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8M | Nelsa Curbelo (Ecuador), activista por la paz con las pandillas
La uruguaya Nelsa Curbelo lleva toda su vida trabajando por la paz. No recuerda exactamente el momento en el que todo inició, pero está segura de que resolver conflictos es la misión por la que llegó a este mundo hace más de 80 años. Sus padres le pusieron como segundo nombre "Libertad" y cuando era pequeña soñaba que estaba en una guerra a la que tenía que hacer frente como líder.
Llegó a Ecuador hace más de 30 años tras dejar en Francia una congregación religiosa a la que se unió pese a que su familia era atea. Tras un tiempo trabajando con los indígenas en una ciudad de la sierra ecuatoriana, una lesión en la columna la obligó a mudarse a Guayaquil, que ya registraba preocupantes índices de violencia por la pelea entre pandillas, y no se fue nunca más. "Ahí empezó una búsqueda personal que tuvo que ver con la construcción de paz y hacer camino juntos. Me metí en el trabajo con pandillas porque si yo quería la paz, y aquí se mataba a 29 jóvenes mínimo en enfrentamientos entre pandillas, de qué paz yo estaba hablando si la guerra la tenía ahí enfrente. Ese fue el origen de por qué me puse a conocer el mundo de las pandillas", rememora en una entrevista con Efeminista.
Nelsa Curbelo es una de las ocho constructoras de paz a las que Efeminista, con motivo del 8M, ha entrevistado en ocho países diferentes por su labor en la defensa de los derechos humanos en sus respectivos territorios, pese a la dura realidad que enfrentan cada día dentro y fuera de ellos.
Gracias al trabajo de Curbelo con las pandillas, en 2009 estos grupos dejaron las armas y se reinsertaron en la sociedad. Sin embargo, el crimen organizado vinculado al narcotráfico empezó a reclutar a jóvenes frente a los ojos de las autoridades y nadie, dice la activista, hizo nada para pararlo. Esa realidad ha convertido a Ecuador en uno de los países más violentos de América Latina. "Recuerdo que me reuní hasta con autoridades militares y con otras de alto nivel para explicarles lo que se venía, no falló uno solo de los pasos que nos dijeron que se iban a dar para que los carteles se instalen. Se dieron todos y lo sabían", dice la activista.
Entre 2021 y 2022 lideró la Comisión para el Diálogo Penitenciario y Pacificación del sistema carcelario de Ecuador y ahora trabaja en Esmeraldas, una de las zonas más abandonadas y conflictivas del país, con el objetivo de recuperar el tejido social que tanto necesita Ecuador.
El trabajo de Nelsa Curbelo
Pregunta (P): Todas las biografías que hay sobre usted aseguran que lleva más de 20 años trabajando por la paz, ¿cómo empezó todo este camino?
Respuesta (R): Toda mi vida he trabajado en lo mismo. Siempre soñaba con el tema de la paz cuando era pequeña. Era muy divertido porque soñaba que estaba en una guerra y yo me ponía al final porque no quería estar en la guerra adelante, pero resulta que atacaban por el final, por donde yo estaba y ahí había que hacer frente. Era un sueño recurrente, siempre era así. Entonces el tema de paliar conflictos me interesa mucho.
Cuando llegué a Ecuador empecé a trabajar con los indígenas, después vine a la costa y aquí empecé a trabajar a nivel de organización barrial y con el movimiento de la "no violencia", que después empecé a cuestionar porque no me gustaba llamarlo "no violencia". Porque si tú no inventas una palabra que signifique trabajar por la paz, quiere decir que todavía no tiene identidad propia y estás definiéndote negando la realidad.
Luego empecé a trabajar con los jóvenes de las pandillas y de ahí extendimos esa experiencia a adultos, a hacer barrios de paz en sectores populares de Guayaquil. Ahora estoy metida con Esmeraldas, que es una zona muy conflictiva y con ciertos sectores y ahí seguimos. Es un trabajo que va tomando diferentes formas, porque la realidad es muy cambiante. Tú no puedes aplicar una receta, no hay recetas.
