«Mi maternidad me aprieta»

Nuria Labari | Periodista y escritora - 8 enero, 2020

He venido a Efeminista para hablar de maternidad y lo primero que me gustaría decir es que este tema aplica a hombres y a mujeres por igual. Es decir, es un tema absolutamente feminista en el sentido de que persigue la igualdad o debería perseguir la igualdad.

Cada vez que se nombra la palabra feminismo creo que muchísimos hombres se sienten excluidos, no entiendo por qué. Pero en el caso de la maternidad es un tema maravilloso porque todos los hombres que vean este vídeo, sin excepción, habrán nacido del cuerpo de una mujer. Por eso es un tema que nos afecta a todos y nos explica perfectamente por qué tenemos que perseguir esta igualdad, que es un derecho diría casi universal.

La maternidad, un tema político

En segundo lugar, aparte de ser un tema que nos afecta a hombres y a mujeres, es decir, que cada vez que un hombre oiga maternidad por favor se dé por aludido. Esto es casi una súplica ahora que tengo una cámara delante. El segundo asunto es que es un tema político de primer nivel, es decir, la maternidad tiende a asociarse a la intimidad, a los potitos, a las cacas y a los pañales, pero está absolutamente relacionada con el tipo de sociedad que queremos construir.

Y me refiero a las pensiones, me refiero a la pirámide poblacional, me refiero al suicidio demográfico que viven las sociedades occidentales, me refiero al cuidado: a quien cuida a las personas que están dentro de la casa cuando todos estamos fuera trabajando, a quién cuida a los niños, pero también a quién cuida a nuestros mayores. Así que es un tema que requiere legislación y requiere vigor político porque también me refiero en este momento a toda la legalidad que hay en torno a lo que significa ser una madre y sobre todo ser un hijo.

¿Cómo conciliamos?

Una vez que tenemos claro que la maternidad es un tema que nos afecta por igual a hombres y a mujeres y que tenemos claro también que es un tema político y que no es un tema doméstico que se quede ni en las cocinas ni en los parques de bolas. Llega el siguiente punto, que es que si, también hay cocinas y también hay parques de bolas. Así que llegamos a cómo hacemos lo de conciliar.

O sea, de qué va cuidar, de qué va ser madre y por qué no existen los padres trabajadores. Mirad a vuestro alrededor y veréis que no conocéis a ninguno. No existe esta gramática para nombrar los padres que cuidan, los padres que deciden estar con sus hijos, que disfrutan de su baja por paternidad tan reciente, porque hasta hace poco esto duraba menos que el puente de la Constitución.

Entonces de nuevo, es un tema y una gramática que tienen que reivindicar los tíos. Hombres que me estéis viendo, que ya estaréis conmigo, porque para que un hombre de ‘play’ a un vídeo que se llama cualquier cosa de maternidad, es un tío que ya están de este lado. Pero es un derecho de todos, el derecho a cuidar de nuestros hijos no es un marrón, es algo que todos tenemos que reivindicar juntos. No sé, casi a veces creo que la palabra maternidad tenemos que cambiarla para hacer algo que tenga que ver con el cuidado y que no tenga esta etiqueta de género. Porque cuando nombramos maternidad nombramos toda la carga mental que vemos en los anuncios, en las vallas publicitarias y que todas las mujeres que me están viendo saben exactamente a lo que me refiero.

Esa es una carga que nuestros compañeros hombres tienen que conquistar. Y os invito, porque es la carga de cuidar de quienes amamos. De tener una identidad, una subjetividad y una vida casi con sentido. Tíos, conciliación es algo que tiene que ser de todos, o sea que, no es algo que sólo se preguntan las mujeres: ¿y ahora cómo concilio? Hasta que esta pregunta no sea no sea unisex pues estaremos haciendo un vídeo de 1992, pero estamos en 2019.

Las madres, nosotras, ¿dónde estamos? Pues estamos estallando, estamos escribiendo, estamos hablando, todos los libros que se han publicado con tanta alegría, por cierto, en los últimos casi tres años como “Las madres no”, hace poco en Tránsito “Desmadreando” o “Nueve lunas”. Cualquier libro de maternidad lleva ya una queja o lleva un grito, hay algo de lo que todas las madres estamos empezando a identificar o a quejarnos o a levantar la mano.

El «corsé» del deber de la maternidad

Y ese corsé es el de ese “deber ser” que implica la maternidad desde que nacemos, desde que nos ponen un carrito de niñas en la mano, desde que no ponemos ese mismo carrito a los niños que cuando crezcan tendrán que criar. Desde que a las niñas si las llevamos a jugar al fútbol, si las llevamos a ser científicas porque es muy importante que haya muchas mujeres científicas. Desde que todos los movimientos de igualdad se empeñan en convertirnos en hombres, que está fenomenal de verdad, ser iguales a los tíos. Yo ya soy un tío. Hola, soy Nuria Labari, soy transexual, soy un hombre, lo he conseguido.

Pero qué hacéis vosotros, qué hacemos para que esos niños tengan un carrito en las manos, para que cuiden, para que jueguen con muñecas, para que sean hombres que puedan cuidar. En eso estamos solas y es el último corsé. Es el corsé por lo que tantas madres están hablando y diciendo “mi maternidad me aprieta, la disfruto, la amo, no soy una madre arrepentida, soy feliz, pero me aprieta” y se lo tengo que decir al sistema, a mi jefe, al Estado y a mi compañero.

Entonces este grito es cada vez de más mujeres, es un grito muy poco entendido. A veces en alguna presentación cuando he presentado mi libro alguna mujer me ha llegado a mandar a mi casa a cuidar a mis hijas porque es un deber ser tan absolutamente constitutivo de la mujer, el ser la mejor madre del mundo, que termina siendo asfixiante para nosotras. Y a veces es muy difícil poner palabras a esta súplica de «por favor, quiero ser madre sin que me apriete, quiero hacerlo contigo y quiero hacerlo en una sociedad que reconozca mis derechos y los de mis hijos». Que no son mías, solo, mis hijas, son de todos. Tenemos que educarlas todos porque los niños son de todos. Entonces, algunas los gestamos, los parimos, los educamos y no podemos hacerlo solas.