Suscríbete a nuestra newsletter "Sin permiso"

'The Porn Conversation', el proyecto de Erika Lust para hablar de educación sexual con las familias

Laura de Grado Alonso | Madrid - 25 agosto, 2026

Ante una generación que encuentra en la pornografía muchas de sus primeras respuestas sobre el sexo, la directora de cine porno Erika Lust y su pareja, Pablo Dobner, han impulsado 'The Porn Conversation', un proyecto de educación sexual que ofrece a familias y educadores herramientas para hablar con niñas, niños y adolescentes sobre consentimiento, placer, diversidad o relaciones respetuosas antes de que internet ocupe el vacío dejado por la educación sexual.

"Con la falta de la educación y la conversación, la pornografía se ha convertido en uno de los educadores más importantes para toda una generación y también para muchos adultos", asevera a Efeminista Erika Lust, quien defiende que el diálogo debe comenzar a edades tempranas y continuar a medida que cambian las preguntas, las experiencias y el acceso de los menores a internet.

"Una generación está formando su visión sobre la sexualidad con el porno"

El proyecto ofrece materiales descargables en español, inglés, francés y alemán, adaptados a las distintas edades, para que las familias puedan abordar cuestiones como el conocimiento del cuerpo, la intimidad, el consentimiento, los límites, el placer, la diversidad sexual o las diferencias entre la pornografía y las relaciones en la vida real.

Lust matiza que hablar de sexualidad con una niña o un niño de ocho o diez años no implica describir prácticas sexuales explícitas, sino enseñarle que su cuerpo le pertenece, que nadie debe mostrarle imágenes sexuales ni tocarle sin su consentimiento y que puede pedir ayuda si algo le incomoda.

En la adolescencia, añade, la conversación puede ampliarse a cuestiones como la ficción pornográfica, los estereotipos, el placer o las diferencias entre una actuación y una relación real.

"Soy madre y veo la realidad de lo que está pasando. Veo día a día cómo una nueva generación está formando su visión sobre la sexualidad con el porno", explica Lust. Durante años, cuenta, otros padres y madres se le acercaban para preguntarle cómo trataba el asunto en casa, si sus hijas conocían su profesión o cómo les explicaba su trabajo como directora de cine erótico.

Aquellas preguntas fueron el punto de partida de un proyecto que no pretende enseñar a consumir pornografía ni presentarla como un manual de conducta. Busca, por el contrario, impedir que el porno mainstream se convierta en la única referencia disponible cuando aparecen la curiosidad, las primeras búsquedas en internet o las dudas sobre el cuerpo, el deseo y las relaciones.

Imagen de la plataforma del proyecto de educación sexual 'The porn conversation'.

'The Porn Conversation', hablar antes de que llegue el porno

Según Lust, cuando llegan a los 12 o 13 años, es muy probable que los adolescentes ya hayan visto pornografía en internet, ya sea porque la han buscado voluntariamente, porque la han recibido a través de otras personas o porque se han encontrado con ella de manera accidental.

El 44 % de los adolescentes españoles tiene su primera exposición a contenidos peligrosos e inadecuados, como el pornográfico, entre los 12 y 13 años, según un informe de la Universidad Complutense.

Además, según dos investigaciones del Instituto de Salud Carlos III (ISCII), el consumo de pornografía violenta tiene efectos negativos en la salud sexual, aumenta los comportamientos sexuales de riesgo y la aceptación de la violencia contra las mujeres y daña las relaciones entre personas jóvenes.

Cuando la pornografía ocupa el vacío educativo

Por ello considera necesario proporcionar herramientas para que los jóvenes puedan interpretar críticamente las imágenes que consumen y distinguir entre una representación sexual y una relación real.

"Los colegios muchas veces no hablan del tema, las familias tampoco y los medios sí hablan de sexo, pero con frecuencia desde valores patriarcales y muy heteronormativos, sin profundizar en todas las posibilidades de la sexualidad", critica Lust.

Este vacío de conversación ha permitido, según Lust, que la pornografía ocupe un rol educativo para el que jamás fue concebida, perpetuando así estereotipos e ideas erróneas sobre los cuerpos deseables, los roles de género, el consentimiento y las dinámicas que debe seguir un encuentro íntimo.

Más educación frente a las prohibiciones

Cerrar ese vacío, sostiene Lust, exige algo más que controles parentales, prohibiciones o sistemas de verificación de edad, aunque estas medidas puedan contribuir a proteger a los menores frente a determinados contenidos.

"Veo en los medios mucho debate sobre el impacto de la pornografía, pero me faltan las conversaciones sobre las soluciones", señala la directora, que reclama situar la educación sexual y el acompañamiento adulto en el centro de la respuesta.

Los menores, afirma, necesitan adultos capaces de escuchar sin escandalizarse, responder a sus preguntas y explicar que lo que aparece en una pantalla no tiene por qué reflejar relaciones basadas en el respeto, el consentimiento o el cuidado. Para ello, añade, los propios adultos deben revisar la educación sexual que recibieron y reconocer sus carencias.

Lust recuerda, además, que la pornografía no es el único producto cultural que educa sobre el amor, el deseo y las relaciones. Desde la infancia, apunta, las personas aprenden también mediante películas, canciones, publicidad, series y redes sociales.

"Aprendemos de historias y relaciones desde que somos niños, también de las películas de Disney, que muchas veces nos cuentan historias heteronormativas de una manera que hace difícil imaginarse fuera de ese mundo", sostiene.

The porn conversation

Erika Lust, directora y productora de cine porno, durante una entrevista con Efeminista. EFE/Laura de Grado

Representación y participación

Su defensa de una mirada crítica sobre la pornografía está vinculada a su propia trayectoria como directora. Lust comenzó a producir películas para adultos tras sentirse frustrada por unos contenidos que consideraba sexistas, centrados casi exclusivamente en el acto sexual y alejados de la experiencia erótica o del deseo femenino.

"No me sentía representada, no sentía que lo que veía en muchas de esas películas tuviera que ver con mi vida ni con la vida de mi comunidad", recuerda.

Tras dos décadas en la industria, su productora cuenta con una biblioteca de más de 500 cortometrajes, series y películas, realizadas en su mayoría por directoras y por profesionales de la comunidad queer.

Para Lust, el carácter feminista de una producción depende fundamentalmente de "la representación y la participación", de qué cuerpos y deseos aparecen en pantalla, quién decide cómo se muestran y en qué condiciones trabajan las personas que intervienen.

En sus películas, añade, el consentimiento forma parte de la narración, los personajes hablan, negocian y expresan sus deseos y las mujeres aparecen como sujetos de placer y no únicamente al servicio del deseo masculino.

Las memorias de Erika Lust llegarán a España en 2027

La directora rechaza, por ello, que toda la pornografía se analice como un producto uniforme. "Puede transmitir valores sexistas, racistas y violentos, pero también puede transmitir valores que te abran la mente, que te hagan revisar ideas anteriores sobre la sexualidad; puede ser seductora, erótica y bonita", defiende.

Lust publicará el próximo año en España sus memorias con la editorial Debate, un libro en el que repasará su vida, sus decisiones y las dificultades que ha afrontado para desarrollar su propuesta cinematográfica.

La obra, reconoce, le provoca ilusión y nerviosismo por la exposición de aspectos íntimos de su trayectoria, pero espera que permita comprender el mundo desde la perspectiva de una mujer que ha defendido durante dos décadas que la representación sexual también puede construirse desde otros valores.