El Prado revisa «Una esclava en venta», una forma «inaceptable» de ver el cuerpo de la mujer

Carmen Sigüenza | Madrid - 5 febrero, 2021

El Museo del Prado retoma el ciclo «Itinerarios incómodos. Nuevas masculinidades», con el que invita a revisar la colección desde una perspectiva contemporánea, «generando espacios de conversación alejados de verdades únicas, desde el deseo de la construcción compartida de conocimiento con los participantes», explica la pinacoteca.

«Itinerarios incómodos. Nuevas masculinidades” es un espacio que generará un encuentro para abrir una «conversación sobre el replanteamiento de la idea de masculinidad que han traído los movimientos sociales contemporáneos y las transformaciones surgidas del cuestionamiento de la masculinidad hegemónica«.

«Una esclava en venta»

En esta ocasión, el ciclo «Itinerarios incómodos» revisa «Una esclava en venta», de ​José Jiménez Aranda (1897), un cuadro que está dentro de la exposición «Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931)» con un cartel que dice: «Rosa, de 18 años, en venta en un mercado oriental«.

En el cuadro se ve a una joven esclava completamente desnuda y sentada sobre una alfombra, con un cartel que dice en griego: “Rosa, de 18 años, en venta por 800 monedas”. La joven, que se encuentra en un mercado oriental, agacha pudorosamente la cabeza para esconder su vergüenza. Detrás asoman los pies de los posibles compradores, que se arremolinan a su alrededor para contemplar su indefensa desnudez.

«La visión del desnudo femenino no siempre estuvo unida a la idea de placer consentido, como evidencia la abundante iconografía sobre esclavas, que adjudicó a la mujer el papel de objeto y víctima de las fantasías masculinas«, precisa una nota del Museo.

Aída E. Bueno, antropóloga: «estética ofensiva»

En este caso, el video sobre «Una esclava en venta» lo analiza y critica la antropóloga Aída E. Bueno Sarduy, de la New York University, el Middlebury College y la Boston University.

«Me vuelve a llevar a ese lugar donde este mundo de los hombres se lucra con el cuerpo de las mujeres, las transforma en objeto de compraventa y vuelve a ser una esa mirada sexualizada, porque los mercados de esclavos no tiene esta conformación. Nunca en un lugar donde se vendía a una esclava se puede hacer esa puesta en escena. Es una estética ofensiva tratándose de una esclava en venta, y me pregunto: ¿quién puede mirar esa obra y pensar en algo que no sea: ‘quiénes son esos que están ahí alrededor’…? La obra te obliga a presenciar eso que no quieres ver».

«Deberían llevar un cartel diciendo: estas obras que están en este espacio dañan, ofenden y vulneran la dignidad de las mujeres…»

«Creo que las mujeres, ante este tipo de obras, nos deberíamos mostrar de una manera muy crítica. Yo creo, de hecho, que este tipo de obras, si se exhiben en algún museo, deberían llevar un cartel diciendo: estas obras que están en este espacio dañan, ofenden y vulneran la dignidad de las mujeres, las de antes, las de ahora».

«Un forma de mirar inaceptable

«Como se hace con una película indicando que lo que se va a ver es ofensivo. Es doloroso ver cómo estas representaciones, por el hecho de estar amparadas y legitimadas por las instituciones de arte, que puede que estén mirando otra cosa, siguen conformando un imaginario absurdo, inexistente, sobre lo que la esclavitud representó. Pienso en las personas que vienen a esos espacios a ver esas obras: ¿Qué pueden pensar sobre la esclavitud si eso está legitimado?»

«En este sentido, creo que habría que hacer cambios bastante profundos y, si tenemos que preservar esas obras, que sea para preservarlas de un mundo que fue y que no puede ser. Que haya un corte decisivo en esa forma de mirar, por ejemplo, la esclavitud; de suavizar una manera tan dolorosa; porque, si no, parece que estamos educando a las personas en esa mirada insensible e inaceptable sobre el cuerpo de las mujeres».