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La artista Gema Rupérez posa junto a uno de los nueve jarrones expuestos en la Casa de la Mujer de Zaragoza que guardan una historia de violencia machista, que forma ahora parte de la muestra 'Las formas de olvido'. EFE/Javier Cebollada

Nueve jarrones retratan las grietas de la violencia machista

Inés Escario | Zaragoza - 24 noviembre, 2019

Cada una de las grietas y fragmentos de los nueve jarrones que componen la exposición ‘Las formas del olvido’ guarda el proceso de recuperación de nueve de las víctimas de violencia machista, que a través de una intervención artística han destruido el pasado y reconstruido su futuro.

La muestra, que se puede visitar hasta el 4 de febrero en la sala Juana Francés de la Casa de la Mujer de Zaragoza, es el resultado de un taller que ha contado durante un mes con la participación de un grupo de trabajo de nueve mujeres víctimas de violencia machista.

La propuesta de la creadora Gema Rupérez, a cargo del taller, consistía en trabajar sobre un objeto «absolutamente común y cotidiano» en el que de alguna forma se volcara parte de la identidad de cada una de las mujeres, explica en una entrevista con Efe.

Arte colectivo y sanador

«La idea era crear un espacio de confianza con ellas, hacer uso de esa parte que tiene el arte casi de carácter paliativo, y hacerlo de forma colectiva», continúa.

Sobre estos jarrones de su entorno se realizó una intervención artística: una destrucción haciendo alusión al pasado y una construcción del futuro, donde las autoras han podido expresarse «a modo de narrativa emocional».

Como relata la artista, alguno de los jarrones ha vuelto a recuperar su aspecto mostrando, eso sí, las marcas del proceso, pero otros, simplemente muestran sus fragmentos.

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La artista Gema Rupérez posa junto a uno de los nueve jarrones expuestos en la Casa de la Mujer de Zaragoza que guardan una historia de violencia machista, que forma ahora parte de la muestra ‘Las formas de olvido’. EFE/Javier Cebollada

Roturas para «visibilizar» el proceso de recuperación

Rupérez señala que durante estos años de investigación ha descubierto que existe una técnica japonesa que mantiene similitudes con este proyecto, el ‘Kintsugi’ o «el arte de hacer bello y fuerte lo frágil», que consiste en arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino.

Para la artista, guarda un fuerte paralelismo con la intervención artística del grupo puesto que «enfatiza la idea de que las roturas forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en vez de ocultarse».

«Me interesa mucho el proceso porque hablamos de las víctimas de violencia machista y de aquellas que no pueden contarlo o de las que se han recuperado. Pero a mí me importa qué pasa en medio», expone la artista zaragozana en relación a la necesidad de «visibilizar» esta parte del desarrollo.

Jarrones que activan las emociones

«Estas mujeres ya han demostrado que la palabra frágil no es la que mejor las define. No en vano, si hay una grieta en todo, como dice Leonard Cohen, es solo para que entre la luz«, finaliza Rupérez en el texto de presentación de ‘Las formas del olvido’.

La artista, cuya obra siempre ha mantenido una relación con lo social y lo político, ya expuso en el 2012 en la misma sala un conjunto de obras bajo el título ‘Sobre la superficie’, que sirvió de punto de encuentro para la reflexión de un grupo de mujeres víctimas de violencia machista.