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Foto de archivo de una presa enferma del campo de concentración de Bergen-Belsen, el 17 de abril de 1945. EFE.

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Terror y resistencia: 80 años de la liberación de las esclavas del nazismo

Almudena Orellana | Madrid - 27 mayo, 2025

En mayo de 2025 se cumplen 80 años del fin de la II Guerra Mundial y de la liberación de las esclavas del nazismo y otras víctimas en campos de concentración, entre ellos el de Ravensbrück o "puente de los cuervos" -al norte de Berlín-, habitado, entre el terror y la resistencia, por mujeres que no cuentan con el lugar que merecen en la memoria histórica colectiva.

A diferencia de otros campos, Ravensbrück fue concebido exclusivamente para mujeres, aunque con el tiempo también deportarían a hombres, unos 20.000.

Allí, más de 130.000 prisioneras de nacionalidades distintas fueron sometidas a trabajos forzados, experimentos médicos, humillaciones sistemáticas y, en muchos casos, a esclavitud sexual. Las guardianas nazis eran formadas "para instruirlas en el arte de las torturas y de la muerte", según narró la periodista y escritora Mónica G. Álvarez en una entrevista con EFE.

Para la experta en Holocausto, Myrna Goldenberg, aunque "el infierno puede haber sido el mismo para hombres y mujeres durante el Holocausto", la realidad es que "los horrores relacionados con el sexo fueron diferentes", cita recogida por la socióloga Cristina Tania Fridman en "Re-lectura y recopilación", la revista de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH).

Por eso, en el ochenta aniversario de su liberación, las historias de las mujeres que estuvieron allí resurgen como símbolo de resistencia y denuncia ante la barbarie nazi, que se ensañó con especial violencia sobre los cuerpos femeninos. Se calcula que, de entre los 11 o 12 millones de asesinados por el nazismo entre 1933 y 1945, según el Museo del Holocausto de Washington, al menos el 40 % o 50 %, unos seis millones, fueron mujeres y niñas.

Ravensbrück: el mayor campo de concentración femenino

Ravensbrück surgió en 1939, y rápidamente se convirtió en el mayor campo femenino del Tercer Reich. Allí las prisioneras eran catalogadas de manera humillante por el nazismo: estrella de David y triángulo amarillo para las judías, triángulo negro para las consideradas “asociales” o triángulo rojo para las detenidas por motivos políticos, entre otros distintivos.

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Retratos de exprisioneras en el Museo del Recuerdo del campo de concentración de Ravensbrück, 30 de abril de 2025. EFE/EPA/MARCIN BIELECKI POLAND OUT

Las mujeres vivieron allí el infierno del Holocausto, oprimidas bajo las "duras condiciones de esclavitud, miseria y maltrato" de los campos. También sufrieron ataques sexuales, maternales y médico-reproductivos, llegando incluso a ser esterilizadas en algunos casos, señaló en una entrevista a EFE la periodista y doctora en Estudios de Género, Amalia Rosado Orquín.

“En Ravensbrück, a Alfonsina le fue adjudicada la matrícula 37884 y fue dirigida hasta la enfermería donde le inyectaron, en el cuello del útero, un líquido extraño. Como consecuencia de aquel “experimento” su salud se vio afectada para siempre. En el campo de las mujeres tuvo que soportar unas pésimas condiciones de trabajo, la humillación, el hambre y la constante presencia de la muerte”. Testimonio recogido por Neus Catalá, presa española en Ravensbrück, De la Resistencia y la Deportación.

Un campo en el que la violencia ejercida contra las presas parecía ir más allá -el cuerpo de las mujeres fue convertido en un arma de guerra y de dominación-, y donde las violaciones, las esterilizaciones, los abortos forzosos, la esclavitud sexual organizada o la menstruación y los partos en condiciones higiénicas funestas e infrahumanas, fueron la norma.

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Crematorio de Ravensbrück, cerca de Berlín, Alemania. Foto del 30 de abril de 2025. EFE/EPA/MARCIN BIELECKI POLAND OUT

Y la suerte de las que parían no era mayor. Muchas eran condenadas a la cámara de gas por considerar que no podían trabajar a pleno rendimiento o que su prole no era 'digna', como relató otra presa española, Mercè Núñez Targa, en su libro El carreto dels gossos: una catalana a Ravensbrück (Edicions 62, 1980).

"Mayor preocupación causaban las mujeres en edad fértil. Por un lado, su trabajo para el Tercer Reich podía ser productivo. Por otro, eran un peligro especialmente grave porque podían concebir niños judíos." Fragmento de Crónica del Holocausto (Libsa, 2004).

‘Lagerbordell’: los burdeles de las presas y esclavas nazis

Lagerbordell fue el nombre que recibieron los prostíbulos creados por las SS en sus campos de concentración, sobre todo a partir de 1942. En ellos muchas prisioneras eran forzadas a tener sexo con otros cautivos, como un retorcido 'estímulo' para que fuesen más productivas y corriesen menos peligro de muerte.

Y es que no solo se crearía un burdel en Ravensbrück, sino también en otros campos, como en Mauthausen o el subcampo de Gusen, en Austria.

“Y vinieron a hacernos la visita. Teníamos que pasar a pelo delante de un grupo de SS. Las que estaban bien, las hacían dar dos o tres vueltas delante de ellos y enseñarles la boca, los dientes. Por la mañana nos volvieron a llamar para pasar de nuevo la visita y nosotras cada vez más espantadas. Otra vez a pelo y venga a dar vueltas ante aquellos hombres”. Testimonio de Dolors Gener, otra de las presas españolas, recogido en Republicanas españolas en Ravensbrück, Fundación Amical.

