Portada del poemario de Pilar Adón "Da dolor". Collage de la cubierta de Francisco Pageo, imagen cedida por la Bella Varsovia

Pilar Adón: «El destino de las mujeres siempre ha pertenecido a lo íntimo, a lo secreto»

Carmen Sigüenza | Madrid - 10 agosto, 2020

Tras «Las órdenes», la poeta y narradora Pilar Adón (Madrid, 1971) ha vuelto con «Da dolor», un poemario intenso, bello y doloroso sobre la muerte, las relaciones maternofiliales, el comportamiento social que se le asigna a la mujer, el dolor o la aceptación de los sucesos inesperados e inevitables con los que se descuelga la vida.

Un poemario con muchos rincones y dividido en varias partes con «estructura de una montaña», publicado por la Bella Varsovia, «Da dolor» encierra pensamiento y emoción en unas páginas de duelo que son un claro homenaje a las «Coplas a la muerte de su padre», de Jorge Manrique, con voz y aullido de mujer.

Pregunta (P).- «Da dolor» es un poemario que habla de dolor, enfermedad, cuidados, orfandad…, pero también del miedo y el aislamiento, de la naturaleza… y eso está en obras anteriores, como en ‘Las órdenes’, o en su novela ‘Las efímeras’. ¿Es así?

«El miedo es el gran tema que sobrevuela las relaciones familiares»

Respuesta (R).- Comento a menudo que los escritores terminamos escribiendo siempre sobre los mismos temas. En mi caso se trata del miedo, el aislamiento, la soledad, la dependencia. El miedo es el gran tema que sobrevuela las relaciones familiares que me interesan como fuente y materia literaria. Las mismas relaciones familiares de las que se habla, como dice, en el poemario ‘Las órdenes’ y en la novela ‘Las efímeras’.

Son los temas que me interesan y que hacen que pase meses y años escribiendo. Da dolor incide en ellos, pero de una manera más visceral, más salvaje. Lo escribí en un momento en el que sólo podía escribir poesía y, concretamente, esta poesía.

Desconcierto ante lo inevitable

P.- ¿Qué encierra «Da dolor»?

R. -Veo el poemario con la estructura de una montaña. Comienza con una primera parte titulada «Orogénesis (lo de antes)», en la que los poemas son previos al suceso que desencadenó el núcleo del libro, y beben aún de los motivos y las estructuras del poemario anterior, «Las órdenes». Ahí están las relaciones maternofiliales, el peso de la tradición en el comportamiento de la mujer, el concepto de lo que debe ser una mujer

La segunda parte se titula «Deformación (durante)», y contiene los poemas más directos. Los que escribí durante los meses de septiembre y octubre del año pasado, cuando viví una situación en la que todo lo que podía escribir era poesía. Se me vinieron abajo muchos esquemas, y me vi escribiendo poesía de una manera despojada de apriorismos y planificaciones. El descenso de la montaña, «Plegamiento (lo de después)», llega con unos poemas que hablan del pasmo y de la sensación de arrastre y caída libre. En «Da dolor» hay mucho desconcierto. Mucha conmoción ante lo que sucede de manera inevitable y no se puede frenar.

P.- También hay como una búsqueda de sentido a algo que parece que no lo tiene, ¿no es así…?

R.- Muchas veces la sensación de desconsuelo es tan inmensa que parece que la única manifestación física que podría expresarla es el aullido. Como no aullamos, lo que hacemos es transformar ese sonido en palabras. Damos forma a lo que nos deshace por dentro, y nos enfrentamos a esa tarea deshaciéndonos aún más. Me han preguntado muchas veces si escribir «Da dolor» ha tenido algún efecto curativo, de catarsis, y la respuesta es que no.

Cuanto más escribimos sobre los propios fantasmas, más profundizamos en sus orígenes y en sus rasgos, y más nos hundimos en ellos. Lo que hacemos es incidir en la extrañeza y la estupefacción.

P.- La poesía es experiencia y memoria, ¿qué lugar ocupa aquí?

R.– En este poemario la experiencia es directa. Los poemas se escribieron en el momento de exposición diaria, durante una fase de incredulidad, sensibilidad máxima y aturdimiento. Los textos están pulidos, trabajados, pero la materia primera no obedece a un planteamiento previo, sino a una situación en la que todo me llevaba a escribir poesía. Las experiencias pasadas dejaron de tener peso; sólo contaba el instante, que lo abarcaba todo, lo absorbía todo. No había manera de considerar el futuro. Una de las consecuencias de la conmoción consiste en la imposibilidad de hacer planes. Desaparecen el pasado y el futuro. Sólo hay presente.

Pilar Adón. Foto: Mercedes Rodríguez

P.- «Un hombre un héroe. Una mujer una santa… (…) Mujer penitencia…. este poema hace referencia a la situación de la mujer, ¿qué ha querido decir?

