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La comisaria de la exposición, Lidia Martín (i), posa junto a la diseñadora de la escenografía, Eugenia Navajo (d), en la muestra "Papillons. La palabra no dicha" en la antigua cárcel de Segovia. EFE/ Pablo Martin

«Papillons. La palabra no dicha» revive en la cárcel de Segovia el dolor de las presas del Franquismo

Laura López | Segovia - 9 abril, 2021

La cárcel vieja de Segovia fue entre 1946 y 1956 la Prisión Central de Mujeres, uno de los peores destinos donde podían acabar las mujeres republicanas represaliadas por el Franquismo debido a las bajas temperaturas, el hambre, la violencia y el silenciamiento. En la actualidad, la prisión ha renacido como instalación artística y, bajo el nombre Cárcel_Segovia Centro de Creación, acoge exposiciones como «Papillons. La palabra no dicha». 

Esta muestra, disponible hasta el 9 de mayo tras haberla prorrogado, ocupa uno de los patios interiores de la cárcel y sus celdas a través de telas bordadas, objetos de la época, fotografías y un documental, elementos que tratan de recoger una parte del sufrimiento de las mujeres represaliadas por la dictadura en esta y otras cárceles de España.

Una cinta de tela con una frase escrita sobre la puerta de entrada sitúa al espectador en el horror la época:

«A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella».

La comisaria de la exposición, Lidia Martín, explica en una entrevista con Efe que esta frase «lapidaria» da nombre a la instalación («papillons» significa «mariposas» en fránces) y corresponde a Antonio Vallejo-Nájera, psiquiatra eugenesista del franquismo, considerado «el Mengele español».

Rincón de «deshomenaje»

«Él hablaba del gen rojo, fue quien empezó a decir que los hijos de las mujeres republicanas tenían un gen rojo y había que extirparlo, y ese fue el comienzo de los robos de niños«, relata la directora de la muestra, que comparte la autoría de esta exposición con la diseñadora Eugenia Navajo.

Para honrar la memoria de sus víctimas y condenar lo perverso de sus teorías, al militar está dedicado un rincón de «deshomenaje» en esta muestra, donde se puede ver un escritorio con un cuaderno que emula los registros de los test psicológicos a los que sometía a las mujeres mientras esperaban a ser fusiladas.

El patio principal de la prisión muestra un gran número de telas de diferentes tamaños con diversas palabras bordadas como «Guerra de España» o «Mujer», en recuerdo a esta labor de costura de las mujeres en las cárceles.

«En estas palabras se condensan las sensaciones y sentimientos que el cuerpo de una mujer puede sufrir dentro de la cárcel, porque hambre y miseria también lo sentían los hombres, pero menstruación, menopausia, pérdida de un hijo, violación… son dolores básicamente femeninos», ilustra la autora.

Presas «guapas y limpias»

Colgada en el centro de una de las celdas se puede ver una foto de un centenar de mujeres reunidas en el patio de la prisión con elegantes vestidos y lustrosos peinados, muchas de las cuales están mirando para otro lado, tienen la cara distorsionada por el movimiento, o el rostro tapado por su mano.

Según relata Martín, con este documento el régimen buscaba mostrar en la prensa una imagen de mujeres «guapas y limpias» y por ello escogió un día de misa para ocultar las malas condiciones a las que estaban sometidas.

«Entonces todas dijeron ‘¿Cómo boicoteamos la foto?’… Y por eso esta ha movido la cabeza, esta mira para abajo, esta mira para arriba…», narra Martín, quien destaca este y otros gestos de rebeldía que protagonizaron las presas durante su condena a través de, por ejemplo, huelgas de hambre.

Nada justifica una violación

La exposición continúa por diferentes celdas de la cárcel, cada una de las cuales está dedicada a una palabra que representa un trocito del sufrimiento de aquellas mujeres, como «menstruación», «hambre», «trabajo», «cultura» o «violación».

En el caso de esta última, el habitáculo acoge una sola silla iluminada en el centro, a los pies de la cual hay unos zapatos desordenados, unas medias rotas colgadas del respaldo y algo de ropa en el suelo, escenografía que evoca con eficacia la crudeza de lo que no enseña.

Precisamente en el documental exhibido en otra de las salas, que reúne sobrecogedores testimonios de supervivientes de estas cárceles, se puede oír las palabras de otro reconocido militar franquista, Queipo de Llano, en las que invita a «legionarios y regulares» a agredir sexualmente a las capturadas durante uno de sus famosos discursos en Unión Radio Sevilla.

«Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen» son las palabras que resuenan ahora en una de las celdas.