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Nuria Varela: "Tenemos que pelear porque en el poder haya feministas"

Cristina Bazán | Madrid - 22 junio, 2024

"¿Por qué las mujeres abandonan la política?" es la pregunta que la escritora y periodista española Nuria Varela intenta responder en su libro El síndrome Borgen, donde hace un repaso y un análisis de las situaciones que llevaron a políticas como Jacinda Ardern o Sanna Marin, ex primeras ministras de Nueva Zelanda y Finlandia, respectivamente, a abandonar el poder en medio de crisis en las que su gestión se midió con un doble rasero con respecto al trabajo de los hombres.

En su libro, publicado por la editorial Ediciones B, también nombra algunos casos de políticas españolas como Adriana Lastra, ex vicesecretaria general del PSOE; Elsa Artadi, exportavoz de la Generalitad de Cataluña, o Noelia Vera, exsecretaria de Estado de Igualdad, quienes dejaron el cargo para cuidar su salud emocional y física.

"Nos ha costado una barbaridad llegar a los puestos de poder y lo que estamos viendo es que estamos siendo expulsadas, las mujeres en general, salvo las que defienden el patriarcado, y las feministas en particular", explica Varela (Turón, Mieres, 1967) en una entrevista con Efeminista durante su paso por la Feria del Libro de Madrid, a la que llegó para firmar ejemplares de sus obras.

La también autora de títulos como Feminismo para principiantes o Feminismo 4.0 reivindica la necesidad de que más mujeres lleguen juntas al poder, pero, sobre todo, que éstas sean feministas, para que puedan cambiar el sistema y crear e implementar urgentes políticas públicas que lleven a cerrar las brechas de género y erradicar la violencia machista.

El síndrome Borgen, de Nuria Varela

Pregunta (P): ¿Qué le llevó a escribir este libro?

Respuesta (R): Fueron dos cosas. Uno fue ver en las noticias cómo distintas mujeres en distintas partes del mundo iban renunciando a puestos de poder de una manera sorprendente o inesperada, con lo que nos ha costado llegar al poder.

Y, por otro lado, lo uní con las reflexiones privadas, no públicas, de una buena parte de las mujeres políticas que conozco, incluida yo misma. Había muchísimo malestar, también había muchísimas renuncias y casi todas tenían las mismas explicaciones. No había razones ni motivos claros, pero lo que trasladaban los discursos de las mujeres que abandonaban el poder era muchísimo malestar. Así que me puse a investigar sobre lo que estaba ocurriendo.

Mujeres expulsadas de la política

P: ¿Las mujeres abandonan la política o la política las expulsa?

R: Claramente las está expulsando. Desde que empezamos a pedir el derecho al voto, el sufragismo, hasta la primera presidenta solo pasaron 120 años. Nos ha costado una barbaridad llegar a los puestos de poder y lo que estamos viendo es que estamos siendo expulsadas, las mujeres en general, salvo las que defienden el patriarcado, y las feministas en particular. Además, el feminismo ha sido expulsado del discurso político y de la práctica política, ha sido un proceso bastante rápido de los últimos años.

Yo creo que se han unido varias cosas, pero básicamente [es que] mientras se estaba generando un discurso mediático, político y social falso sobre el ascenso de las mujeres y el poder de las mujeres realmente quien se estaba empoderando era el patriarcado. El patriarcado está tremendamente empoderado y está haciendo cada vez más hostil el que las mujeres estén en los puestos de toma de decisiones.

El hostigamiento, la violencia política, el acoso, las redes sociales, el acoso a las familias, a los hijos, todo eso es un continuum. Naciones Unidas lo ha descrito con claridad, es una violencia específica que tiene como finalidad expulsar a las mujeres de la política, de la toma de decisiones.

"El patriarcado es poderoso y tiene mucho dinero"

P: ¿Cómo se gestó todo esto? 

R: Creo que a veces se nos olvida que nuestro enemigo es tremendamente poderoso. El patriarcado es tremendamente poderoso y, sobre todo, tiene muchísimo dinero. El feminismo ha trabajado mucho por la democracia paritaria, para abrir las puertas a las mujeres, como siempre con tremenda generosidad porque el feminismo trabaja para todas, aunque luego muchas cuando llegan no cambian las condiciones de vida del resto.

Hemos trabajado mucho, pero no lo suficiente, no por falta de ganas, sino porque las respuestas de rechazo son muy potentes en cómo permanecer en el poder. Y una de las cuestiones básicas es que no podemos ir solas. Hay que cambiar las estrategias.

Estamos llegando solas a los puestos de poder con lo cual nos están dañando una a una. En algunos casos asesinando, como por ejemplo en México, donde la violencia política lleva hasta el feminicidio. Entonces quizá no hemos calibrado muy bien que estábamos en el núcleo del poder y que el poder se resiste completamente a las mujeres y a cambiar.

No a masculinizar el mundo

P: ¿Cómo podrían las mujeres resistir a esta política sin que les cueste su estabilidad emocional y hasta algunas veces su vida?

R: Yo creo que la brecha, la rendija, el fallo del sistema, por donde podemos entrarle fuerte, es cuando vamos juntas. El libro pretende hacer una reflexión sobre algunos fenómenos y uno de ellos es que está claro que el poder es un asunto masculino, igual que la violencia.

La violencia es un problema de los hombres, con lo cual cuanto más se masculiniza algo más violento se hace, y la llegada de las mujeres al poder no puede ser en las mismas condiciones porque entonces lo que hacemos es masculinizar el mundo. Cuando las mujeres entramos en ámbitos masculinos con las mismas reglas de juego lo que hacemos es masculinizar la sociedad. De ahí es que la política cada vez sea más violenta, no solo contra las mujeres, sino en general.

