Pilar Quintana maternidad

La escritora Pilar Quintana. Foto: Manuela Uribe/Penguin Random House

Pilar Quintana: «La maternidad está idealizada y la madre es vista y juzgada a través de ese prisma»

Carmen Sigüenza | Madrid - 31 marzo, 2021

La escritora colombiana Pilar Quintana (Cali, 1972), galardonada el pasado enero con el prestigioso Premio Alfaguara de novela 2021 por su novela «Los abismos» sobre maternidad, que ahora se publica en España y América, considera que la maternidad está idealizada y que constituye el prisma a través del que se juzga a las madres.

La novela, de la que la escritora habla con Efeminista, se adentra en el tema de la maternidad, un asunto que está idealizado y a través del que se juzga a la mujer, según autora. El libro se sumerge en la oscuridad del mundo de los adultos a través del punto de vista de una niña que, desde la memoria de su vida familiar, intenta comprender la conflictiva relación entre sus padres.

Quintana, autora de «La perra» (2017),  novela traducida a catorce idiomas y cuyos derechos audiovisuales ya se han vendido, trataba ya en ella el tema de la maternidad y el deseo y fue Premio de Narrativa Colombiana en 2018 y finalista de los National Book Award de EE.UU. en 2020 en la categoría de Mejor traducción.

Cubierta de «Los abismos», de Pilar Quintana. Foto: Penguin Random House

P.- Al igual que en «La perra», en «Los abismos» vuelve al tema de la maternidad y al del deseo de la mujer. Una maternidad desmitificada, fuera de lo normativo. ¿Por qué este tema?

R.- La maternidad es un tema complejo, con aristas y grises. Hemos hablado mucho sobre su lado feliz y luminoso, pero poco sobre sus oscuridades. Como escritora, me mueven esos temas de los que no hablamos lo suficiente, porque son tabúes o porque está mal visto hablar de ellos. «La perra» y «Los abismos» exploran dos caras de la maternidad. «La perra» se trata del deseo. La protagonista es una mujer cuyo gran deseo en la vida es tener hijos, pero no lo consigue. «Los abismos» es el reverso de «La perra». La narradora es la hija, pero el personaje central para esa hija es su madre, una mujer que, de haber podido elegir, tal vez no habría tenido a su hija.

P.- ¿Cree que el tema de la maternidad se vive de forma diferente en América Latina que en Europa?

R.- No lo tengo del todo claro, pues no he vivido en Europa, ni conozco a fondo las vidas de las madres en ese continente. Sin embargo, si me guío por lo que dicen las mujeres con las que he hablado en eventos y entrevistas a raíz de la publicación de «La perra» en varios países de ese continente y de «Los abismos» en España, creo que es más o menos lo mismo. La maternidad está idealizada y la madre es vista y juzgada a través de ese prisma.

P.- La protagonista es una niña que se adentra en la crudeza del mundo de los adultos, y que aprende desde muy joven a vivir un mundo poco idealizado y lleno de secretos. ¿Por qué ha querido mirar la historia desde ese punto de vista?

R.- Hace unos años, mientras trabajaba en una tienda de ropa, conocí a una mujer que andaba con su bebé en un coche. Entraba a la tienda, ni miraba la ropa, y se ponía a conversar conmigo. Me contaba lo difícil que le estaba resultando ser madre. Decía que si alguien le hubiera advertido cómo sería, no habría tenido a su hijo.

El bebé, inocente, nos miraba con sus ojos abiertos. Todavía no comprendía lo que su mamá decía, pero lo estaba oyendo todo y seguramente crecería sabiendo que no era querido con ese amor incondicional y a prueba de todo que se supone que sienten las madres. Allí, en parte, está el origen de las Claudias de «Los abismos«.

La otra parte está en mi experiencia. A las mujeres de la generación de mi mamá les imponían la maternidad. Muchas ni siquiera se preguntaban si deseaban ser madres. Se convertían en madres porque era lo que se esperaba de ellas. Soy hija de una de esas mujeres. Así que me interesaba explorar los bemoles de la maternidad, una maternidad conflictiva o no del todo deseada, desde el punto de vista de la hija porque era como mejor podía contarlo, pero también porque allí está el drama más complejo.

La madre está insatisfecha y eso, en términos de creación literaria, hace que el personaje sea interesante. La hija, sin embargo, es más interesante como personaje: debe cargar con la insatisfacción de la madre y además lidiar con sus propias soledad y dolor. En la tienda de ropa a mí, la espectadora, me conmovía lo que la madre contaba, pero más, mucho más, lo que le estaba pasando a ese niño.

P.- La naturaleza ocupa un protagonismo central en su novela anterior y en esta, pero aquí metida más en la ciudad, en la urbe, ¿ qué significa?

R.- Todas las situaciones de la vida ocurren en un espacio y un tiempo con sus propias características, clima, temperatura, colores, sensaciones en el cuerpo. Me gusta replicar eso en mis textos. Quiero que la experiencia del lector sea parecida a las de las vida, que las situaciones parezcan reales. Por eso en mis novelas las atmósferas, los paisajes y el clima son tan importantes. A veces nos olvidamos que somos parte de la naturaleza. Las ciudades también son naturaleza. «Los abismos» transcurre en el oeste de Cali, una zona de la ciudad partida por un río que recién baja de la montaña, con piedras y meandros y árboles gigantes en las orillas. El zoológico queda cerca y por las tardes se oye el rugido del león. Si iba a contar una novela en el oeste de Cali, todo eso, la naturaleza de la ciudad, tenía que estar allí.

P.- El lenguaje ¿ qué lugar ocupa en su narrativa? ¿Cómo le influyó la literatura del Boom y el hecho de que no hubiera ninguna mujer dentro del canon?

R.- Creo que el lenguaje es uno de los pilares de toda creación literaria y que siempre es una exploración. Hay autores para quienes el lenguaje es protagonista. Yo no soy ese tipo de autor. Pienso que el lenguaje debe estar al servicio de la historia, que la historia es todo y el lenguaje es un vehículo para contarla de la mejor manera posible. Cuando he conseguido solidez en la historia, cuando ya el edificio está firme y no se va a caer, me dedico a trabajar el lenguaje para que sea lo más preciso posible y para tratar de desaparecer en él, para que no me vea yo, la autora, ni se vean las costuras de la historia, para que la mentira sea efectiva y no se vea el artilugio.

Algunos autores del Boom ya eran clásicos cuando yo empecé a leer en serio, en la adolescencia. Los leía con devoción. También leía autoras clásicas: Jane Austen, Emily Brontë, Pearl S. Buck, pero ninguna colombiana ni latinoamericana. Me hizo falta tener esos referentes cercanos. Creo que me hubieran servido como modelos y para validarme como autora, para entender ciertas aproximaciones a la literatura y ciertos temas que eran interesantes para mí.

P.- ¿Cómo ve este surgir de los movimientos feministas y en especial en América Latina, donde las jóvenes están llenando las calles con sus reivindicaciones?

R.- Me da alegría. Las apoyo y acompaño, desde mi orilla, que es la literaria.

P.- ¿Cree que la pandemia puede llevarse por delante muchos de los logros adquiridos en la lucha por la igualdad de la mujer?

R.- Creo que la pandemia ha descubierto las grandes brechas que todavía existen y la desigualdad que sigue imperando en los hogares. Las mujeres trabajamos por fuera del hogar y contribuimos con la economía, sin embargo las cargas de las labores domésticas y de cuidado siguen recayendo mayoritariamente sobre nosotras. Es bueno que la pandemia lo haya mostrado tan claramente. Solo podemos mejorar lo que sabemos que está mal.