Primeras damas

Combo de fotografías en el que se registró: arriba, a la primera dama de Chile, Irina Karamanos (i), junto al presidente electo Gabriel Boric, y, abajo de izquierda a derecha, a la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández; a Keiko Fujimori y a la presidente de Honduras, Xiomara Castro. EFE

Las primeras damas de América, con un rol cada vez más político

Cristina Bazán | Guayaquil - 29 enero, 2022

A lo largo de los últimos años, las cónyuges e hijas de los presidentes de América han asumido un rol cada vez más político. Un ejemplo de ello es el anuncio que hizo la futura primera dama de Chile, Irina Karamanos, sobre la «reformulación» del cargo que hará cuando su pareja, Gabriel Boric, asuma el poder.

«Reformularlo implica adaptarlo a los tiempos, darle un giro más contemporáneo y despersonalizarlo, y eso significa cambiar la relación con el poder y la relación entre el poder y las mujeres que hacemos política«, explicó el pasado 18 de enero Karamanos, quien además anticipó que desde su próxima posición abordará otros temas, como «la juventud trans» o «la infancia migrante».

Este desafío que se ha autoimpuesto Karamanos resulta novedoso, porque rompe el esquema tradicional y llena de contenido el cargo, explica la doctora en Ciencia Política de la Universidad de Hamburgo y estudiosa de las primeras damas, Carolina Guerrero, quien lo atribuye a la «ola de primeras damas más activas en política» que se inició con Hillary Clinton, en 1993.

Tras su paso por la Casa Blanca como primera dama, periodo en el que impulsó una reforma del sistema de salud estadounidense, Clinton fue senadora, secretaria de Estado y candidata presidencial.

«A diferencia de América Latina, este tema está muy estudiado en Estados Unidos, donde los expertos aseguran que las primeras damas entran definitivamente en la política con Hillary Clinton. Desde ahí, varias de ellas han seguido este rol. Algunas, incluso, han seguido en política después de ser primeras damas», explica Guerrero.

Cristina Fernández, en Argentina; Keiko Fujimori, en Perú y Marta Linares, en Panamá, son algunas de ellas.

El salto político de las primeras damas

También es el caso de la nueva presidenta de Honduras, Xiomara Castro. Su esposo, Manuel Zelaya, estuvo al frente del país centroamericano desde 2006 hasta 2009, año en que fue derrocado por un golpe de Estado.

Durante esos años, Castro impulsó programas encaminados a reducir los índices de pobreza, la mortalidad materna e infantil y aumentar la escolaridad. También intervino en cumbres internacionales en las que se analizaron propuestas para impulsar el desarrollo económico de las mujeres u obtener respuestas contundentes para detener el VIH en Centroamérica.

Castro fue candidata presidencial en 2013 y precandidata en 2016. Finalmente, logró la victoria en noviembre de 2021 y este 27 de enero se convirtió en la primera mujer presidenta de su país.

«Mucho se habla de que estas mujeres cumplen un rol de adorno, que realmente no participan en política. Incluso también desde el periodismo se dice «es la esposa de, no representa a», pero finalmente sí participan de diferentes formas, ya sea representando al Gobierno, ya sea haciendo eventos sociales, promulgando algún programa o haciendo un discurso frente a una organización internacional en un viaje», agrega Guerrero, quien también es parte de la Red de Politólogas.

Se postularon a diferentes cargos

Según una investigación realizada por esta experta, 66 de las 88 primeras damas que ha habido en la región desde 1990 se involucraron formalmente en políticas públicas cuando llegaron al Poder Ejecutivo, incluso en áreas tan influyentes como salud y educación.

«El rol ha ido evolucionando, desde un papel típicamente protocolar a uno caritativo y finalmente, apuntando a las políticas públicas», menciona.

Después de dejar los palacios presidenciales, entre 1999 y 2016, veinte exprimeras damas se lanzaron veintiséis veces como candidatas a la presidencia o la vicepresidencia de sus países o al Congreso, y fueron elegidas en diecinueve ocasiones.

Una de ellas es la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández, quien tras dos décadas como legisladora y cuatro años como primera dama, alcanzó la presidencia en dos ocasiones. En 2008, la revista Forbes la escogió como la mujer más poderosa del mundo en el ámbito hispano.

Entre 2003 y 2007, durante el mandato de su hoy difunto esposo, Nestor Kirchner, Fernández realizó numerosos viajes oficiales, algunos de ellos en solitario, con el objetivo de profundizar la relación bilateral con países como España, Alemania, Brasil y Ecuador, entre otros.

