espacio público América Latina

Mujeres de diversos colectivos feministas durante una protesta en Ciudad de México. EFE/Sáshenka Gutiérrez

«Nosotras también habitamos la ciudad», una llamada a repensar el espacio público en América Latina

Cristina Bazán | Guayaquil - 16 noviembre, 2022

Las ciudades no se han diseñado en función de las necesidades de las mujeres ni de las personas LGBTI+, lo que provoca que vivan una serie de discriminaciones y violencias o que no puedan tener una vida plena.

Una situación que se agrava en países de América Latina, donde salir a la calle puede resultar más peligroso, dependiendo de la localidad, o donde transitar en el espacio público implica encontrarse con una serie de obstáculos que perpetúan las desigualdades.

«Nosotras también queremos sentirnos seguras, acuerpadas, que nuestras demandas realmente se escuchen y que las ciudades se diseñen y se planifiquen para todas y todes. Los planes urbanísticos se han venido diseñando bajo una visión heteronormada y patriarcal y queremos que se modifique porque nosotras también habitamos la ciudad», señala Rosie Bonilla, representante de la Red Mujer y Hábitat, una organización que trabaja en la promoción de los derechos de las mujeres y por una mayor equidad de género en el campo del hábitat, el territorio y la ciudad en la región.

El pedido de la Red no es nuevo, se ha empezado a hablar de este tema desde hace varios años, aunque ha tomado fuerza con la llegada de la pandemia, que puso en evidencia la falta de servicios básicos y públicos cercanos y hasta de zonas de recreación para ellas dentro de los barrios. Sin embargo, poco se ha hecho para remediar la situación.

Para que esto cambie, asegura Bonilla, es fundamental que los gobiernos locales hagan parte de sus análisis urbanísticos y de políticas públicas a las mujeres y personas LGBTI+, pues solo ellas pueden narrar sus realidades y explicar «qué es lo que necesitan y les hace sentir seguras e inseguras».

«En Centroamérica, por ejemplo, la movilidad y la seguridad posiblemente sean de las principales demandas de las mujeres y juventudes. Hay que tomar en cuenta las demandas de las mujeres y de las personas sexo-género disidentes para crear en conjunto esos planes urbanistas. Para que cada ciudad se adapte a las necesidades de las poblaciones que habitan», agrega.

Repensar el espacio público en América Latina

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) también considera vital que se incluyan a las mujeres en la toma de decisiones sobre las ciudades.

En un reciente informe elaborado en conjunto con la organización dedicada al desarrollo sostenible Arup y la Universidad de Liverpool denominado «Ciudades vivas: Diseñar ciudades que funcionen para las mujeres» ha llamado alos gobiernos locales a incluirlas en el diseño y planificación de las ciudades para eliminar el sesgo de género de las áreas urbanas, pues esto genera un efecto negativo en la seguridad y el bienestar de las mujeres y las niñas.

Según ese mismo informe, las mujeres experimentan acoso sexual en espacios públicos y falta de acceso a instalaciones adecuadas, como aseos. Además, una pequeña parte (2-3 %) de los monumentos representan a mujeres y muy pocas ocupan carteras relacionadas con decisiones sobre el medio ambiente.

«Es urgente hacer cambios porque nosotras queremos vivir libres de violencia. Queremos estar en espacios públicos donde podamos ser alegres, llevar a nuestros hijos, vivir nuestra adultez, que nos identifiquemos con sus nombres. Y que sean respetados cada uno de nuestros derechos», afirma Rosie Bonilla.

La representante de la Red Mujer y Hábitat aclara que en el tema de la movilidad no solo se debe abordar el modo de transporte y las seguridades que debe brindar, sino también qué tan cerca de los barrios se instalan los servicios que las mujeres y personas LGBTI necesitan en su vida diaria.

«Si en las ciudades hay en escuelas cerca, unidades de salud, espacios de cuidado que son bastante importantes y además espacios de recreación. Porque a veces en los parques hay canchas pero siempre son habitadas por hombres», explica.

En Bogotá, Colombia, por ejemplo, la Alcaldía ha implementado un sistema distrital de cuidados, que opera por medio de «Manzanas del cuidado», «Buses del cuidado» «Cuidado casa a casa» y «Unidades operativas del cuidado», con el objetivo de que las mujeres y personas cuidadoras tengan tiempo para alcanzar su desarrollo personal, generar más ingresos, etc.

«El urbanismo con perspectiva de género considera la ciudad no solo como un territorio de producción y consumo, sino como un espacio de encuentro, que se enriquece con el intercambio y la creación de comunidad; y, a la vez, como un lugar de reproducción para la vida cotidiana en el ámbito comunitario, familiar, personal y laboral», aseguran desde la Red Mujer y Hábitat en un reciente informe.

Sensibilizar a los servidores públicos

La arquitecta feminista y travesti Morena Aguirre coincide con Bonilla, aunque cree que el primer paso para hablar de ciudades feministas que incluyan a la comunidad LGBTI+ en América Latina es sensibilizar a los servidores públicos.

«En materia de política pública urbanística, cuando se piensa en planes de ordenamiento territorial o planes urbanos, no necesariamente se necesitan grandes presupuestos o transformaciones materiales en el sentido de hacer una calle de alguna manera o que haya más o menos espacios públicos o ciertos equipamientos, sino que es un trabajo más del orden de lo simbólico. Programas de sensibilización que interpelen en los espacios públicos», explica.

Como ejemplo pone también el transporte público. «Hace poquito hubo todo un problema porque una compañera trans iba en un colectivo y la chofer le pidió que se bajara porque por la forma en la que estaba vestida, como mujer, podía generar inconvenientes al resto de pasajeros y pasajeras y además había niños. Salieron las pasajeras a defenderla y se terminó quedando, pero tuvo que ir a juicio y se consiguió que la empresa capacite a sus empleados», cuenta desde Argentina.

«Es verdad que nuestras presencias incomodan en el espacio público, pero tenemos derecho a usarlos, a estar ahí», agrega.

Y lo mismo sucede en instituciones públicas, cuando, especialmente las personas trans, deben ir a realizar algún trámite. «Hay que lograr que se haga carne, que se haga real, lo que está escrito en leyes, que en Argentina es hermoso».

Además, asegura que las personas que tienen la tarea de diseñar estas ciudades feministas deben ir a los barrios a hacer «una escucha activa con sensibilidad». «Yo pienso que tener la posibilidad de acceder a la mayor cantidad de bienes y servicios urbanos es algo que a lo que debiésemos poder llegar. Hay ciertas clases sociales que acceden una gran cantidad de bienes culturales, de servicios urbanos y mientras que otras simplemente se les garantiza salud, educación y listo. Lo básico».