• Fefa Vila, socióloga, docente y activista queer. Foto: EFE/Laura de Grado

  • Cristina, historiadora del arte y activista bisexual. Foto: EFE/Laura de Grado

  • Diana, integrante de la Plataforma Orgullo Crítico. Foto: EFE/ Laura de Grado

  • Sara, psicóloga y madre de un niño trans. Foto: EFE/ Laura de Grado

Orgullo 2021: Visibilidad y reivindicación

Natalia Ibáñez Guinea / Blanca García / Laura de Grado Alonso | Madrid - 27 junio, 2021

Ignoradas, negadas y hartas de la invisibilidad y de la falta de reconocimiento como sujetos políticos, así se sienten las personas no binarias, las bisexuales, las trans, las lesbianas y toda la diversidad de identidades subversivas que conforman el colectivo LGTB, que este año encara el Orgullo 2021 con la reivindicación de la llegada con «urgencia» de la ley trans al Congreso.

«Los Derechos Humanos no se negocian, se legislan: Ley Integral Trans» es el lema que encabeza el Orgullo de este año, que se celebra entre el 25 de junio y el 4 de julio y que dejará a un lado las icónicas carrozas para apostar por acciones reivindicativas que respeten las medidas de seguridad de la COVID-19.

La celebración del Orgullo 2021 coincide, además, con un aumento de la hostilidad y la violencia hacia el colectivo como demuestra que los delitos de odio por orientación sexual e identidad de género hayan aumentado durante los últimos años, alcanzando los 278 en 2019, un 8,6% % más que en 2018, según los datos del Ministerio de Interior.

Por ello, Sara -madre de un niño trans-, Diana, Fefa y Cristina han querido visibilizarse y poner el cuerpo por todas aquellas a quienes sus circunstancias no se lo permiten, y hablar con Efeminista sobre las discriminaciones y violencias que siguen atravesando sus vidas, así como las principales reclamas del colectivo LGTB por las que van al Orgullo 2021 «más combativas que nunca».

Sara, madre de un niño trans: «Mi hijo no tiene ninguna disforia»

Con poco más de 3 años, Jorge entró al salón gritando “soy un niño”. Fue lo que hizo a su madre, Sara (1978, Madrid), “ponerse en alerta”. Fueron pasando los años y las señales se mantuvieron hasta que cuatro días antes de cumplir 7 años, salió del colegio y dijo: “mama, ya le he dicho a todo el mundo que soy un niño y me llamo Jorge«, revive Sara, que no quiere erigirse representante de la lucha trans, sino «altavoz de la pequeña voz de Jorge». 

Sara, psicóloga jurídica, cuenta desde el Congreso de los Diputados cómo ha vivido la infancia de Jorge (8) y su hija Laura (11). A la Cámara Baja llegará en los próximos meses la tramitación de la ley trans, con la aprobación previa del proyecto por parte del Consejo de Ministros, que se espera para finales de junio. Para la madre de Jorge es un momento fundamental e histórico en el que “hay que ponerse al lado, no enfrente”

La reforma legislativa supondrá terminar con el diagnóstico de “disforia de género” y los dos años de tratamiento hormonal obligatorios para conseguir el cambio de sexo registral, además se empezará a reconocer la autodeterminación de género como ya contemplan diez comunidades autónomas. “Mi hijo no tiene ninguna disforia. A día de hoy él no quiere tener un cuerpo leído como hombre, quiere que le llames Jorge y punto”, explica la madre. Sara siente el miedo de tener que llevar a su hijo “sí o sí” a un psiquiatra “a que le de el visto bueno y le diagnostique disforia de género”, por ello reclama con urgencia la llegada de la ley trans.

Como madre, lo que más le ha ayudado a acompañar el proceso de su hijo ha sido encontrar ejemplos que enseñar a Jorge: «Haber tenido referentes de mujeres trans me ha ayudado a ver que los chicos trans existen, porque es verdad que no tenemos tantos ejemplos de hombres trans», relata. Ella recuerda la transición como un proceso muy sencillo en el que Jorge se ha sentido muy cómodo, por eso pide a los padres y madres con hijos trans que “no les nieguen, que escuchen y reflexionen”.

Diana: «Somos muy molestas solamente por el hecho de existir»

A sus 53 años, Diana (Madrid, 1967) ha salido del armario hasta en tres ocasiones (como persona trans, bisexual y no binaria) y, en el proceso de definirse a sí misma, ha encontrado en la Plataforma del Orgullo Crítico un “cobijo” alejado del Orgullo oficial y de organizaciones más tradicionales que la hacen sentir “desamparada y olvidada”.

“En las primeras manifestaciones del Orgullo en España las fotos eran grupos de personas trans llevando la pancarta. El orgullo es nuestro y nos sentimos ignoradas”, denuncia esta “gata” junto a la puerta de O’Donnell del parque del Retiro, cerca de donde salió la primera manifestación en Madrid del Orgullo en junio de 1978. La marcha, impulsada por el Frente de Liberación Homosexual de Castilla, transitó desde la Torre de Valencia hasta la Plaza de Mariano de Cavia y reunió a 7.000 personas.

Un año antes, las Ramblas de Barcelona albergaron la primera manifestación LGTBI para exigir la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970, que venía a sustituir la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 con la que el régimen franquista castigó sistemáticamente al colectivo LGTBI durante décadas. Finalmente, la movilización social en contra de la legislación surgió efecto y, aunque no se derogó completamente hasta 1995, en diciembre de 1978 fue reformada y eliminó el delito de homosexualidad de su articulado.

