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La escritora española Carmen Conde (d) y la poetisa costarricense Julieta Dobles. EFE

Un ensayo de las «Sinsombrero» arroja luz sobre las artistas en el franquismo

Redacción - 17 noviembre, 2018

Tras el documental «Las Sinsombrero» de 2015, y su continuación escrita un año después, «Las Sinsombrero: sin ellas la historia no está completa», Tània Balló vuelve a arrojar luz sobre estas mujeres de la Generación del 27 con «Ocultas e impecables», centrado en el franquismo.

Carmen Conde, Margarita Ferreras, Delhy Tejero, Rosario de Velasco, Consuelo Berges, Lucía Sánchez Saornil y Elena Fortún son las siete protagonistas de «Las Sinsombrero 2: Ocultas e impecables», editado por Espasa, y en el que Balló deja atrás los años 20 y 30 en los que centró el primer volumen y ahonda en el ostracismo de las «Sinsombrero» en el franquismo.

«Los años 20 y 30 son unos años que tenemos más visualizados, contextualizados, hemos hablado mucho de ellos. Los años del franquismo son muy duros, muy grises, aún no se han interpelado socialmente, por lo que indagar estas vidas durante esos años ha sido muy complejo», explica Balló (Barcelona, 1977) a Efe.

Con esta continuación cronológica de su obra anterior, la escritora rinde homenaje a unas mujeres doblemente silenciadas, no solo por vivir a la sombra de sus compañeros varones de generación como García Lorca, Dalí o Cernuda, sino por hacer del arte una disidencia dentro del franquismo.

«Sí que tenemos muy claro que hubo una disidencia política, clandestina, pero aquí se está hablando de una disidencia en el ámbito creativo y privado. La mujer regresa a un estado de sumisión, una mujer que no ha tenido tiempo vital aún de asumir que su libertad es un derecho», comenta Balló.

Las «Sinsombrero», mujeres comprometidas y reivindicativas

Mientras sufrían el terrible exilio interior, desde un ostracismo casi absoluto, Carmen Conde, Margarita Ferreras, Delhy Tejero, Rosario de Velasco, Consuelo Berges, Lucía Sánchez Saornil, Elena Fortún y tantas otras fueron capaces de asumir una labor que ha sido fundamental en la historia social, política y cultural de España, un país que nunca las reivindicó.

Estas mujeres beligerantes, curtidas, brillantes cada una en su disciplina, se adaptaron a las circunstancias para lograr ser quienes querían ser, incluso bajo otras identidades o asumiendo una doble vida, una de cara a la sociedad represiva e impecable, y otra libre, pero oculta.

«El exilio fue la opción para muchos, pero no todos pudieron o quisieron exiliarse», apunta Balló, que señala como caso paradigmático a Carmen Conde (Cartagena, 1907 – Madrid, 1996), poeta, novelista, ensayista y primera académica de número de la Real Academia Española que, por su ideología republicana y como «acto de disidencia», no se exilió.

Por esa decisión de no marcharse de España al término de la Guerra Civil, planeó sobre ella la sombra de la duda de ser una intelectual al servicio del régimen franquista, como le ocurrió a Elena Fortún por publicaciones como «Celia».

«Me parece un poco arriesgado decir desde el presente que esas mujeres aceptaron ese rol de mujeres artistas o intelectuales prestadas al régimen. Hubo una disidencia interna, de mujeres que dijeron ‘Ostras, nosotras esto lo combatimos con nuestro arte, nuestras publicaciones, con nuestra propia ideología, que nunca se ha movido‘», dice Balló.

Este tipo de mujeres, que «optaron por la supervivencia», vivieron después un «segundo estigma»: «Cuando llega la democracia, no solamente son olvidadas por el hecho de ser mujeres o no son integradas dentro de la Generación del 27, sino que encima son acusadas de estar bajo el beneplácito del régimen», subraya.

«Esto es muy indignante, porque es no entender lo que representó vivir una dictadura. Y además, otra cosa que me molesta especialmente, es que con ellos eso se dice con más cuidado. Ellos parece que pasado un tiempo, el runrún de ser autores bajo el auspicio del régimen es un insulto», añade.

Con la intención de disipar esa creencia generalizada, Balló saca a la luz a estas artistas y las pone al mismo nivel que otras «Sinsombrero» que rescató en «Sin ellas la historia no está completa» como Maruja Mallo, Ángeles Santos, Rosa Chacel, Josefina de la Torre o Margarita Gil Roësset.

«Cuando escribí el primer libro, cuando hice el documental -dirigido junto con Serrana Torres y Manuel Jiménez- tenía un poco la sensación de que me dejaba muchas mujeres por el camino», reconoce la escritora.