavía no acepta que la maternidad no es el fin último de una mujer.
El cuerpo como vehículo para potenciar la creatividad
P.- ¿De donde nace la idea del libro?
R.- La hija del sordo tiene muchos principios. Todo parte de preguntas que me hago. De alguna manera, siento que las novelas son una especie de diario. En este caso, uno de los temas más importantes era sobre cómo se construye el pensamiento.
Estamos en un momento en el que intentamos volver a recuperar el placer de sentir. A lo largo del siglo XX hemos pasado por etapas en las que el arte se ha intelectualizado mucho, y creo que ahora estamos en otro momento que se parece más al de los griegos. Para los griegos sentase a disfrutar de una obra de teatro era un momento en el que iban a sentir, y una obra de teatro buena era la que te conmovía, la que te hacía reír, la que te revolvía por dentro.
Además, el cuerpo de las mujeres ha dejado de ser un obstáculo para la creación. A lo largo del del siglo XX, las propias feministas hemos ignorado que teníamos un cuerpo. Para Simone de Beauvoir era un obstáculo y había mucha resistencia entre mujeres que admiro mucho a admitir la importancia de nuestra propia fisiología, de nuestro propio cuerpo. De alguna manera significaba para ellas volver a tesis esencialistas, donde el cuerpo había sido un obstáculo.
Estamos en un momento muy interesante porque miramos el cuerpo de una manera totalmente distinta, ya no lo vemos como algo que nos va a negar la entrada en el mundo de lo intelectual, sino como un vehículo que puede potenciar nuestra propia creatividad, nuestro entendimiento del mundo, que nos va a dar una sensibilidad especial a la hora de crear y creo que esos momentos son tesoros que tenemos las mujeres y que ahora estamos aceptando como lo que son, como una suerte tener un cuerpo femenino.
El arte "nos ayuda a dar sentido"
P.- ¿Cómo ayuda el arte a navegar el dolor del trauma a Amada?
R.- El arte es algo que llevamos las mujeres, convivimos con él, lo necesitamos para ordenar el mundo. Cuando vas a cualquier casa y te das cuenta de quién ha colocado los cuadros en las paredes, quién ha puesto la casa bonita, quién ha cocinado esta comida especial con muchísimo amor y mucho cariño, todas esas cosas en las han hecho las mujeres históricamente, y es porque de alguna manera lo estético, el orden, del tipo que sea, nos da nuestro lugar en el mundo, hace que el mundo se ordene, de que nosotras tengamos sentido dentro de él.
Y eso es precisamente lo que hace Amada a través de su arte, encontrar ese lugar que no ha tenido, que no le han dado y que nadie esperaba que tuviera. La necesidad que tenemos las mujeres de arte y cultura explica que seamos las que estemos más en los museos, en exposiciones literarias, en talleres literarios, en clubs de lectura. El arte, al final, es una comunicación ordenada que nos ayuda a dar sentido, y quizás sea porque históricamente no lo hemos tenido y ahora lo buscamos con avidez.
P.- ¿ Cómo se escribe una historia en la que tienes que agudizar todos los sentidos de un personaje sin tener en cuenta la palabra?
Uno de los retos más grandes para mí precisamente ha sido ese, el cómo construir una historia sostenida sobre sentimientos, emociones y sensibilidad, y en el que la palabra no fuera lo importante. Esta es mi obra más especial porque ha significado un reto, y es un reto con el que he intentado construir una novela que fuera muy lírica, en la que haya muchos espacios para que se rellenen de las propias experiencias de las lectoras y de los lectores. Es una novela que según tus propias experiencias vas a rellenar de una manera u otra, y ese para mí ha sido el reto, contar una novela que parte de un mundo sin palabras y al mismo tiempo que la palabra sea algo bello, algo emocionante, y lo único que nos puede servir para construir ese mundo.