Foto de una página porno en un ordenador. EFE/EPA/ANDY RAIN
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El consumo de pornografía violenta se asocia con una mayor aceptación de la violencia machista, según dos estudios
El consumo de pornografía violenta tiene un vínculo negativo con la salud sexual, aumenta los comportamientos sexuales de riesgo y la aceptación de la violencia contra las mujeres y daña las relaciones entre personas jóvenes, según dos investigaciones del Instituto de Salud Carlos III (ISCII).
Un equipo de la Escuela Nacional de Sanidad del ISCIII liderado por la doctora Belén Sanz Barbero ha analizado la relación entre el consumo de porno violento, los comportamientos sexuales de riesgo, la violencia contra las mujeres y el bienestar sexual de las personas.
Los resultados de sendos estudios se han publicado en las revistas 'Behavioral Sciences' y 'BMC Public Health', según informa el ISCIII en un comunicado.
El primero de ellos identifica una correlación entre el consumo de pornografía con violencia física y una mayor aceptación de la violencia contra las mujeres.
Mayor probabilidad de tener comportamientos de riesgo
En el caso de los varones, ese consumo de porno violento se correlacionó con niveles más bajos de empatía y asertividad sexual y con una mayor probabilidad de usar potenciadores de la función sexual.
Por su parte, en las mujeres, el consumo de este tipo de pornografía se relaciona con mayor probabilidad de tener dificultades para alcanzar el orgasmo en una relación de pareja.
En este estudio se indica que alrededor del 51 % de las mujeres y del 64 % de los hombres que son consumidores de pornografía han visto contenido violento en el último año.
La segunda investigación ha hallado que el consumo de porno violento se relaciona con una mayor probabilidad de tener comportamientos de riesgo en el sexo: encuentros sexuales con parejas ocasionales, posibles problemas de comunicación y encuentros con presencia de alcohol u otras drogas.
Los resultados, según el equipo investigador, muestran que estas asociaciones no se deben a la frecuencia del consumo del contenido pornográfico, sino al contenido violento.
El equipo destaca que ver pornografía violenta "podría promover actitudes y comportamientos de riesgo para la violencia sexual" y que este consumo podría "mediar negativamente en las relaciones interpersonales entre personas adultas jóvenes, en detrimento de las mujeres, ya que podría estar comprometiendo en los hombres habilidades como la empatía y la asertividad sexual, necesarias para establecer relaciones basadas en la igualdad y el respeto mutuo".