A pesar de los avances, la violencia contra el colectivo LGTBI sigue vigente. La discriminación que sufre Diana “por no encajar en ningún género”, cuenta, se manifiesta en los cuartos de baño públicos, en la calle, en las redes sociales, en el Documento Nacional de Identidad y hasta en el trabajo, razón por la que está en paro, como plasma un estudio realizado por FELGTB que advierte de que una de cada cuatro mujeres lesbianas, trans o bisexuales (LTB) ha sufrido algún tipo de discriminación en el ámbito laboral.

“Somos muy molestas solamente por el hecho de existir», afirma la activista, y añade que «incomodan» a la sociedad porque no están de acuerdo con la definición de género, de familia o con el tipo de relaciones sexo-afectivas que se consideran normativas.

Por  ello, la aprobación de una ley trans que contemple a las personas no binarias y la impartición de una educación sexual integral que toque temas como la identidad de género centran las reivindicaciones de Diana para el Orgullo 2021.

Fefa Vila: «Falta visibilidad del sujeto político lésbico»

Fefa Vila (Laza, Ourense, 1968) fue una de las primeras en introducir el activismo queer en España a través del Colectivo LSD, que no solo buscaba visibilizar diferentes identidades sexuales en los 90, sino añadir al debate posiciones sociales como “la raza, la clase social o la ‘seroidentidad’ en un momento en el que el VIH pegaba muy fuerte”, subraya.

La socióloga y escritora gallega, autora de «El eje del mal es heterosexual: ficciones y discursos feministas y queer» y de «El libro de buen ∀mor. Sexualidades raras y políticas extrañas», se define como parte del “Orgullo crítico”. “Para mí el lema es, sobre todo, libertad sexual y derecho a nuestro cuerpo, a nuestras familias y a nuestra forma de vida diferente”. Así lo asegura desde la calle Ribera de Curtidores, entre la Latina y Lavapiés, su “barrio Queer”, al que se trasladaron parte de los colectivos LGTBI, entre ellos LSD, con el objetivo de crear una zona de reivindicación más crítica y política.

Han pasado 30 años desde entonces y Vila insiste en que “era un contexto muy diferente al actual” y que la década de los 90 estuvo marcada por “la reacción a un contexto muy homófobo” y la lucha contra instituciones y estructuras sociales que “tendían a invisibilizar” al colectivo. Pero también fue un momento de “conquista del espacio público, del imaginario simbólico, de la libertad, de la experimentación y del reconocimiento de las diferencias”.

Ahora, señala, la prioridad está en la aprobación de la ley trans, ya que para ella “ampliar el debate político y el reconocimiento a las vidas diversas es abrir el espacio de la democracia”.

Vila no duda en señalar las trabas legislativas que aún se siguen encontrado las lesbianas a la hora de conformar familias y critica que “siguen siendo un reducto bastante invisibilizado” que no es parte “de una agenda política visible” y que no se las reconoce como sujeto político histórico

 «Existe una falta de visibilidad del sujeto y de la propia historia política de las lesbianas en nuestro país», concluye la activista queer. 

Cristina: «Hay unos espacios que se nos niegan a las bisexuales»

Siguiendo la lógica de lo que no se nombra no existe, a Cristina (Salamanca, 1994) le costó identificarse abiertamente como una mujer bisexual hasta hace muy poco. Desde entonces, esta historiadora del arte de 26 años siente que está “permanentemente saliendo del armario” y “legitimando quién es” por vivir su bisexualidad fuera de los límites del binarismo, algo que, según afirma, es objeto de invisibilidad tanto en la cisheteronorma como dentro del propio colectivo LGTBI.

Cristina, perteneciente al colectivo de activismo bisexual Taberna Bi, denuncia que existe el síndrome de la impostora ya que «estas permanentemente cuestionándote y sientes que no ser lo suficientemente bi». Además está “harta” del estigma de «mujer viciosa» y del rol de traidora que se le atribuye como ‘mala bollera’ y ‘mala hetero’. Esto, critica, termina alimentando mucha de su bifobia interiorizada, así como su invisibilidad e hipersexualización.

“Si estamos luchando es porque hay unos espacios que se nos niegan, hay unas violencias que nos atraviesan los cuerpos y hay unas identidad que son las nuestras, que están constantemente sometidas, violentadas y puestas en tela de juicio”, manifiesta contundente.

Lo expresa delante del centro social re-okupado La Quimera, en pleno corazón del madrileño barrio de Lavapiés, donde además confluyen otros espacios de disidencia y acogimiento LGTBI como la Fundación 26 de Diciembre, Colegas, KifKif, la Asociación Respeta o el local transversal queer feminista La Marimala, anteriormente conocido como La Mala Mujer, entre otros.

Cristina pluraliza la palabra orgullo puesto que “las disidencias LGTBI son muchas” y cada una alberga un cuerpo y una causa distinta. No obstante, coincide con el resto de entrevistadas en que es “fundamental y urgente” la aprobación de la ley trans. Es por ello que, según afirma, este año es vital que todos esos ‘orgullos’ se vuelquen con las personas trans porque “ponerlo en un plano político es de primerísima importancia”.