Jennifer: «Si una policía no hubiera denunciado por mí, yo habría acabado en las noticias»

Laura de Grado Alonso y Macarena Baena Garrido | Madrid - 24 noviembre, 2020

Jennifer es una de miles de mujeres supervivientes de la violencia machista que hay en España. Hoy 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, cuenta su historia para ayudar a otras mujeres a salir de la espiral de violencia, dar el paso, denunciar y comenzar una nueva vida.

«Si sufres malos tratos, pide ayuda. Todos te van a querer ayudar. No pienses que es una situación vergonzosa. Le puede pasar a cualquiera, incluso al defensor de las causas perdidas, que fue mi caso. Yo defendía a todas mis amigas, me metía en mil jaleos por ellas y la realidad es que yo fui la mujer maltratada», ha explicado Jennifer durante una entrevista con Efeminista.

«Si pides ayuda, alguien vendrá, te cogerá de la mano, te acompañará y te ayudará. Sólo necesitas que alguien te asegure que si pasa algo, va a estar ahí para sujetarte. Y personas que te vayan a sujetar, estoy segura de que hay muchísimas.»

En España 1.074 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o exparejas desde 2003, año en el que se empezaron a contabilizar este tipo de crímenes machistas, y 41 mujeres en lo que va de 2020.

Según la Macroencuesta de Violencia sobre la Mujer de 2019, una de cada tres mujeres (32,4 %, 6,6 millones) ha sido maltratada física, sexual, psicológica o económicamente por una pareja o expareja. Y casi 3 millones (el 14,2 %) de mujeres han recibido malos tratos físicos o violencia sexual por parte de un compañero sentimental.

La historia de Jennifer, superviviente de violencia machista

Con 16 años Jennifer empezó a salir con uno de sus amigos de toda la vida, una relación que duraría cuatro años. El primero «fue maravilloso», confiesa la joven, que en durante ese tiempo se sentía «el centro de la relación y lo más importante que él tenía».

Poco a poco eso fue cambiando, al año empezaron las discusiones, dejó de tratarla bien y el entorno más cercano empezó a darse cuenta de que algo estaba ocurriendo hasta el punto de que, incluso, uno de los amigos del agresor le llegó a preguntar: «¿tú estás cómoda?».

Llegó un momento en el que Jennifer solamente era su sustento económico. «Yo trabajaba, él vivía de mí. Cada vez que quería algo recurría a mí y cuando era un no, cuando no podía ser por el motivo que fuera, las cosas se iban torciendo más, más, más y se iban haciendo más grandes hasta que la discusión se salía de contexto y ya había agresiones verbales o físicas«, cuenta.

Con el tiempo las agresiones físicas comenzaron a hacerse más habituales y para entonces Jennifer ya estaba completamente aislada de sus familiares y amigas, lo que dificultaba salir de esa espiral de maltrato.

«No hablaba con mis amigas y en casa solo discutía con mis padres y mi hermano», relata la joven.

Sin la policía hubiera tenido «un final negro»

Tras una de las agresiones físicas, Jennifer decidió denunciar a su agresor. Lo hizo hasta en cuatro ocasiones, pero las cuatro veces, presionada por él, volvía al juzgado, retiraba la denuncia y acababa justificándolo.

Su suerte cambió el día que una policía presenció una de las palizas. «Me dijo que tenía que denunciarlo, que cualquier día me iba a matar y le pedí, por favor, que lo hiciese ella, que lo denunciase por mi», recuerda Jennifer, consciente de que si era ella la que denunciaba, tarde o temprano las amenazas la obligarían a retirar la acusación por quinta vez.

Y eso fue lo que hizo la agente, denunciar al agresor de modo que Jennifer solo podía acudir al juicio como testigo pero no tenía capacidad de retirar la denuncia. Esa fue su salvación, la denuncia de una testigo.

Jennifer tiene la certeza de que si no hubiera sido por aquella policía, sus cuatro años de relación, marcada por la violencia psicológica y física, hubieran tenido un final «más bien negro». En cambio, el proceso judicial terminó con el agresor, reincidente, condenado y con una vida nueva para ella.

«Estoy segura de que si la policía no hubiera denunciado por mí (…) posiblemente hubiera formado parte de las noticias«, reconoce la joven.

«Ya no tengo miedo si alguien me toca»

Por eso, anima a las mujeres en situación de maltrato a denunciar para romper el círculo de la violencia o, en caso de que no estén preparadas y no tengan fuerzas para ello, que pidan ayuda a su entorno: «cuando tú no tienes valor por miedo, porque sabes lo que puede ocurrir, recurre a alguien, cualquiera lo puede hacer, ya sea la policía, tu vecina o incluso tus padres«.

«Es importante que, si no te veas capaz, pidas ayuda a la persona que esté cerca, no necesitas tener confianza con ella», insiste Jennifer, a quien le costó buscar esa ayuda a pesar de que, asegura, todas sus amigas estaban esperando a que sonara el teléfono para ir corriendo a apoyarla.

Diez años después, Jennifer es todo un ejemplo de resiliencia. Tras el apoyo y la formación por parte de la Fundación Integra, donde le ayudaron a conseguir un trabajo y a salir al mundo real, ahora Jennifer estudia enfermería, está en un momento muy feliz de su vida y ha encontrado una pareja «maravillosa». El miedo tampoco forma ya parte de su cotidianeidad.

«Ha cambiado mi vida, he vuelto a hablar con mis amigas y a no tener miedo si alguien me toca», admite.

«No presionar» a las mujeres maltratadas

A la sociedad, Jennifer le manda un mensaje claro: «no presionar» a las mujeres que sufren violencia machista. «Lo último que tienes que hacer es ejercer presión en la mujer maltratada porque se va a volver en tu contra», señala.

Dice que la mejor forma de ayudar a las víctimas es buscar el momento justo y esperar a que se den cuenta de que ellas no tienen la culpa, sino la pareja. Entonces, en ese preciso momento, «dale una opción distinta a lo que está haciendo para salir de ese círculo», alenta Jennifer.

Además, la joven ha querido recordar que la lucha contra la violencia machista «forma parte de todos», es una responsabilidad social, y no solo de las mujeres que la sufren.

«Es muy importante que ese daño psicológico se repare y que se repare de forma global. No es trabajo del psicólogo, no es trabajo de la familia, es trabajo de toda la sociedad, incluso del chico que te atiende cuando compras el pan. Forma parte de todos y hay que concienciarnos de ello.»

El 016 atiende 24h al día y en 51 idiomas

Fundación Integra, es una entidad social que nace en 2001 para ofrecer una segunda oportunidad a personas que se encuentran en exclusión social y situaciones vulnerables para que a través de la integración laboral puedan retomar las riendas de su vida. Desde 2001 ha atendido a 5.855 mujeres víctimas de violencia a las que ha formado en habilidades socio-laborales y ha ayudado a conseguir un empleo .

El 016 atiende a todas las víctimas de violencia machista las 24 horas del día y en 51 idiomas diferentes. Una llamada que no deja rastro en la factura, si bien hay que borrarla del registro de llamadas del teléfono móvil.

Los menores también pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10, y los ciudadanos que sean testigos de alguna agresión deben llamar al 112.