magas

Collage de las magas y divulgadoras mágicas. Fotos cedidas por las magas.

¡Abracadabra, hay magas!

Myriam Canal Solar | Madrid - 3 mayo, 2022

Como en tantos otros sectores, en el mundo de la magia nos habíamos acostumbrado a ver a las mujeres como un «accesorio». Ellas eran las ayudantes de los magos, las que, con poca ropa y ceñida, les ayudaban a ejecutar sus números de magia o las que eran introducidas en cajas para ser desmembradas con sierras y cuchillos hasta que, por arte de magia, volvían a aparecer enteras. Otra opción era ser colocadas en dianas sobre las que el ilusionista lanzaba cuchillos o hachas mientras los espectadores aguantaban la respiración confiando en su buena puntería.

Con el paso del tiempo este rol de la mujer ha ido cambiando y la demonización, la victimización y la cosificación que han definido sus personajes en el mundo de la magia tiene sus días contados. En España, las ilusionistas han dado un paso al frente y se han situado en primera fila exigiendo igualdad, reconocimiento y visibilidad como artistas.

¡Abracadabra, hay magas!

Huang Zheng, Dania Díaz, la Maga Amelie e Inés la Maga son cuatro de las magas que han roto el estereotipo del «mago» tradicional y que crean espectáculos en los que combinan el ilusionismo con una escenografía y unas narrativas que cautivan al público y acostumbran a colgar el cartel de «no hay entradas».

Laura Avilés y Ana Tamariz apostaron por otras opciones dentro del mundo del ilusionismo. Sus señas de identidad son, en el caso de Avilés, la editorial «Páginas Libros de Magia» y, en el del Tamariz, «La Gran Escuela de Magia Ana Tamariz», punto de referencia y formación para magas y magos del panorama nacional.

También destaca la investigadora, maga y divulgadora mágica, Gema Navarro, quien recupera a figuras femeninas del mundo del ilusionismo que la historia se ha empeñado en mantener a la sombra del mago.

Todas ellas analizan, en sendas entrevistas con Efeminista, el porqué de la escasa presencia de las mujeres en este espacio y cómo tuvieron que abrir su  camino a ciegas ante la ausencia de magas referentes, convirtiéndose ellas mismas en el ejemplo a seguir para las muchas jóvenes que han elegido sumergirse en este maravilloso universo de trucos e ilusión.

El «tradicional» mundo de la magia

Durante muchos años, el «tradicional» mundo del ilusionismo estuvo marcado por las figuras masculinas pese a que la mujer siempre tuvo un papel activo en la magia.

Siempre había una «abnegada mujer cerca» que ejercía como espectadora de los juegos de magia, que cosía los trajes, que colaboraba como ayudante o que regentaba la tienda, tareas que, para algunas de ellas, fue «la semillita que despertó su afición», explica la investigadora y maga, Gema Navarro.

«Fueron estos magos (hombres) los que escribieron los libros de historia de la magia y los que consideraron que la participación de su madre o esposa no era más que una extensión de sus obligaciones», añade Navarro.

Con el origen de la «magia moderna», a principios del siglo XIX, y durante gran parte del siglo XX, a las mujeres no se les permitía pertenecer a ese mundo porque su obligación eran los cuidados de la familia y la casa, tareas que no eran compatibles con una profesión que exige «viajar, trabajar a cualquier hora y muchísimo ensayo”, apunta Laura Avilés.

La incorporación de la mujer al mundo del ilusionismo y su consecuente profesionalización y visibilización ha sido tardía. La maga Amelie, una de las mejores ilusionistas del panorama nacional, destaca que «cuánto más difícil era aprender o acceder a una profesión más tardaba la mujer en poder hacerse protagonista en la misma».

Y cuando se comenzó a incorporar a la mujer se hizo como un objeto sexual, como la asistente, algo que según Dania Díaz, experta en magia Close-Up (de cerca), ha podido «generar rechazo de la propia mujer» hacia la magia.

Hay otros estereotipos que también constituyen un obstáculo. Así, Díaz recuerda cuando fue a un cumpleaños y una niña la dibujó con una chistera y un traje. «Cuesta salir de esa imagen tradicional que se tiene del mago», sostiene.

«Los hombres también han sido bastante críticos. Nunca han dicho: no, no queremos que las mujeres se suban al escenario, pero tampoco he visto políticas de apoyo, de divulgación o de formación para revertir la situación”, lamenta Avilés.

