Reene, superviviente: Me mutilaron porque me estaba tocando, tenía 3 años

Laura de Grado Alonso | Madrid - 5 febrero, 2021

Cuando la doctora norteamericana Reene Bergstrom tenía apenas 3 años su madre la llevó al médico porque se estaba tocando. El médico, para quien «la masturbación era un pecado», le cortó el clítoris, lo que se considera un tipo de mutilación genital femenina (MGF).

“Mi corte se hizo porque me estaba tocando… era una niña de 3 años…no sé si en realidad se puede llamar masturbación a esa edad, pero mi madre estaba preocupada y me llevó a un médico, que practicaba su religión con bisturí. La creencia de su religión era que la masturbación era un pecado y me quitó el clítoris”, relata la superviviente de MGF.

Así lo explica la Reene en una conversación con la también superviviente de MGF y cofundadora de Save a Girl Save a Generation, Asha Ismail, con motivo del Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina el 6 de febrero.

Fecha en la que quieren visibilizar y recordar que la mutilación genital femenina «se trata de un problema global que no se limita solamente a un continente, ni a un color, ni a un lugar».

A Reene le pasó en el seño de una familia cristiana estadounidense, con apenas 3 años. A Asha con 5 años, en una pequeña ciudad de Kenia.

Se estima que más de 200 millones de mujeres y niñas han sido objeto de mutilación genital femenina en todo el mundo, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Una práctica que la OMS define como “todos los procedimientos que, de forma intencional y por motivos no médicos, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos”.

Superviviente de MGF

La doctora norteamericana está segura de que hay más gente como ella en Estados Unidos, personas que no quieren hablar de ello o «a quienes les pasó tan jóvenes que quizá ni siquiera saben bien qué ocurrió». En su caso, guardó silencio muchos años.

“Mi madre me dijo inmediatamente que sabia que era un error y que nunca debía hablar de ello«, explica.

No lo habló con sus amigas ni con sus hermanas, ni siquiera lo habló cuando estuvo embarazada de su primer hijo, no sabía que podía ser un problema en el embarazo.

“Si no hubiera estado con un médico muy cuidadoso podría haber muerto, como otras mujeres en todo el mundo han muerto durante el parto”, relata Reene, a quien tuvieron que practicar una episiotomía extensa que tardó meses en curar.

Peligros para la salud sexual y reproductiva

Según Naciones Unidas, la MGF conlleva graves consecuencias para la salud sexual y reproductiva de las niñas y las mujeres. Entre ellas dolor agudo, hemorragias, infecciones, lesiones de órganos y estructuras anatómicas de la zona, fracturas, incontinencia, anemia o consecuencias psicológicas.

Además, puede provocar complicaciones durante el parto como cesáreas, riesgo de sufrir hemorragias, desgarros o episiotomías.

“Traté de mencionárselo a un compañero de trabajo de confianza. Lo intenté tres veces con varios compañeros de confianza y los tres me dijeron: No vuelvas a compartir eso nunca más, Renee, o arruinarás tu carrera”, añade la activista, a quien, en ese momento, silenciaron de nuevo.

Tanto Asha como Reene consideran que la decisión de no hablar de ello viene de querer «proteger a tu familia», pero también del estigma social que hay todavía y de no saber «quién va a ser compasivo y quién te va a juzgar».

Por eso, las dos activista animan a las supervivientes de MGF a hablar de ello: “Hay algunas de nosotras dispuestas a escuchar sus historias si desean compartirlas”.

«No es nuestra culpa, no deberíamos avergonzarnos de ello, y puede ayudar mucho y animar a más gente a seguir adelante y a hablar de ello», coinciden.

Cirugía genital femenina

Durante la conversación, ambas mujeres han puesto sobre la mesa el debate en torno la cirugía genital femenina. Una práctica que Reene considera «otra forma de la sociedad de hacer que las mujeres crean que no están bien». «No entiendo por qué alguien voluntariamente alteraría su área genital», añade.

Por su parte, Asha se ha mostrado muy crítica con este tipo de cirugía, que considera un tipo de mutilación genital atendiéndose a la definición que da la OMS, «que recoge que cualquier tipo de alteración de la zona genital que no tenga nada de beneficio medico o por razones médicas entra en la categoría de mutilación genital femenina», explica.

«Cuando una chica piensa que tiene los genitales feos y quiere pasar por una cirugía porque quiere reducir los labios es culpa de una sociedad que le exige eso», añade la activista keniata, y defiende que «se debería ilegalizar».

«Terrorismo contra la mujer»

Por todo ello, en una entrevista con Efeminista, Asha ha incidido en que «la mutilación genital femenina es un terrorismo contra la mujer y es algo que afecta a todas las mujeres del mundo».

Y, desde Kenia, donde se encuentra ahora trabajando con Save a Girl Save a Generation, manda un mensaje para todas las supervivientes de MGF: «Me gustaría decirles que nos olvidemos de la diferencia de continentes en que hemos nacido, que lo que le pasa a una, nos pasa a todas y que de alguna forma todas hemos pasado por algún tipo de mutilación femenina, ya sea psicológica, económica o genital, y que nos apoyemos mutuamente en esta lucha«.

«Si te ha pasado, habla de ello», anima la activista y superviviente de MGF.