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Foto de archivo de mujeres en el campo de concentración alemán de Bergen-Belsen en 1945. EFE.

Algunas de aquellas mujeres fueron engañadas con la promesa de mejores condiciones en los campos, y otras forzadas y seleccionadas por ser jóvenes físicamente “aptas” a ojos de las SS, o por considerarlas ‘asociales’ o prostitutas en su vida anterior.

Después eran sometidas a violaciones repetidas bajo vigilancia, expuestas a enfermedades, y con frecuencia marcadas con el tatuaje “Feld-Hure” (puta de campo) en el pecho, como recoge el libro Putas de campo de la investigadora Fermina Cañaveras.

“Por fin unas cuantas prostitutas se presentaron como voluntarias. Muchas de ellas aceptaron por miedo y no “por el amor al arte”. Puede ser que si hubiesen sabido el fin que les esperaba no hubiesen dicho nada. Porque las enviaban al frente, con los soldados, y después, reventadas y deshechas, morían...”, escribió también Dolors Gener al respecto.

El caso de la superviviente española Neus Catalá

Neus Català fue una de las supervivientes españolas de Ravensbrück. Detenida por la Gestapo en Francia y deportada en 1944, se dedicó, décadas después de la liberación, a reconstruir las vivencias de sus compañeras supervivientes, fundando una memoria feminista del Holocausto inestimable. Y es que, una buena parte de las mujeres de los campos fueron republicanas que, tras la Guerra Civil y huyendo de la represión franquista, se exiliaron a Francia y se integraron en las filas de la resistencia, lo que terminó desembocando en su posterior detención.

Su valioso testimonio, difundido por ella misma hasta su muerte en 2019 y ahora por su hija Margarita, describe de manera muy precisa los trabajos forzados, la desnutrición y el terror constante de los campos. Pero también lo importante que fue la cultura como forma de resistencia o la solidaridad que se daba entre las mujeres que vivieron como ella y junto a ella aquel horror, entre poemas y palabras de aliento.

“Con una temperatura de veintidós grados bajo cero, a las tres de la madrugada del 3 de febrero de 1944, mil mujeres procedentes de todas las cárceles y campos de Francia llegamos a Ravensbrück. Era el convoy de las 27.000, así llamadas y así aún conocidas entre las deportadas (...) Con diez perros lobos dispuestos a devorarnos, empujadas bestialmente, hicimos nuestra triunfal entrada en el mundo de los muertos”. Neus Català, De la resistencia y la deportación.

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Foto de archivo del monumento a la luchadora y superviviente del nazismo Neus Català en Tarragona. EFE/Jaume Sellart

Durante su lucha, Català también quiso poner de manifiesto que no fueron solo víctimas, sino protagonistas de la resistencia y de la derrota de los nazis, a pesar de que la historia y los logros de estas mujeres apenas se hayan reconocido. Y es que, desde dentro, las presas llegaron incluso a sabotear obuses y fábricas, tejiendo unas redes de sororidad que desafiaron por completo al nazismo.

Algo con lo que coincide Amalia Rosado, que añadió a EFE que "hay una reticencia a reconocer los méritos de estas españolas, a las que se les negó cualquier honor o reparación" porque la lucha "siempre se ha considerado patrimonio del hombre".

Ochenta años del fin de la II Guerra Mundial y el nazismo

Ahora, cuando se cumplen ochenta años del fin de la II Guerra Mundial y de los terrores del nazismo, son muchos los eventos que se están organizando en distintas partes del mundo para homenajear a las víctimas y a las personas supervivientes de los campos de concentración alemanes, como el de Sachsenhausen o Bergen-Belsen -además de Ravensbrück-, en el que estuvo Ana Frank hasta su fallecimiento.

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Foto de un retrato de Ana Frank en su antigua casa. Ámsterdam, 16 de noviembre de 2017. EFE/Koen Van Weel

Homenajes que han contado con la participación de los reyes de España, o cuyo reconocimiento especial se ha centrado en las más de cuatrocientas mujeres republicanas que, como Neus Català o Dolors Gener, fueron deportadas y señaladas con un triángulo rojo para ser utilizadas como mano de obra esclava.

"Allí, se vieron sometidas a horrores inenarrables, pero también lograron resistir gracias a una intensa solidaridad y a la fortaleza que les brindaron sus convicciones políticas", según ha contado recientemente a EFE Margarita Català, hija de Neus y presidenta de Amical Ravensbrück, durante un acto celebrado en la embajada española en Berlín.

Mención aparte merecen los libros de El barracón de las mujeres (Espasa, 2024), también de Fermina Cañaveras, o el de Amalia Rosado, Españolas en los campos nazis (Catarata, 2024), fundamentales para este aniversario y para conocer en profundidad lo que vivieron las mujeres en los campos.

Català ha querido también destacar la importancia de visibilizar estas historias y transmitírselas a las personas más jóvenes, algunas de ellas presentes en el acto. A ellas les corresponde luchar "contra el racismo, la xenofobia y el fascismo que está subiendo en muchos países", porque, "la memoria no puede ser neutral, debe ser crítica, activa, comprometida", máxime en un mundo tan polarizado como el actual, en el que el fascismo parece resurgir con fuerza, minimizándose su terrible papel en la historia.