periodistas afganas

Mujeres vestidas con burka y hiyab (o pañuelo) islámico en un mercado de Kabul. EFE/Moncho Torres

La vida de periodistas afganas corre peligro inminente

María G. de Montis | Madrid - 27 diciembre, 2021

La situación de las mujeres afganas no ha dejado de empeorar desde la llegada de los talibanes al poder, el pasado verano. Especialmente para las que han sido públicamente más críticas con el régimen, como las periodistas, que ahora ven su integridad comprometida. Algunas temen por su vida, según denuncia la plataforma de juristas Women by Women, que actualmente está gestionando las peticiones de refugio de más de cuarenta de ellas.

«Hay periodistas que decidieron hacer programas de televisión sin velo ante la cámara y perdieron su trabajo por hacerlo», cuenta en una entrevista con Efeminista Noor Ammar, fundadora de la plataforma y responsable de varias de estas solicitudes. «Muchas habían sufrido antes amenazas que las habían obligado a dejar Kabul por pequeñas temporadas«.

Desde el pasado verano, añade Ammar, muchas han estado escondidas, alejadas de amigos y familiares a los que los talibanes amenazaban si no las entregaban. «Son mujeres que cambian de piso cada poco tiempo y viven en condiciones infrahumanas», explica la jurista. «Y ahora las están llamando para que se personen en Kabul. No sabemos qué ocurre cuando van».

«Tengo miedo de que me encuentren»

Una de las mujeres que ha sido llamada por los talibanes es G., de quien no se dan más datos para preservar su anonimato y seguridad. Esta mujer escribió a Ammar pidiendo ayuda hace apenas un par de semanas: «Nací en Afganistán y he trabajado como periodista y defensora de de los Derechos Humanos hasta la llegada de los talibanes», explica en un mensaje al que ha tenido acceso EFE.

«Debido a los recientes cambios políticos, estaba interesada en quedarme en mi país, pero recientemente las autoridades talibanes han accedido a mis documentos en medios», detalla. «Hace dos semanas, recibí una llamada pidiéndome que me personara en la redacción. Les pregunté por qué debía ir y me respondieron que, de otra forma, mandarían soldados a recogerme«.

«Inmediatamente, llamé a un ex-compañero y le pregunté. Me contó que habían accedido a mis archivos y que querían hacerme daño, por lo que debía cambiar mi ubicación y apagar mi teléfono», cuenta. «Desde entonces, estoy buscando soluciones para salir del país urgentemente. Tanto mi familia como yo estamos seriamente amenazados por los talibanes y tengo miedo de que me encuentren«.

Una situación cada vez más difícil

El de G. es tan solo uno de los más de cuarenta casos, entre los que además de periodistas también se encuentran activistas, actrices, académicas o directoras de cine, que están siendo tramitados por Women By Women. Su situación, cuenta Ammar, exige urgencia: “Ellas no saben qué hacer, están pasando miedo. Nosotras ya no sabemos qué decirles”.

“La cosa cada vez va a peor», añade la jurista. «Están llamando a las mujeres que pidieron el pasaporte entre agosto y ahora. Su situación es cada vez más difícil, y sabemos que algunos de sus excompañeros de trabajo las están vendiendo a los talibanes y dejando en la estacada”.

Los esfuerzos de la plataforma se centran ahora en sacar a esas mujeres de Afganistán: «Parece que podremos ayudarlas a salir en avión en cuanto tengan el visado», apunta Ammar. «Es todo gracias a la colaboración de empresas privadas y organizaciones no gubernamentales. También hay una periodista afgana en Londres que ha conseguido una donación estratosférica, pero ningún gobierno ha ofrecido ayuda”.

Con a de refugiada

Desde Women By Women también piden al gobierno español que se comprometa a facilitar la salida de estas mujeres de Afganistán y a acogerlas y reinsertarlas, aunque por el momento no hay una propuesta firme.

Por su parte, Ammar incide en la importancia de que la legislación internacional contemple la figura de refugiada por cuestión de sexo o género. La experta apunta que «en la definición de ‘refugiado/a’, (Artículo 1, sección A2 de la Convención de Ginebra), se prevén las siguientes condiciones: “raza, religión, nacionalidad o pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas”. La Convención de Ginebra data de 1951, apunta, y no se ha revisado desde entonces.

Y, si bien muchas de las mujeres afganas con las que trabajan desde la plataforma cumplen al menos uno de esos requisitos, la jurista denuncia que en ese texto «no se referencia al sexo o al género, que es la base de la persecución y opresión de la que parten las violencias que se ejercen sobre una mujer».

«Esto no significa que todas las mujeres de Afganistán deban ser evacuadas, sino que debe existir una perspectiva práctica y real que recoja el factor de que, por ser mujeres, muchas están condenadas de por vida», concluye. «Ese rol es el que las lastra y las condena bajo el mandato talibán«.