Imagen de elaboración propia. EFE/ Efeminista
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Tres sueños diferentes para las tres únicas mujeres latinoamericanas con un Nobel
Una literata y profesora chilena alabada en todo el mundo, una guatemalteca defensora de los derechos humanos y de los derechos de los indígenas y una controvertida política ultraderechista venezolana son las únicas tres mujeres latinoamericanas que han recibido un premio Nobel.
El de la última de ellas, María Corina Machado, opositora al régimen chavista de Nicolás Maduro, es el único que ha generado dudas y muchas sombras sobre las razones para su concesión frente a la unanimidad y el aplauso mundial que recibieron Rigoberta Menchú y Gabriela Mistral, la primera en ser galardonada hace 80 años.
El sueño de la educación universal
Nacida en 1889 en un pequeño ciudad rural de Vicuña, unos 400 kilómetros al norte de Santiago de Chile, bajo el nombre Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, Mistral fue una profesora, literata y diplomática que dedicó su vida a un sueño: que la educación no fuera una suerte como la que llegó a ella si no un derecho para todas personas, fuera cual fuera su origen o condición social.
Y para ello dejó escritos decenas de libros, epístolas y otros textos que rápidamente tuvieron un fuerte impacto en todo el continente, desde el rincón agrícola y empobrecido de Chile que le vio nacer a las casas de terratenientes en México, pero también en Europa, en una trayectoria prolifera que concluyó solo a su muerte, el 10 de enero de 1957 a los 68 años de edad.
Siendo la educación uno de los núcleos de su vocación política, encabezó la alfabetización de las comunidades campesinas e indígenas en zonas rurales del país azteca, al que fue invitada para participar de la reforma educacional a principios de la década de 1920 y en ese país fundó escuelas, dictó conferencias sobre pedagogía y promovió la lectura de mujeres escritoras clásicas.
Además de su prolífico trabajo literario, Mistral plasmó en sus escritos múltiples preocupaciones sociales, políticas e ideológicas, perfilando a diversos personajes influyentes de su época, trazando posiciones sobre la organización de las mujeres y el trabajo, así como el voto femenino y los derechos humanos lo que llevó a la Fundación Nobel a distinguirla como la primera latinoamericana en lucir su galardón.
El sueño de los derechos indígenas
Nacida en la pequeña localidad de Uspantán, en la provincia guatemalteca de Quiché en 1959), el sueño de Rigoberta Menchú es la concordia entre los pueblos y la fusión de la humanidad con la naturaleza, y sigue muy vivo, con la defensa del medio ambiente como uno de sus núcleos principales.
Menchú, perseguida por sus ideas y nacionalizada mexicana, pertenece al maya quiché, es embajadora de los pueblos indígenas del mundo de la Unesco y además del Nobel de la Paz logrado en 1992, seis años después fue distinguida con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.
Defensora igualmente de los derechos de las mujeres, el pasado septiembre advirtió sobre los peligros de la inteligencia artificial y de los avances de la tecnología que no tienen en consideración al ser humano y la ética humanista. Un desarrollo que nos puede hacer perder "la esencia" humana si no se no se ponen al servicio del bien común.
"La deshumanización no la construye la tecnología. La deshumanización la hacen las personas que usan la tecnología al servicio de sus intereses. Mucha gente ‘endiosó’ la inteligencia artificial. Y creyeron que estaban completamente informados a través de la inteligencia artificial. No, a la inteligencia artificial le faltan algunos toques, digamos. Uno es el toque humano”, expuso.
Antes de defender también la educación, como hizo Gabriel Mistral, como la herramienta más importante que queda en el camino de la humanidad.
"Si lo que enseñamos es para la vida, va a seguir siendo para la vida hoy y siempre. Si lo que enseñamos es contra la vida, eso es un legado lamentable que va a perdurar muchas veces en la conciencia humana", subrayó.
El sueño del poder
Nacida en 1967 en Caracas en el seno de la una familia católica acomodada, y nieta de un conocido político venezolano, la vida de María Corina Machado ha estado dedicado a la política. Y en particular a la oposición al régimen socialista del fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez, y su sucesor en el "chavismo" Nicolás Maduro, desde una posición de derechas neoliberal que se ha ido extremando en los últimos años.
Miembro fundador de la organización civil Súmate, que en 2005 hizo campaña en favor de un referéndum revocatorio sobre la continuidad en el poder de Chavez, e hija de un empresario expropiado por el chavismo, Machado es la última heredera de una serie de controvertidos líderes de oposición venezolanos como Leopoldo López, Juan Guaidó o el propio Edmundo González.
En su camino al poder, ha encontrado como uno de sus principales aliados al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien mantiene un enorme despliegue naval en aguas del Caribe y con el que, según una información aparecida en el diario The Washington Post, ya ha examinado planes para una intervención armada norteamericana en Venezuela que le abra la puerta del poder.
Según fuentes de la administración Trump citadas por el diario, Machado y su equipo habrían propuesto crear fuerzas para estabilizar el país entre las primeras 100 horas y los primeros 100 días tras la salida forzada de Nicolás Maduro y mantener el poder hasta celebrar elecciones durante el primer año.
Una estrategia política que ha generado grandes críticas de dirigentes vecinos y de políticos de todo el mundo, principalmente de partidos de la izquierda progresista. Y ha puesto en duda la conveniencia del galardón que recogió, el Nobel de la Paz.
Recibe un premio Nobel 80 años después de que lo hiciera la primera mujer latinoamericana y 33 de la segunda.