P: ¿Y qué ha significado para usted construir paz?
R: Es un desafío que no se puede hacer desde afuera, hay que estar dentro, pero a la vez estando dentro también tienes que estar fuera. Es decir, hay que estar fuera sin involucrarte en el proceso que llevan los que están enfrentados. Pero te permite conocer las dinámicas, las razones de porqué que se dan los hechos, te permite comprender y te permite también encontrar la brecha por donde se puede entrar.
El desafío está en encontrar en este contexto algo que pueda quebrar el muro que está delante y nosotros lo rompimos. En el caso de las pandillas, ellos mismos se convirtieron en capacitadores de sus propios miembros y llegaron a acuerdos que bajaron la violencia.

La activista por la paz Nelsa Curbelo recibe a EFE en su casa de Guayaquil. EFE / Mauricio Torres
Trabajar por la paz siendo una mujer
P: ¿Qué ha significado este camino para usted como mujer en un mundo muy masculinizado como el de las pandillas?
R: Ha sido una escuela para mí. Recuerdo que alguna vez queríamos hacer una competencia entre varones y mujeres y los pusimos a vender yogures para ver quién lo hacía mejor y ellos se negaron. Dijeron que si las mujeres tenían cómo salir adelante no les iban a hacer caso nunca más y que ninguna mujer iba a trabajar en eso.
Por otro lado, la actitud de las mujeres era impresionante. Las mujeres de las pandillas servían a sus líderes como si fueran un dios. Primero les daban las mejores comidas y si sobraba algo comían ellas. Había una especie de sumisión al liderazgo masculino muy fuerte. Ya después hubo procesos que permitieron que salieran adelante por sí mismas, pero yo no puedo olvidarme la cara de susto de los varones al pensar que las mujeres pudieran manejar sus propios negocios.
En mi caso, yo no he percibido que por el hecho de ser mujer podía tener más o menos peligro, pero sí he descubierto que el hecho de ser mujer y mayor me abrió muchas puertas en el mundo de las pandillas, ¿por qué? Porque yo no era una persona con la que ellos iban a tener que pelear liderazgos. Yo soy la abuela, la mamá, la viejita del grupo, entonces yo no represento peligro. Quienes sí significaban un cierto peligro eran mis compañeros o mis compañeras jóvenes, a quienes los de las pandillas pretendían conquistar. En cambio yo era la que la que me podía sentar, conversar, ir a sus hogares, observar. Nadie me tomaba en cuenta y yo podía entrar donde los demás no entraban. Hasta ahora muchos de ellos me dicen mamá. Si yo hubiera sido como tú eso no ayudaba.
"Las mujeres en las pandillas están sometidas"
P: En medio de un conflicto interno, las mujeres suelen ser víctimas de diversas formas de violencia, especialmente la sexual. ¿Cuáles son las realidades específicas que enfrentan las mujeres en el trabajo que realiza?
R: En nuestro grupo el peligro más grande que había era que los pandilleros se enamoren de las compañeras. Lo vemos ahora en los grupos, por algo son líderes. Si tú te descuidas los votas para presidente del país… Cuando llegamos a esos lugares nosotros intentamos fijar reglas muy claras y si algo tienen esos grupos es que las reglas se respetan, que fue uno de los valores en los que nos apoyamos.
Quizás una de las cosas que hay que hacer es ayudarlos a pensar por sí mismos, no en función de un liderazgo que te ordena "haz esto, haz lo otro. Ponte aquí, ponte allá", que es el prototipo de la violencia. Porque hacen cualquier cosa si alguien les ordena que la hagan. En esos casos las mujeres pueden ser a veces más violentas que los varones porque son más sumisas. Cuando una persona se somete a la autoridad y alguien le ordena y le dice que haga, eso no pasa por el filtro de su propia voluntad, de comprender si está bien o está mal. Y las mujeres, y está demostrado en muchas experiencias, están sometidas, no tienen voz ni voto en esas organizaciones y obedecen sin miramientos.