Huang Zheng, manipulación y escenografía

El camino de Huang Zheng fue diferente al del resto ya que en China, su país de origen, «la magia y la acrobacia están unidas». Originaria de Guillin, a los 4 años comenzó a estudiar en la Escuela Nacional de Gimnasia Olímpica de su país. Tras cuatro años allí, sus resultados no fueron los esperados y fue trasladada a un colegio convencional donde la seleccionaron para estudiar en la escuela profesional de artistas de Guanxi, lugar en el que comenzó su formación como acróbata.

Poco a poco empezó a interesarse por la manipulación de cartas y el malabarismo sin saber «que eso era hacer magia». Fue en 1999 cuando, siendo ayudante de prestigiosos ilusionistas en un Congreso Internacional de Magia celebrado en su ciudad, se dio cuenta de que lanzar cartas era parte de la magia.

«Abro los ojos y me emociono. Ahí digo: ‘quiero ser como esos magos que viajan por todo el mundo para regalar la ilusión, la magia y para sorprender a la gente», relata.

La manipulación fue la rama de la magia con la que se introdujo en el mundo del ilusionismo y con la que participó en su primer Congreso Nacional de Magia (2001), en China, donde ganó el segundo premio.

magas

Foto cedida por Huang Zheng.

En 2003 cambió su forma de hacer magia uniendo «la manipulación con la historia y la escenografía». Esa combinación le permitió ganar el Premio «Nuevos talentos en la Magia», en el Festival Internacional de Shanghai, y la Medalla de Oro en la Competición Internacional en Pekín. Además, le abrió las puertas de su primer contrato y se convirtió en el sello de identidad de sus números.

Ese mismo año Huang Zheng conoce al mago y actual director artístico del Festival Internacional Vive la Magia, el más grande de Europa, Juan Mayoral.

«Nos damos cuenta de que tenemos el mismo objetivo, la misma sensación con la magia y muchas cosas en común. Para nosotros la magia no es solamente un truco, es transmitir una emoción», recuerda.

Mayoral le habló de un concurso en España al que decidió acudir con su número “Recuerdos” con el que ganó el primer premio que le abrió el mercado en Europa. Así comenzaron su trayectoria profesional juntos y actualmente son la directora escénica y el director artístico del Festival Internacional Vive la Magia.

Zheng reconoce las dificultades de ser mujer en el mundo de la magia. «Soy creadora. Cuando trabajo junto con mi marido, que es un mago excelente, y presento algo mío, la gente automáticamente piensa que eso es obra de él. Yo no quiero quitarle su éxito, es un genio, pero es más difícil que la gente crea que una mujer puede crear algo«, sostiene.

A las niñas que sueñan con ser magas las animaría a «tener ilusión, seguir su imaginación y hacerlo. Probarlo y no tener miedo a que no funcione».

Dania Díaz, su vida a través de las cartas

La magia sorprendió a Dania Díaz (Punto Fijo, Venezuela) cuando solo tenía 10 años. Tras ver un mago en televisión sintió algo tan «bonito» que quiso que sus amigos también lo experimentaran. «Al no tener ese contacto con la magia decidí inventarme mis propios trucos y jugar a que era maga», cuenta en su entrevista con Efeminista.

Durante la adolescencia la magia quedó relegada, pero el destino la sorprendió mientras trabajaba como animadora en una fiesta infantil. Allí conoció a un mago que estaba buscando una asistenta y «volvió la ilusión de cuando era niña».

Los tres años que trabajó con el mago le abrieron “las puertas a un mundo completamente desconocido” y, a los 21 años, decidió emprender su propio camino, «pasar a ser la maga» y hacer sus «propios espectáculos».

Recorrió los congresos de magos de diferentes países para darse a conocer hasta que, con 25 años, había ahorrado suficiente dinero para irse del país.

«Sabía que la situación iba a peor y no iba a poder permitirme crecer ni como artista ni como persona», explica Díaz.

Tras vivir en varios países de Latinoamérica, cogió un vuelo con destino a España e inmediatamente la llamaron para participar en Got Talent. En el programa contó la historia de su vida con cartas, una actuación que dejó boquiabierto al jurado. «A partir de ahí mi vida cambia. Fue un gran paso en mi carrera», recuerda.

magas

Foto cedida por Dania Díaz.

