Leonora Carrington

Fotografía del 9 de abril de 2011, de la pintora y escultora mexicana de origen inglés Leonora Carrington, durante la inauguración de su última exposición y aparición en publico, EFE/Sáshenka Gutiérrez

Nueve años sin Leonora Carrington, una pintora libre e indómita

Carmen Sigüenza - 26 mayo, 2020

Libre, rebelde, indómita, fascinante, a contracorriente, la pintora surrealista mexicana, de origen inglés, Leonora Carrington   (1917-2011) fue una de las pioneras en romper techos y paredes para hacerse un hueco en un mundo machista y en medio de una educación represiva. Murió en México el 25 de mayo, hace ahora nueve años. 

De vida apasionante e intensa,  Carrington nació el 6 de abril en Lancashire (Reino Unido), pero tuvo en México -donde se nacionalizó y vivió desde 1942 hasta el final de sus días- «la posibilidad y el tiempo para reconstruir esa parte tan destrozada de su persona» que dejó la Segunda Guerra Mundial, según explicaba en una entrevista con Efe Gabriel Weisz, presidente de la Fundación Leonora Carrington e hijo de la gran pintora.

Rebeldía

Carrington se describió «como un viejo topo que nada en los cementerios -y dijo- me doy cuenta de que siempre he estado ciega. Busco conocer la muerte para tener menos miedo. Busco vaciar las imágenes que me han cegado». Empezó a experimentar con la pintura desde muy joven, en un periodo en el que ya luchaba «por no dejarse aplastar por todas esas convenciones de un mundo masculino» y, a su vez, buscaba «algo que tuviera que ver con una rebeldía interior», comentaba  Weisz.

De Carrington dijo el Nobel mexicano Octavio Paz que era «un personaje delirante, maravilloso», «un poema que camina, que sonríe, que de repente abre una sombrilla que se convierte en un pájaro que se convierte después en pescado y desaparece».

También la escritora mexicana Elena Poniatowska, que tiene un libro dedicado a la pintora, «Leonora,» (Planeta),  considera que Carrington fue una figura «tan grande» como la de la propia Frida Kahlo.

«Creo que es cada vez más fuerte y que va a ser más fuerte a medida que pase el tiempo. Es, de veras, tan única como lo fue Frida Kahlo en su época, nada más que ella no quiso hacerse pública», decía la escritora y premio Cervantes.

Creadora de un mundo mágico y mitológico

Grabadora, pintora y escultora, Carrington también trabajó en la escenografía teatral y fue escritora. Creadora de un mundo místico, mágico y onírico,  poblado de mitología, parecido al de la artista española Remedios Varo (1908-1963), exiliada en México, gran amiga suya y alma gemela. Carrington  escapó muy joven de la tutela de sus padres, interesada en una vida artística que cultivaría en la Chelsea School of Arts y en la Academia Ozenfant, ambas en Londres.

Pasó por varias escuelas regentadas por religiosas, pero no encajó en ninguna por su espíritu inconformista, que la acompañaría y cultivaría toda la vida.

En la capital inglesa conoció al pintor surrealista Max Ernst (1891-1976), con el que viajó a París, donde congenió con artistas como Salvador Dalí, Marcel Duchamp, André Breton y Pablo Picasso.

En 1940 Carrington llegó a la España, donde, en medio de una enorme tensión, sufrió una crisis nerviosa y, por orden de su familia, fue ingresada en un manicomio en Santander, hasta que pudo escapar a Lisboa. Fruto de ese periodo es el estremecedor libro que escribió contando su experiencia «Memorias de abajo».

En la capital lusa conoció al poeta y diplomático mexicano Renato Leduc, con quien se casó y quien la ayudaría a huir a Nueva York, ciudad en la que se reencontraría con su ex amante Ernst y con la mecenas Peggy Guggenheim. En 1942, con Leduc, llegó a México, aunque se separaría de él un año más tarde.

«Enfrentábamos nuestra situación de mujeres con mucho cabrón trabajo»

«Enfrentábamos nuestra situación de mujeres (junto a Remedios Varo y Alice Rahon) con mucho cabrón trabajo. ¿De qué otra manera lo puedo decir? Era sobre todo el trabajo de no mentirse a una misma para tener un poco de más paz. De no aceptar chistes desagradables sobre las mujeres que no aceptan los paternalismos ni que te dijeran ‘mejor ocúpate de tejer o de cuidar a tus hijitos’. Tampoco que te dieran palmaditas en la cabeza como diciendo ‘qué bien, mi chula.’ Breton tenia una visión tradicionalista de la mujer. Establecía límites a la realidad de seres mucho más ricos, complejos y profundos: las mujeres de  carne y hueso. Las veía como musas y yo no estaba de acuerdo«, escribía Leonora Carrington.