• Mujeres protestan durante el "World Economic Forum on Africa (WEF)" para reclamar medidas contra la violencia machista en Sudáfrica. EFE/EPA/NIC BOTHMA

  • Protestas durante el World Economic Forum on Africa (WEF) para pedir medidas contra la violencia machista en Sudáfrica. EPA/EFE

  • Una mujer durante las protestas contra la violencia machista en Sudáfrica. EFE/EPA/KIM LUDBROOK

  • Protestas contra la violencia machista el pasado 13 de septiembre en Johannesburgo. EFE/EPA/KIM LUDBROOK

  • Una mujer llora durante una de las protestas contra la violencia machista, el pasado 13 de septiembre en Johannesburgo. EFE/EPA/KIM LUDBROOK

  • Protestas contra la violencia machista el pasado 13 de septiembre en Johannesburgo. EFE/EPA/KIM LUDBROOK

«¿Soy yo la próxima?», el grito de las sudafricanas contra la violencia machista

Nerea González | Johannesburgo - 19 septiembre, 2019

«Sudáfrica es uno de los lugares más inseguros del mundo para ser mujer», admitía este miércoles el presidente del país, Cyril Ramaphosa, tras casi tres semanas salpicadas de protestas en las que las sudafricanas salieron a las calles, vestidas de negro, al grito de «¿Soy yo la próxima?«.

Esta pregunta, junto a los ya tradicionales «Ya basta» o «Mi cuerpo no es tu escena del crimen», protagonizó desde comienzos de este mes manifestaciones multitudinarias a las puertas de las universidades, ante el Parlamento o incluso frente al pulmón económico del país, la Bolsa de Johannesburgo. También en la inauguración de la última edición del Foro Económico Mundial para África, celebrada en Sudáfrica.

El asesinato de Uyinene Mrwetyana

La indignación había explotado a raíz del asesinato y violación de una estudiante de la Universidad de Ciudad del Cabo, Uyinene Mrwetyana, de 19 años, a manos de un empleado de correos.

El suceso era, lamentablemente, solo uno más entre los frecuentes casos de este tipo en el país, pero se convirtió en un catalizador de la indignación colectiva de las mujeres, que se sienten completamente desprotegidas y exigen no solo medidas legales drásticas, sino también un cambio de mentalidad nacional.

«El tiempo de que se acabara esto fue hace ya mucho»

«Siempre marchamos, siempre protestamos, siempre ponemos nuestros cuerpos en primera línea y no se hace nada. ¿Qué más tenemos que hacer? Hemos hecho de todo. Hemos hablado, hemos entregado documentos…», explicaba a Efe Nonhle Skosana, una de las organizadoras de la manifestación del pasado 13 de septiembre ante la Bolsa de Johannesburgo.

«El tiempo de que se acabara esto fue hace ya mucho», proseguía esta joven, que se confesaba pesimista respecto a las opciones de ver pronto un cambio real, más allá de las promesas arrancadas al Gobierno, ya no es la primera vez que se dan protestas multitudinarias de este tipo en Sudáfrica sin que nada cambie realmente.

Además, Skosana explicaba desanimada que, con una sociedad «extremadamente patriarcal», ni siquiera veía a los jóvenes de su generación mínimamente menos proclives a hacer uso de la violencia y de la cultura machista que sus padres.

Cifras de víctimas comparables a un país en guerra

Pese a tener una Constitución que rechaza expresamente el sexismo en su primer artículo y ser uno de los faros que guía al continente africano en materia de derechos humanos, la violencia contra las mujeres y contra los niños es una lacra subyacente con la que Sudáfrica no ha hecho los deberes en sus 25 años de democracia.

Según datos de la Policía, cada día se denuncian una media de 114 violaciones -y esto, claro, no tiene en cuenta los numerosos casos que probablemente nunca se llegan a reportar- y los crímenes de naturaleza sexual en general, lejos de disminuir, vienen en aumento.

Además, una de cada cinco mujeres sudafricanas mayores de 18 años dice haber experimentado alguna vez violencia física por parte de su pareja, de acuerdo a estadísticas oficiales.

No hay datos concretos de homicidios específicamente por la violencia machista, pero sí se sabe que, en general, unas ocho mujeres mueren de media al día, ya sea por esa causa o por culpa de la criminalidad general, otro problema muy grave en Sudáfrica.

Son cifras de violencia «comparables a los de los países en guerra», admitía Ramaphosa este miércoles ante el Parlamento, al que había convocado en una sesión especial para abordar el problema, a la luz de la presión popular y el clamor en las calles.

Cerrar las grietas del sistema

El presidente reconoció que Sudáfrica se ha estado quedando corta en esta lucha y, en respuesta, anunció un plan de acción «de emergencia», que incluirá medidas como endurecer las penas o estudiar que se niegue la libertad condicional a los acusados de crímenes sexuales.

También prometió destinar 1.100 millones de rands adicionales (unos 68 millones de euros) para cubrir las numerosas grietas del sistema, sobre todo en materia de prevención, de educación desde la infancia y de asistencia a las víctimas, muy precaria en la actualidad.

«Muchas organizaciones de mujeres han estado peleando una lucha en la retaguardia, muchas veces con exiguos recursos para contener el flagelo. Ahora es el momento para que todos los partidos políticos pongan la violencia contra las mujeres en el centro de sus preocupaciones», prometió Ramaphosa.

El cambio, si realmente llega esta vez, será obra de las mujeres que salieron masivamente a las calles -y también, por supuesto, de los hombres que no dudaron en acompañarlas en estas protestas- para decir basta y para defender su derecho a no tener que preguntarse constantemente «¿soy yo la próxima?».