Sobre la situación de las mujeres en el mundo de la magia considera que es una comunidad bastante «hermética» y una profesión en la que se destaca por el hecho de ser mujer, algo que no siempre supone una ventaja.

“Tenemos un poco más de visibilidad” pero al final destacas tanto que “esperan mucho más de ti”. Y añade que “por el hecho de ser mujer no creen que seas tan buena”.

A pesar de esos obstáculos, confía en su potencial: «Sé que soy buena en lo que hago y creo mucho en ello. Eso me ha llevado hasta donde estoy».

«A todas aquellas niñas que quieren ser magas les diría que lo sean, que es un arte apasionante y maravilloso, solo tienes que poner amor, pasión y dedicación. Si hay algo que la magia me ha enseñado es a tener muchísima disciplina», las anima Dania Díaz.

Laura Avilés, la maga de los magos

Hace treinta años, en 1992, Laura Avilés (Córdoba, Argentina) fundó la editorial Páginas Libros de Magiase con la que se dedica a producir, editar y fabricar los libros con los estudian las magas y los magos. Antes de crear su propia editorial trabajó con Juan Tamariz quien la animó a que continuase editando libros de magia.

“Creo que me lo dijo como un deseo. Él pensó que yo no me iba a atrever porque era muy joven, era mujer, no era maga y llevaba solo cuatro años en España», explica.

Por aquella época los ilusionistas tenían un acceso muy reducido a la literatura, así que, “muy entusiasmada” asumió el reto de editar en castellano libros que había dispersos por todo el mundo para que la comunidad pudiera estudiar.

Durante muchos años se mantuvo en el anonimato. “A nivel personal la gente no me conocía a mí”, recuerda. Y añade que se dedicó “a lograr ese respeto de la comunidad mágica a través del trabajo”.

Tres décadas después, Avilés es conocida como “la maga de los magos”. Su trabajo fue reconocido nacionalmente en Granada en 2018 con el premio GranHada al Mérito Mágico, e internacionalmente en 2020 con el Media Awards, el Óscar de la magia, entregado por la Academia de Arte Mágica de Estados Unidos por su labor divulgativa e influencia en la formación de ilusionistas de habla hispana.

magas

Foto cedida por Laura Avilés.

Como anécdota cuenta que, pese a que las mujeres no estaban muy reconocidas en el mundo de la magia, “curiosamente en todos los sitios donde existía algún tipo de entidad importante para la magia siempre había una mujer”. Pone el ejemplo de la Fundación Juan March, la biblioteca más importante de libros de ilusionismo, dirigida durante muchos años por una mujer.

De igual modo, relata que en el 90 % por ciento de las tiendas de magia había una figura femenina. Aunque solía ser la mujer del mago, era la que de verdad regentaba la tienda y, como consecuencia, “se creó una especie de comunidad femenina detrás del ilusionismo”.

Avilés anima «fervientemente» a las niñas a que se dediquen a la magia para «romper con el modelo de maga ayudante» y para «empezar a crear otras formas de lograr lo imposible».

La magia es precisamente eso, «el arte de lograr lo imposible, de romper las estructuras mentales del espectador para que vea lo que no ha visto» y cree que las mujeres tienen esa capacidad «para reinventar las formas de llevar la magia a los sitios».

La maga Amelie, trabajo y perseverancia

La magia no fue nada premeditado para Rosana Vidal González (maga Amelie), que hasta sus 22 años se sentía atraída por «infinidad de cosas: deporte, astronomía, naturaleza…y artes escénicas» y no se había planteado el mundo del ilusionismo.

Tras ver los primeros espectáculos y frecuentar salas de magia en Madrid, llamada por la curiosidad y la fascinación, comenzó a dar los primeros pasos: inició un pequeño curso, se hizo socia de diferentes sociedades mágicas, siguió formándose en artes afines como la danza, el clown, acrobacias aéreas y contrató clases particulares de magia.

Rememora que en sus comienzos «había magas, pero pocas y muy poco visibles». Esta circunstancia no impidió que luchase por su sueño y consiguiese sentirse «bienvenida» en la comunidad, tanto en reuniones como en escenarios. «Como en cada gremio hay gente que te ayuda, gente que te ignora y gente que intenta fastidiarte. La carrera de una artista no es fácil», admite.

«Independientemente de tu género tienes que ganarte el respeto y prestigio no solo de tus compañeros, también del público. Eso se consigue con trabajo, perseverancia, veracidad y genuinidad», añade.