Otra de las primeras damas que ha tenido gran trascendencia política es la peruana Keiko Fujimori, quien asumió el cargo tras el divorcio de sus padres, con tan solo 19 años, lo que la convirtió en la mujer más joven que ostentaba ese puesto en la historia de América.

Keiko, quien durante el mandato de su padre, Alberto Fujimori, asumió roles protocolares y estuvo al frente de fundaciones, ha vivido casi toda su vida en la escena política. En 2006 fue elegida como diputada con la más alta votación del país y también ha sido candidata presidencial en 2011, 2016 y 2021.

En Panamá, la exprimera dama Marta Linares también fue candidata, sin éxito, a la vicepresidencia de la República después de que su esposo, Ricardo Martinelli, terminase su mandato. Durante el período presidencial, Linares representó a su país en conferencias sobre autismo y niñez y adolescencia migrante.

Más mujeres en política

Para Guerrero, esta tendencia de primeras damas políticas tiene que ver con dos situaciones: la evolución propia del cargo, «que las mujeres puedan entrar en política», pero también con la personalidad de quien asume el rol. «Hay primeras damas con antecesoras muy políticas, pero ellas no lo son», agrega.

La directora regional para América Latina y el Caribe de ONU Mujeres, María Noel Vaeza, coincide con la investigadora y mira con buenos ojos esta «evolución».

«Estoy convencida de que tenemos en América Latina ejemplos de primeras damas que han sabido aprovechar esa plataforma de visibilidad e influencia para ir más allá de la posición de figura decorativa o sólo a cargo de fundaciones y filantropía», afirma.

Vaeza cuenta que la entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer que ella dirige en la región está elaborando una propuesta para la construcción de sistemas integrales de cuidado con la Alianza de Cónyuges de Jefes de Estado y Representantes (ALMA), que reúne a doce países de América Latina y que es liderada por Michelle Bolsonaro, la primera dama de Brasil.

Su objetivo es trabajar con ellas en el acceso universal a la salud, la educación inclusiva, apoyo a las víctimas de desastres y por la igualdad y el empoderamiento de las mujeres.

«Destaco la decisión conjunta, regional, de mujeres profesionales en sus campos, de aprovechar la visibilidad e influencia de la posición para trabajar en función de necesidades inmediatas y concretas de la población y que, además, se inscriben dentro de los objetivos de desarrollo sustentable», asegura.

Además, Vaeza dice que, aunque no conoce personalmente a Irina Karamanos, entiende que «su voluntad de modificar el rol de la primera dama en Chile apunta también a contribuir desde el entorno del poder a avanzar algunos temas fundamentales».

La trascendencia del cargo en América

Un ejemplo de lo que señala la directora regional de ONU Mujeres es lo que hizo Michelle Obama con su campaña a favor de la alimentación saludable de las niñas y niños.

Obama consiguió que el Gobierno estadounidense reformara el etiquetado de los productos alimentarios, para eliminar dudas sobre su aporte calórico e identificar claramente los azúcares añadidos, y lanzó la iniciativa «Let’s Move» para promover el ejercicio infantil. También impulsó una campaña para que más niñas y adolescentes en todo el mundo tuvieran acceso a la educación.

Debido a su trabajo, la exprimera dama fue elegida en 2018 como la mujer más admirada entre los estadounidenses, un grado de aceptación similar al que tuvo entre 2011 y 2016 la entonces primera dama de Perú Nadine Heredia, antes de que la justicia empezara a investigarla por presuntos actos de corrupción.

«Ellas son parte de la élite política, de la presidencia y desde ese contexto es desde donde hay que entender lo que hacen, a quiénes se dirigen y cómo lo hacen», apunta Guerrero.

Por esa misma trascendencia, esta académica cree que es vital que los Gobiernos de la región sean transparentes con los recursos que destinan a las funciones que tienen las primeras damas, pues el cargo no está regulado. Y, al igual que Vaeza, cree que la propuesta de Irina Karamanos puede tener un efecto multiplicador en otros países.

«Ojalá que podamos hacer crecer iniciativas como ALMA, para dar paso a la presencia y la voz de las mujeres en los espacios de poder, que tanta falta nos hace. Que entendamos que las sociedades en las que las mujeres participan con igualdad son más avanzadas, justas y prósperas», concluye la directora regional de ONU Mujeres.