El destino de las mujeres siempre ha pertenecido a lo íntimo y, por tanto, a lo secreto

R.- Cuando escribí ese poema estaba pensando en lo público del éxito masculino y lo privado del femenino. Los reconocimientos universales y los particulares. La esfera de lo social y la de lo familiar. La circunstancia de que haya muchos héroes y pocas heroínas tanto reales como de ficción a las que admirar porque el destino de las mujeres siempre ha pertenecido a lo íntimo y, por tanto, a lo secreto.

Ese poema está compuesto por algunos de los personajes que me marcaron en la infancia: Juana de Arco, Genoveva de Brabante, y Santa Casilda, la de las flores en el regazo y la cara desafiante del cuadro de Zurbarán, donde parece decirle a su padre «te digo que son flores». Su nombre da título a ese poema, y a su historia llegué hace años, cuando supe que, al parecer, sufría de un «achaque de sangre lluvia», es decir, de hemorragias menstruales, otro tema del que no se habla.

P.- Aquí hay mucho pensamiento y poesía. ¿Eso es para usted la poesía? Como diría, María Zambrano, pensamiento que se siente, sentimiento que se piensa…

R.- La experiencia se queda en nada si no se procesa. Es necesario bucear en ella, pensarla, repasarla desde un ángulo, desde otro, y convertirla en una materia pulida, asimilada. De lo contrario, cae en el olvido. Nos contamos las cosas para no olvidarlas. Muchas veces ese proceso logra que la experiencia real se transforme en algo casi legendario, y es fácil verificarlo al descubrir que todas las familias tienen sus propios relatos.

Historias que parecen inventadas, aunque los sucesos iniciales fueran auténticos, porque se va desfigurando la experiencia primera. Vamos corrigiéndola y alterándola, y terminamos fijando el hecho según nuestras preferencias, como si le diéramos un barniz a un cuadro que, aun inspirado en un paisaje real, queda transformado. El cielo puede volverse verde y el sol violeta. Por eso, aunque la literatura sea confesional, autorreferencial, no deja de ser literatura. Y me parece importante que sea así.

P.- ¿Qué significa este poemario en su vida?

«Somos conscientes de que no existe nada realmente estable»

R.- Da dolor es un poemario sobre la falta de certezas y sobre el caos que se genera cuando lo que se creía firme deja de serlo. En el fondo somos conscientes de que no existe nada realmente estable, pero parece que siempre queda un resquicio irracional que nos lleva a pensar que contamos con una red que va a evitar que en el último momento nos estrellemos contra el suelo. Podemos llamarlo esperanza o podemos llamarlo ingenuidad.

Este poemario representa la constatación de que no se puede anticipar, de que nunca se sabe qué va a suceder. No controlamos nada. Supongo que es un paso más en el camino del aprendizaje. Es difícil saber por qué elegimos la vida que llevamos. Si la elegimos o no. Si nos viene marcada por el lugar en el que hemos nacido, lo que hemos estudiado, la profesión que tenemos… Es difícil saber si los giros que vamos dando realmente los damos nosotros o nos los dan. Si actuamos o no con libertad.

P.- Sin tener nada que ver, me ha hecho recordar las «Coplas a la muerte de su padre» de Jorge Manrique, tal vez por la belleza que alberga el poema que habla de dolor.

R.- «Da dolor» es también una elegía. El título es un claro homenaje a las coplas.

«Hay quien ha pensado que escribí el poemario durante los primeros días de la pandemia por los temas que se tratan en él»

P.- Este libro en este momento también puede servir para atisbar lo que estamos pasando, ¿tanta enfermedad y muerte inesperada puede ser?

R.- Hay quien ha pensado que escribí el poemario durante los primeros días de la pandemia por los temas que se tratan en él. Lo que ocurre es que el dolor, la sinrazón, lo inexplicable y lo que queda fuera de nuestro control se presenta siempre de la misma manera. También la organización sanitaria, la burocracia, las palabras informativas y las de consuelo, los rituales… Son siempre los mismos. Cuando nos afectan de manera individual, parece que se trata de algo único, algo privativo, que sólo nos ocurre a nosotros. Pero todos pasamos por lo mismo.

Lo que me extrañó de manera brutal fue el hecho de que nadie me hubiera avisado. Pensaba en las personas de más edad que me quieren y que ya habían pasado por algo similar, y me preguntaba por qué no me habrían prevenido. Por qué no hablamos de estas cosas… Sin embargo, como puedes advertir en mis respuestas, ni siquiera yo estoy mencionando el hecho en sí. Doy vueltas en torno al meollo, sin nombrar el meollo. No se habla de lo que no se puede hablar, aunque se trate de una cuestión universal. Como decía antes, sería más fácil aullar.