La maga Amelie tuvo que esperar cinco años para que surgieran oportunidades y poder participar en proyectos profesionales. Hasta ese momento no pensó que podría dedicarse a ello.

Maga Amelie

Foto cedida por la maga Amelie.

Han pasado quince años desde esas primeras oportunidades, pero hace solo unos pocos que empezó a sentir que era «maga, profesional y artista». «Es más, no una artista del montón, te diría que de las mejores. Y esto último no es algo que diga mi ego, esto es una realidad que demuestro a base de esfuerzo en cada uno de los ámbitos de mi carrera», apunta.

El consejo de la maga Amelie a las jóvenes ilusionistas es «que se inventen su propia carrera y no intenten andar los pasos de otras personas».

«La magia es un arte bellísimo, lleno de virtudes. Les diría que cuiden la magia, que la respeten, que no la desnuden, que siempre den su mejor versión, que no la utilicen mal».

Inés la Maga y Don Eduardo

El primer contacto que Inés Molina Fuentes (Granada), más conocida como Inés la Maga, tuvo con la magia fue en el colegio, en las “escuelas de abajo” en Huétor-Vega, cuando cursaba 2º de EGB.

«En los recreos, mi profesor Don Eduardo hacía magia, yo siempre le tiraba de su chaqueta de pana para que repitiese los juegos una y otra vez», relata.

Ese momento la cautivó «para siempre» y poco a poco fue transformando su hobby en su profesión. Un camino que no sintió que fuera más difícil por el hecho de ser mujer y en el que estuvo «muy arropada» por sus compañeros.

magas

Foto cedida por Inés la Maga.

Tampoco necesitó un referente femenino para tener claro lo que quería hacer en la vida. «Creo que esto me ayudó a crear mi propio estilo, mi propio camino… y para mí no fue un impedimento sino una oportunidad», apunta.

En la actualidad, Inés la Maga, además de ser Licenciada en Psicología, y Gemóloga y Tasadora por el IGE, es una de las ilusionistas más destacadas del panorama. Ha participado en numerosos programas de televisión nacionales e internacionales y tiene varios espectáculos de creación propia, tanto de magia de escena como de magia de cerca (close-up). Es autora del libro Magia Inés… plicable (Aguilar, 2009), un manual para iniciarse en la magia, y en 2010 recibió el Premio Granada Joven de Arte y Creación, otorgado por la Junta de Andalucía.

A las más jóvenes las alentaría a «que sigan su instinto y su pasión con amor y dedicación».

Ana Tamariz, una saga de ilusionistas

Ana Tamariz creció en una familia de ilusionistas. Hija de uno de los magos más conocidos, Juan Tamariz, sintió que todo el mundo la comparaba con su padre. Y es que tener un apellido reconocido no solo supone ventajas: «Te abre muchas puertas, pero también tienes que demostrar el doble«, explica.

Decidió entonces «vivir y sentir» la magia desde la formación dirigiendo, desde 1988, «La Gran Escuela de Magia Ana Tamariz» para ayudar a quienes querían dedicarse a la magia, transmitiendo su vasto conocimiento en el oficio.

Comenzó siendo la profesora de los más pequeños, pero la imposibilidad de compaginar todos sus proyectos profesionales hizo que tuviese que renunciar a esta enseñanza para formar a los profesores de la escuela y centrarse en su compañía mágico-teatral.

Ella es la línea que une el pensamiento Juan Tamariz con los nuevos aprendices. El «hilo conductor» entre la filosofía de su padre y los profesores que más tarde se lo enseñan a su alumnado.

Ana Tamariz

Foto cedida por Ana Tamariz.

Tamariz les pedía a los niños que se sumergían en este mundo, que dibujasen a una maga y a un mago. La respuesta para la figura masculina la tenían muy clara: el mago «tradicional» con chistera o Harry Potter. Sin embargo, se quedaban en blanco a la hora de dibujar magas porque «no hay referentes claras». Además, las niñas suelen identificar ese referente femenino con un hada.

Cuando son pequeños siete de cada diez alumnos suelen ser niñas «pero luego ellas siguen por otras ramas del arte relacionadas con la escenificación». Al llegar a la edad adulta cambian las tornas y «de cada diez aprenices, ocho o nueve son hombres».

La ausencia de magas también se ve reflejada en el número de docentes. De los cincuenta que tiene la escuela, Marta González de Vega es la única profesora.