Es un territorio inhóspito para nosotras, muy pocas se mueven a gusto o están bien en ámbitos violentos.

La reflexión tiene que ser cómo llegamos juntas, cómo llegamos con poder de verdad, no como mujeres que entran en un ciclo político masculino que te exprime y luego te expulsa. Muy pocas mujeres llegan a ejercer realmente ese poder, por eso tenemos tan pocos cambios y además se nos echa en cara a nosotras: "¿Para qué queréis el poder si luego no cambiáis nada?". No hay salida en esta estrategia, hay que buscar una nueva.

Más feministas al poder

P: ¿Cuál podría ser esa nueva estrategia?

R: Insisto en que tenemos que ser más y estar juntas. Tenemos que pelear no solo porque haya mujeres, que es el primer paso de la representatividad, sino porque haya feministas. Y luego, lo de hacer otra forma de política es otra tontería porque además solo se aplaude cuando la hacen los hombres. Cuando [el expresidente de Estados Unidos Barack] Obama hace una política que se le califica de feminista, todo el mundo le aplaude, pero si lo hace [la exsecretaria de Estado] Hillary Clinton ni se vota y pierde frente a alguien como [Donald] Trump.

Además, tenemos que cambiar los cimientos. Tengo la sensación de que hemos estado en política, pero solo hemos conseguido pintar las paredes, no hemos llegado a los cimientos y los cimientos son, por ejemplo, cambiar todo lo que tiene que ver con las políticas públicas de igualdad, que son una broma en todo el mundo, hay cuatro funcionarias. Comparativamente la cantidad de recursos y, sobre todo, de personal que tienen los organismos de igualdad son una broma al lado de cualquier otro ámbito, de recursos sociales, sanidad, educación... Es un grupito de mujeres muy voluntariosas en todas partes, no hay excepciones.

Y luego la administración ni siquiera pide formación a esa gente. Cuando hacemos puentes necesitamos ingenieros, pero para tratar la violencia de género y la violencia sexual vale cualquier persona que no esté especializada. Así es imposible, necesitamos recursos y políticas públicas de verdad, bien dimensionadas, bien documentadas, con personal bien formado.

Ya está bien de discursos falsos, ya tenemos mucha experiencia para caer en esas trampas. Vamos a empezar a hacer política de verdad y eso no se hace sin presupuestos.

La violencia sexual es insoportable

P: ¿Y cómo se hace si este asunto está ni en la conversación pública?

R: Por eso hay que empezar a generar esa conversación. Yo siempre he confiado en que algún día caería por su propio peso. Si nos siguen asesinando, llegará un momento en el que alguien diga: "Vamos a tomar esto en serio". La violencia sexual que están sufriendo las mujeres jóvenes es insoportable. Eso no es sostenible.

Llegará un día en el que nosotras empecemos a exigir resultados, no que las mujeres estemos, eso es de primero de democracia. Hay que exigir resultados, hay que trabajar para erradicar la violencia, hay que cerrar las brechas, no pueden seguir aumentando.

Feminismo y extrema derecha

P: Y vemos que no es es un asunto de países en desarrollo porque en Europa tampoco hay muchas mujeres en el poder y las que están, como cuenta en el libro, están dimitiendo...

R: Buena parte de la crisis de la Unión Europea pasa por ahí, o sea, tú no puedes pretender ser el faro de la democracia y el faro de la igualdad si no tienes políticas de igualdad con las mujeres. Se acaba de aprobar la primera Ley contra la Violencia en Europa... es tan contradictorio que obviamente no funciona.

No es que ahora tengamos más violencia contra las mujeres porque está llegando la extrema derecha, no, es que la falta de tratamiento de la desigualdad, la ceguera de género, frente al feminismo y frente a las reivindicaciones de igualdad feministas, nos ha llevado al empoderamiento del patriarcado y al aumento de la extrema derecha.

El discurso de la derecha es coherente, es un discurso supremacista en todos los ámbitos, defiende la supremacía de los hombres, de las personas blancas, de los ricos, es clasista, racista. Lo que que es profundamente incoherente es el discurso de la izquierda, que hace un discurso de igualdad, pero defiende la prostitución, por ejemplo. O sea, haces un discurso de exigencia de derechos de los trabajadores, pero permites que a las mujeres las exploten. Esa es la incoherencia por la que se nos está cayendo ese discurso.

Faltan políticas feministas

P: ¿Por qué las olas feministas que han provocado tantos cambios en la sociedad no han logrado impregnar la política?

R: Porque la política, la democracia, está estructurada en partidos políticos y los agentes sociales son las organizaciones empresariales y los sindicatos, entonces la política tiene una estructura en la que nosotras no estamos. Te cuentan que hay partidos feministas y dices: "¿pero cómo?", ¿qué están haciendo realmente por el feminismo?. Lo que ocurre es que el feminismo en los últimos años se ha convertido en un discurso vacío de contenido político, es una retórica que todo el mundo utiliza para cualquier cosa, pero sin ningún contenido político real, no hay ningún compromiso feminista, solo hay un discurso que a veces pretende ser feminista y ni siquiera lo es.

El término en sí mismo está muy manipulado, muy manoseado, muy maltratado, pero no hay realmente políticas feministas a pesar de yo creo que cada vez la sociedad es más feminista. Por eso todos los fenómenos son lógicos, en las últimas elecciones el 50% de la población se quedó en casa, pues claro, el sentido de orfandad que tenemos las feministas ahora mismo en el ámbito político es muy compartido.