Wynnie Mendoza, la artista peruana en ARCO que ha cosido su vagina como grito de denuncia

Carmen Sigüenza y María G. de Montis | Madrid - 24 febrero, 2022

ARCO 2022 abrió sus puertas este miércoles, 23 de febrero, para afianzarse como escaparate de tendencias de arte contemporáneo: en la feria conviven el canon pictórico, un homenaje a las cuatro décadas de historia de este evento y los Proyectos de artista de las galerías dedicados, por segundo año consecutivo, a la obra de mujeres.

Entre ellos, destaca la performance de la artista peruana Wynnie Mendoza, que convencida de que «el arte sirve para intentar acercarse al futuro», presenta un video duro y polémico en el que muestra su intervención de reasignación de sexo, y un mural de pintura colorista. Un trabajo con el que reflexiona sobre la situación de su país, «para no no olvidar quién es uno, y siendo mujer es mucho más dramático», explica.

«Perú es un país con alto índice de violencia contra la mujer», apunta la artista de género no binario en una entrevista con Efeminista desde la galería Ginsberg, donde expone su obra. «Allí, preservar la vida es lo primero. Pero en este ejercicio de preservar la vida, de culparte, de estar silenciosa, de permanecer siempre tratando de no ser visible, una olvida quién es», explica.

Con el arte, apunta Mendoza, busca «ir tocando ese futuro que espero sea más amable, saltar generaciones, proponer y hablar de las necesidades actuales, de las nuevas demandas». Su propuesta para ARCO es Cerrar para abrir, una pintura de grandes dimensiones a la que acompaña un vídeo que documenta la citada operación a la que se sometió para reducir «las tres cuartas partes de la apertura de la vagina».

ARCO es la principal feria de arte contemporáneo en España y una de las más importantes del mundo. Este año se celebra del 23 al 27 de febrero en Madrid, en Ifema, y es más compacta y segura que en otras ediciones: solo se podrá acceder con pasaporte Covid y mascarilla FPP2, y se ha reducido ligeramente el número de galerías (185), para que “la experiencia sea mejor” dando respuesta a una reivindicación histórica de participantes y coleccionistas.

Una reasignación que «no existe»

PREGUNTA.- ¿En qué consiste y de dónde viene esta iniciativa?

RESPUESTA.- Me realicé una operación de reasignación sexual que, en teoría, no existe. Es una operación de reasignación sexual que creé a mi medida y que consiste en cerrar las tres cuartas partes de la abertura de la vagina, dejando un pequeño orificio para menstruar y para botar (expulsar) los fluidos que normalmente limpian nuestra vagina.

Esta operación se dio por diferentes motivos: yo ya no uso mi vagina para tener relaciones sexuales ni pienso tener hijos, así que me empecé a preguntar qué sentido tenía mantenerla, cuando yo nunca me he sentido identificada como mujer y me cuesta reconocerme como mujer biológica. A una mujer biológica se la reconoce por la vagina, pero mi vagina es obsoleta y no sirve en realidad para esos dos pilares de la vagina, que son dar a luz y tener relaciones sexuales. Así que, si para estas cosas no servía y para mi mente mi vagina ya estaba cerrada hace mucho tiempo, ¿por qué no hacerlo realidad o hacerlo físico? Digamos que mi aspiración es ideológica.

Busqué, de alguna forma, reconciliarme con la idea de tener una vagina. Investigué sobre ello y sobre qué sucedía con mi cuerpo. Pero llegó un punto de mi trabajo (llevo cinco años haciendo arte) donde me di cuenta de que una forma de reconciliarse también es abandonar: decir «no la quiero, no la quiero y no necesito usarla». Y está bien, es una opción para nosotras.

Mi novia es una mujer trans, tengo muchas amigas que son mujeres trans, y la discusión siempre está en poder hacer suyo su cuerpo, en poder expresar de formas diferentes la plenitud de poseerse. Así que yo también empecé a pensar cuál era visualmente mi plenitud, cómo alcanzarla.

La violencia en Perú

P.- Habla de identidad, de género y de usar su cuerpo como material de arte. Es algo sobre lo que reflexiona el filósofo Paul B. Preciado. 

R.- Sí, pero lo que me parece interesante del arte y de otras disciplinas artísticas es que no solo se quedan en la teoría, sino que la llevan a la práctica. Si bien yo he realizado ese ejercicio de pensar y repensar posiciones, la única forma de hacerlas realidad es a través de la performance, que es lo que te permite hacer uso de la acción y del presente e intentar tocar el futuro con el arte.

Porque las situaciones que se viven en Lima, en Perú, son situaciones difíciles. Yo crecí en un barrio de violencia extrema donde había violaciones constantemente, prostitución, pero de gente que no quería trabajar en la prostitución, delincuencia, drogas… Era un barrio muy violento y tenía esas condiciones, que son habituales en Lima.

Perú es un país con alto índice de violencia contra la mujer. Allí, preservar la vida es lo primero. Pero en este ejercicio de preservar la vida, de culparte, de estar silenciosa, de permanecer siempre tratando de no ser visible, una olvida quién es. Y es esta negación de ti misma, ese espacio hueco en el que quedó mi identidad, el que abordo a través del arte. Como mujer es mucho más dramático, porque somos el punto de ataque. Con el arte busco eso, ir tocando ese futuro que espero más amable. A mí todavía me resulta difícil entender que pertenezco a una generación que no tiene todos los derechos, sino que debe ganárselos.

Con el arte busco eso, intentar palpar un poco de esa realidad diferente que imagino: saltar generaciones, proponer y hablar de las necesidades actuales, de las nuevas demandas. Es un ejercicio de registro de la humanidad.

Más allá del binarismo

P.- Entiendo entonces que su propuesta para el futuro es necesariamente no binaria.

R.- Es que creo que esa es una posición, pero también creo que hay más. El arte es pensar creativamente las relaciones, el espacio, el cuerpo, las relaciones interpersonales, los sentimientos. Siento que todo es todo. Esto puede ser un ejercicio creativo y de juego, y es en la pluralidad en la que podemos encontrar todas las posiciones.

Cuando me sometí a esta operación de reasignación sexual, lo único que me preguntaban los cirujanos era que si era mujer y tenía vagina quería un pene, o que si acaso tenía un pene y quería una vagina. Eso era lo único que podían entender, y me parece importante cómo desde la sociedad se nos brinda esa idea de libertad y, sin embargo, herramientas como la medicina han sido creadas por y para el hombre.

P.- Hablaba antes de la violencia machista en Perú. ¿Ve una respuesta contra ella?

R.- Las mujeres se revuelven y cada vez hay  más gente joven. Pero también siento que en Perú hay espacios muy conservadores y de altos ingreso y ahí es difícil entrar. Ahora bien, cuando generas una fuerza sobre sobre una población, la población también ejerce esa misma fuerza para poder liberarse. Por eso siento que son mucho más radicales: tantos años siendo oprimidos hacen que su reacción sea igual de poderosa, para cambiar las cosas de forma más drástica. Eso también me parece importante, aunque está cambiando muy poco a poco, porque todavía es una minoría la que habla de feminismo.

El feminismo recién está formando sus brotes en Perú: la gente se está agrupando, las asociaciones se están agrupando… todavía es incipiente, pero hay muchas ganas y mucha cólera. Y eso es lo que lo mueve todo: la rabia.