No obstante, si hay algo que caracteriza a esta comunidad es la familia que se crea. Desde la escuela se fomenta el compañerismo mediante diferentes actividades en las que se juntan magas y magos de todas las edades para ensayar y compartir sus ideas.

Si hay un consejo que Ana Tamariz da a quienes quieren iniciarse en el ilusionismo es que «nunca es tarde» y que todas aquellas que quieran ser magas «lo conseguirán».

Gema Navarro, historia de la magia con gafas violetas

Gema Navarro, natural de Barcelona, se fue a Madrid a trabajar de la mano de la productora teatral Focus. Al finalizar el convenio, le ofrecieron volver a su lugar de trabajo anterior como jefa se sala del Teatro Condal de Barcelona pero ya era tarde, se había enamorado de la capital y decidió quedarse.

Una vez en la capital, conoció a la drag queen Psicosis Gonsales, quien le presentó a Miguel Puga (MagoMigue). El mago le pidió colaboración y le contó que ese verano iría a la la Federación Internacional de Sociedades Mágicas (FISM) a competir por un titulo mundial.

«No me lo tomé muy en serio y para darle largas, le emplacé a que me llamara cuando volviera. Y así fue. Migue volvió campeón mundial y allí empezó mi andadura en el mundo de la magia», relata Navarro.

Le dio acceso a su biblioteca y como miembro de la Escuela Mágica de Madrid, descubrió su primer libro de magia: La Circular de la Escuela Mágica de Madrid, que le abrió las puertas a «este maravilloso mundo de la Magia».

En 2003 conoció a Juan Tamariz quien le sugirió «investigar el tema de la mujer en la Magia». Gema Navarro describe esos cinco años como «intensos» y llenos de «momentos memorables». Viajó por todo el mundo, tuvo la oportunidad de ver infinidad de espectáculos mágicos, escribieron juntos Por Arte de Verbimagia, editó el último libro del mago, El Arco Iris mágico y pudo acceder a la biblioteca mágica de Tamariz, donde encontró más libros de magia para seguir estudiando.

Gema Navarro

Foto cedida por Gema Navarro.

La investigadora explica que, para el trabajo de recopilación de magas que está elaborando, se releyó «libros de historia de la magia desde una perspectiva femenina y con esas gafas puestas, se fueron revelando».

«Me di cuenta de que las magas estaban a plena vista para todos aquellos que quisieran verlas. Solo había que contar su historia», añade.

A modo de ejemplo explica que detrás del mostrador de una tienda de magia había una mujer, si compraban libros era porque Laura Avilés lo había editado y si querían aprender era en la Gran Escuela de Ana Tamariz. «Puedes ver claramente en manos de quien está la formación y educación de los futuros magos«, apunta.

Este relato ahora lo cuenta en «Maese Coral», una revista de nueva creación dedicada a la investigación de la historia del ilusionismo.

A quienes quieren ser magas, Navarro les pide «que no olviden a las mujeres que las precedieron porque a ellas les debemos un camino más allanado para conseguir nuestros sueños para ser piloto, directora de orquesta, ejecutiva, científica, maga, etc».

Las niñas, cada vez más interesadas

Si bien es cierto que a lo largo de la historia siempre ha habido magas, en su mayoría invisibilizadas, Inés la Maga reconoce que en la actualidad se está «viviendo un momento muy bueno». Desde hace varios años imparte un taller de magia y «cada vez son más niñas las que se interesan por esta disciplina«.

Varias de estas expertas ilusionistas coinciden en que lo más importante está en la base, en la infancia, en hacer que esas niñas y niños sueñen que pueden ser cualquier cosa. «Después hay una larga carrera hasta hacerlo realidad pero, sin duda, si no son capaces de soñarlo, jamás podrán alcanzarlo», afirma la maga Amelie.

«Lo primordial es dar la opción a las niñas y alejarlas de la idea de que la magia es de hombres. A mi nadie me dijo que la magia era de hombres, para mi era un arte más», recuerda Dania Díaz.

En este momento existe un mayor acceso a la información así que en uno años «veremos si el número de magas profesionales es similar al de magos» y «será entonces cuando podamos estudiar cuales son los motivos» de la mayor presencia de hombres en este mundo, destaca la maga Amelie.

Lo que si está claro es que «hay que reescribir la historia de la magia otorgando a las magas el lugar que merecen para que salgan de la sombra de los magos y podamos verlas sin necesidad de usar gafas», concluye Gema Navarro.