película erótica cáncer de mama

La directora Rebecca Stewart (c) junto a la jefa del Servicio de Oncología Médica del Hospital del Mar, Sònia Servitja (i), y la psicooncóloga y oncosexóloga, Rosanna Mirapeix (d), durante la presentación de "Wash Me" (Lávame), el primer cortometraje erótico realizado para concienciar sobre el cancer de mama, en vísperas del Día internacional contra el cáncer de mama. EFE/Marta Pérez.

«Wash Me», la primera película erótica para concienciar sobre el cáncer de mama

EFE | Barcelona - 8 octubre, 2021

Rebecca Stewart dirige «Wash Me» (Lávame) una película erótica realizada para concienciar sobre el cáncer de mama que ha sido presentada por el Hospital del Mar, la Fundació Amics de l’Hospital del Mar y Erika Lust Films con motivo del Día Internacional contra el cáncer de mama, que se celebra el 19 de octubre.

La película está basada en la experiencia personal de Rebeca Stewart, que busca generar debate sobre la sexualidad femenina y el impacto que sufre con el tratamiento contra el cáncer para reivindicar así la importancia de hablar de estos temas y no esconder los efectos del proceso de recuperación.

«Para muchas mujeres hablar de sexo durante el tratamiento puede ser difícil porque lo vemos como algo que hacemos sólo por diversión, pero la realidad es que el sexo puede ser algo mucho más importante. Para mí, era una necesidad psicológica«, ha explicado Stewart en rueda de prensa desde Barcelona.

Redescubrir la sexualidad

La directora y paciente, de 31 años, ha detallado que, durante el proceso de tratamiento, «pasaba todo el día con agujas, medicación y visitas a los hospitales», lo que la llevaba en ocasiones a «casi odiar» su cuerpo, de manera que redescubrir su sexualidad se convirtió, durante ese período, en «una forma de volver a conectar y disfrutar de él».

A Stewart le diagnosticaron un cáncer de mama en 2019, y el filme se centra en los momentos de «intimidad» y «conexión» que encontró con su pareja cuando la ayudaba a bañarse porque sola no podía.

«Al principio del tratamiento tenía más libido porque era una manera de acordarme de que todavía estaba viva (…), pero después de tres o cuatro meses con quimioterapia empecé a notar diferencias físicas en mi sexualidad, sequedad vaginal y vaginismo. Pregunté a los médicos si era normal y me dijeron que creían que sí, pero que la gente no hablaba del tema», ha señalado.

Por eso, una vez recuperada, decidió aprovechar su trabajo en la productora de películas eróticas feministas Erika Lust Films para crear una obra que abordara estas cuestiones e hiciera reflexionar a los espectadores.

«Hay una parte de estigma social: cuesta hablar de sexo y, cuando estás enfermo, parece que solo te tienes que ocupar de superar la enfermedad«, ha apuntado, durante la presentación, la jefa de sección del Servicio de Oncología Médica del Hospital del Mar y doctora de Stewart, Sònia Servitja.

No es solo una película erótica sobre el cáncer de mama

La médico ha argumentado que muchas personas muestran reticencias a la hora de hablar sobre sexo cuando están tratándose de un cáncer, lo que convierte en complicado plantear este tema durante las consultas.

Además, de acuerdo con Servitja, no todos los casos son como el de Stewart, ya que la «recuperación» en materia de sexualidad depende de múltiples factores, como «la persona, la edad, si se recupera la menstruación o si el tratamiento es hormonal«.

«El problema principal del cáncer de mama es la disminución estrogénica que provoca el tratamiento (…) porque entras en menopausia precoz, lo que tiene efectos a nivel de libido, sequedad vaginal e incluso elasticidad estructura vaginal que pueden provocar vaginismo», ha detallado la doctora, quien ha abogado por incorporar sexólogas en las unidades funcionales oncológicas.

Pero los cambios no son sólo físicos, ya que el tratamiento también tiene repercusiones psicológicas y emocionales, tal como ha sostenido la psicooncóloga y oncosexóloga Rosanna Mirapeix, quien ha remarcado que las mujeres con cáncer de mama «no tienen alterada la respuesta» para lograr un orgasmo, «sino el deseo», a lo que se suma el miedo a sentir «dolor» con la penetración.