Por eso diría que uno de los desafíos más importantes es que las mujeres aprendan a pensar por sí mismas y a juzgar por sí mismas.
"El liderazgo de las mujeres es cooperativo"
P: Las mujeres se han puesto a la cabeza de la búsqueda y construcción de la paz en muchos territorios inmersos en la violencia por muchos años, ¿cuál cree que es su aporte?
R: La mujer tiene mayor sensibilidad y empatía porque en el fondo no nos han acartonado sólo en la razón. Cuando tú sólo tienes a la razón y no integras el sentimiento y las emociones puedes llegar a lo peor. La empatía y la comprensión emocional son inteligencia emocional. Cuando tienes las dos puede ser que sea mucho más equilibrado y en eso las mujeres llevamos la delantera, pero si nuestra sumisión es muy fuerte podemos ser peores.
Quizás uno de los aportes más importantes de las mujeres es la capacidad de pensar y de hacer las cosas por nosotras mismas, en red, de tierra, de plantas que están en el suelo y que se extienden.
P: ¿Las mujeres están marcando algún tipo de diferencia en la construcción de la paz?
R: Sí, claramente. El liderazgo de la mujer es cooperativo. En los sectores populares, barriales y donde se organiza la sociedad civil funcionan en redes y lo hacen porque es normal... con el vecino, con la tienda, con el de aquí, con el de allá. Y eso es un estilo de liderazgo interesante porque eso ayuda a cambiar la mentalidad de una comunidad. Si un hombre intenta hacer algo solo todo se viene abajo, cuando es una mujer ella puede estar, pero si no está hay otras que la reemplazan.
La inteligencia emocional y la capacidad de gerenciar sus propios sentimientos y los de los demás nos ayudaría a resolver conflictos y ahí las mujeres somos expertas, mucho más que nuestros compañeros varones, porque nos lo enseñan desde pequeñas.
Las mujeres somos mucho más hábiles, tenemos muchas más herramientas incorporadas por práctica y si eso se pudiera poner en la comunidad junto con la cultura de respetar la legalidad muchas cosas serían mejores.

Nelsa Curbelo lleva toda su vida trabajando por la paz y más de 30 años en Guayaquil, Ecuador. EFE / Mauricio Torres
Reparar el tejido social, una tarea pendiente en Ecuador
P: ¿Cree que la participación de las mujeres en la resolución de conflictos ha cambiado en algo la realidad de en Ecuador? ¿Aplicar la perspectiva de género ayudaría a cambiarla?
R: Bueno, la situación está peor. No ha mejorado. Pero porque no existe reparación del tejido social. Esa es una tarea pendiente. Para reparar el tejido social se requiere gente especializada, gente que vea dónde está el problema, que no es solamente eliminar a unos, encerrar a los otros y nosotros somos los buenos. La justicia tiene que cambiar.
En el caso de las mujeres, no creo que el hecho de estar en un puesto es lo que garantiza que nuestra voz será oída, hay que cambiar las formas de hacer las cosas. Ahí está el trabajo, a mi manera de ver. No basta estar en un puesto, no basta ser presidenta del país, no basta ser presidenta de la Asamblea, no basta ser la jefa de los militares, ¿qué es lo que hay de diferente? ¿Qué aporte nuevo hay acá? Y si no lo hay, algo está fallando.
Y sobre la perspectiva diría que mirar con otros ojos siempre ayuda. Si las mujeres ven la realidad con ojos nuevos para cambiarla hay un aporte fundamental ahí. Nosotras estamos más llamadas a construir el mundo, construyes una vida dentro de ti, construyes el hogar, construyes muchas cosas a pesar de que los roles cambian, pero hay cosas que no cambian nunca. Entonces ese construir hogar, construir cariño, construir comprensión es muy de la mujer. En el trabajo, en la casa, en el colegio y ojalá que en la política. Esa es la parte que falta.